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“No se puede tener una mirada ingenua del mundo”, Diego Lerman

Una de las películas más premiadas del cine argentino este año llega a Colombia.

Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

15 de diciembre de 2015 - 02:52 p. m.
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Aunque este año en el plano internacional todos hablan de El clan de Pablo Trapero como la película más destacada, dentro de Argentina la película más laureada y aclamada fue Refugiado, de Diego Lerman. En los Premios Sur de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina, que se entregaron el pasado 24 de noviembre, el largometraje de Lerman se llevó cuatro de los cinco premios a los que estaba nominado, incluyendo mejor película, director, guion y montaje. Fiel al espíritu, sensibilidad y mirada a los dramas urbanos que comparten filmes recientes del cine argentino, Lerman construyó una película poderosamente contada, conmovedora, sutil y a la vez punzante sobre la violencia intrafamiliar y el maltrato a la mujer.

Apoyada sobre las contundentes actuaciones de Julieta Díaz y el pequeño de ocho años Sebastián Molinaro (nominado en los Premio Sur como Mejor actor revelación), la historia cuenta el tenso panorama que una madre y su hijo deben atravesar luego de que ella es golpeada brutalmente por su marido. Decidida a no volver a su hogar, pero acechada por un agresor que es a la vez el amor de su vida, Laura busca un nuevo rumbo. Lerman logra construir una asfixiante atmósfera gracias a un magistral uso de los recursos cinematográficos, pero a la vez dibuja un precioso y visceral relato de la relación entre un hijo y su madre. Sin efectismos ni lugares comunes, peligros inminentes a la hora de tratar este tipo de temas, Refugiado se desarrolla entre escenas de tensión inminente e íntimos pasajes de la lucha de una mujer por retomar su destino.

El cuarto largometraje del guionista, productor, director y dramaturgo de 39 años Diego Lerman se realizó en coproducción con la compañía colombiana Burning Blue (los mismos detrás de La tierra y la sombra). El año pasado fue seleccionada para hacer parte de la Quincena de Realizadores, sección paralela al Festival de Cannes que reúne un cine con una mirada de avanzada y que desde su nacimiento fue diseñada como una muestra de directores para directores. Lerman ha sido un apadrinado de esta “escuela” cinematográfica, pues en el 2002 fue el ganador de una residencia artística. Hablamos con Lerman a propósito del estreno de Refugiado en salas de cine del país.

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Cuando una película trata conflictos sociales o, en el caso de “Refugiado”, violencia de género, la discusión cinematográfica cede su paso a un debate social en el que el cineasta a veces se vuelve vocero de un problema. ¿El cine debe prestarse a conversaciones sociales más activistas?

A la hora de hacer una película, la que sea, un realizador siempre está asumiendo una postura frente al mundo que lo rodea. Esa postura puede ser consciente o inconsciente, puede estructurar el discurso de la película o por el contrario estar omitido. Sería una estupidez pensar de manera inocente que una comedia romántica de Hollywood no encarna una postura, una visión frente al mundo. Me tocó de casualidad estar viajando en el año 1995 por los países excomunistas. Recuerdo llegar a Sofía, la capital de Bulgaria, y sentir que estaba en otro planeta. Acababan de abrirse al capitalismo. En ese entonces solamente tres empresas habían puesto el pie en ese país, había un hotel Sheraton (para quienes iban a hacer negocio), un McDonald’s (ejemplo por excelencia de la producción y consumo capitalista) y una cadena de cines con películas de Hollywood (para que la gente común de Bulgaria viese lo que es el capitalismo). Nada es inocente, no se puede tener una mirada ingenua sobre el mundo. Yo creo que cada realizador frente a la realización de una película asume una postura ética y artística.

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El cine argentino se ha caracterizado por contar historias urbanas de gran carga dramática; problemas inherentes a la sociedad moderna como violencia intrafamiliar, desigualdades sociales, inmigración, etc. ¿A qué cree que se deba eso?

El cine argentino es bastante amplio, sí es cierto que una parte de él se ha focalizado en esto que mencionás. No siento que el cine pueda cambiar el mundo, pero sí creo que el cine puede influir de manera decisiva en el punto de vista de las personas… y las personas, la gente de carne y hueso, estoy convencido de que pueden cambiar al mundo.

La secuencia en la que Laura, la protagonista, vuelve a casa por algo de ropa para ella y su hijo a escondidas de su esposo, genera una sensación de angustia similar a la que producen los filmes de terror…

Me gusta pensar la película como una película de género. Más que de terror, yo diría de suspenso. Esa secuencia responde a las reglas del género y ante el peligro inminente, el salvataje a último minuto. Refugiado de alguna manera es una road movie doméstica con elementos de thriller… No usé referentes concretos, pero sí puedo decir que tanto Ladrón de bicicletas, de De Sicca, como Crónica de un niño solo, de Favio, son películas que volví a ver mientras escribía el guion.

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Sus películas han tenido aceptación y figuración en el Festival de Cannes, donde además fue seleccionado para hacer una residencia. ¿Qué tanto ha influido este certamen en su sello cinematográfico?

Cannes me ha ayudado bastante a difundir mis trabajos. También la selección para la Residence en el año 2002 fue muy importante para mí, ya que venía de hacer mi primer película, Tan de repente, con mucho esfuerzo. A partir de la beca de Cannes pude dedicarme exclusivamente a trabajar en el guion de mi siguiente película por seis meses sin tener que preocuparme de trabajar en otra cosa para sobrevivir. Otros festivales que me han apoyado mucho, sobre todo en el comienzo de mi carrera, fueron Locarno y Rotterdam.

¿Cree que existe algo que se pueda denominar como “sello Cannes”?

Cada vez es más difícil comercializar las películas a nivel internacional. Cannes es un lugar único para mostrarlas e intentar tener la atención de distribuidores internacionales, de la crítica y de los programadores de otros festivales. He visto películas geniales en Cannes y películas que me resultaron irritantes o inclusive enormes bodrios. No creo que el hecho de que haya sido seleccionada quiera decir demasiado más que a Edouard Waitrop y al comité de la Quincena les ha gustado mucho.

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Por Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

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