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Nona Fernández: “No podemos seguir pensando que lo que sigue es el horror”

La autora chilena estuvo en la Feria del Libro de Bogotá con dos libros. “Marciano” (Penguin Random House) y también con “¿Cómo recordar la sed?” (Laguna). Hablamos con ella sobre este último, que es un ensayo sobre el 11 de septiembre de 1973.

Andrés Osorio Guillott

30 de abril de 2026 - 06:00 a. m.
Nona Fernández, escritora chilena.
Foto: EFE - Penguin Editorial
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En 74 páginas, con sus palabras, reflexiones, preguntas e imágenes, Nona Fernández volvió al 11 de septiembre de 1973, día de la toma del Palacio de la Moneda y del golpe militar que derivaría en la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. “¿Cómo recordar la sed?” (Laguna) es el libro que contiene lo mencionado y que originalmente fue un discurso que la escritora chilena dio en la Feria del Libro de Buenos Aires, cuando fue invitada para conmemorar los 50 años de aquel suceso que marcó la historia de su país.

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Pasa en ocasiones que surge una especie de tedio cuando se vuelve una y otra vez sobre los mismos hechos. ¿A usted como autora a veces le despierta cansancio volver sobre lo que ocurrió?

Yo creo que sí pasa. No todo el mundo, pero evidentemente incluso una como autora también tiene esa alerta puesta. No porque no sea necesario ni porque hayamos salido socialmente del tema de la dictadura.

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Seguimos tremendamente ancladas, que es una lástima. Creo que eso es lo más agotador de todo. Ahora tenemos un presidente pinochetista, la Constitución en la que nosotros vivimos es la Constitución que nos dejó Pinochet. O sea, así de presente está la dictadura chilena en nuestro día a día. Y eso es probablemente más agotador que escribir un libro sobre esto. Pero para mí, que me interesa el tema, y que me interesa la memoria histórica, y sobre todo el futuro y el presente, la investigación sobre esto —porque no está todo dicho— siempre ha sido algo que me apasiona; que me obsesiona. Y el gran tema para mí siempre ha sido cómo seguir conversando sobre esto, buscando nuevas formas. Y formas que tengan que ver con el presente, para seducir, para que entre más gente a pensar esto.

¿Qué significa que sigan regidos por esa Constitución?

Es el horror. Es simbólico. Ha sido parchada, pero sigue siendo la Constitución de Pinochet. Un país democrático requiere una Constitución democrática. Pero no hemos llegado a un acuerdo social sobre qué queremos como carta de navegación.

Le voy a hacer un par de preguntas que aparecen en el libro: ¿se puede elegir el final de la historia? ¿Cómo sabemos que terminó ese o todos los relatos sobre la historia, en este caso, del golpe militar?

Creo que la historia, la gran historia, la Historia con mayúsculas, tiene un hilván secreto y misterioso que va uniendo la ficción del tiempo que nosotros tenemos.

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No creo que nada comience ni nada termine. Esto es una gran espiral en la cual todo está ligado. Si pensamos cuándo comienza la historia de la dictadura chilena, probablemente no comienza el 11. Quizás sí, quizás no. ¿Terminó con la llegada de la democracia? Yo digo: no, no ha terminado. Insisto, no ha terminado. Tenemos un presidente pinochetista en La Moneda. ¿Cuándo va a terminar? No sé, no tengo idea. Creo que lo importante es no clausurar, no decir que se acabó. “La dictadura se acabó en el año 90 cuando llegó la democracia”. No es verdad. Eso es lo que intenta el libro: seguir preguntándonos, seguir inquietos.

Dice usted en el texto: “caí ingenuamente en cuenta de cuánta memoria nos habían robado”. ¿En qué sentido se han robado la memoria en Chile?

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Es parte de este lugar común de que la historia la escriben los vencedores. Cuando la historia la escriben los vencedores, hay una parte que queda invisibilizada, secuestrada. En la escritura del libro empecé a encontrarme con imágenes muy obvias —la llegada de Allende a La Moneda, entrevistas de Neruda con García Márquez— que yo nunca había visto. ¿Cómo es posible? Son imágenes que fueron secuestradas. Y eso te hace darte cuenta de cómo se teje la realidad. El poder siempre trabaja por esconder un trozo de realidad, por manipularla.

¿Dónde se ubica lo que no pasó o lo que no sabemos que pasó?

No tengo claridad de las respuestas. Cuando la gran historia cuenta, sabemos que hay cosas que no están. ¿Dónde están? Hay relatos que no tenemos ni idea de ellos, ni siquiera los echamos en falta. Y eso es parte de la trampa de la historia.

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¿Cómo se recuerda el miedo?

Para mí, el miedo tenía que ver con los helicópteros. El paso constante de helicópteros en la noche. Hasta hoy, cuando pasan helicópteros, el cuerpo reacciona. El miedo, para mí, es un helicóptero en medio de la noche.

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¿Por qué se pregunta por el deseo en medio de la historia del golpe?

La frase es de Chris Marker. El recuerdo tiene algo de inasible, imposible de poner en palabras. ¿Cómo recuerdas la sed? Sabemos qué es, pero no podemos explicarlo del todo. Lo mismo pasa con el deseo. Es algo muy personal.

¿Qué piensa de la llegada de Kast a la presidencia? Y, si la herida de la dictadura sigue abierta, ¿por qué lo eligieron?

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Porque mi país es un país conservador y porque más de la mitad de la población comulga con estos pensamientos. Chile siempre ha sido un país muy polarizado y con un sector conservador muy importante, que además es el que tiene la economía. Siempre ha sido así, 50 y 50. Esto es una elección democrática. Aquí nadie puede decir que está comprada o sucia. La gente votó por él. Ahora, aquí también se enredan cosas como las redes sociales, la tergiversación de la realidad, la mentira como estrategia política. El mundo está girando hacia allá. Chile no es el único.

¿Qué opina de ese retorno en varios países de América y el apoyo a líderes como Kast en Chile o Milei en Argentina?

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Es un momento complejo, difícil, es vergonzoso después de los dolores que cada uno de esos países hemos sufrido. En estos días leía sobre el funcionamiento del cerebro y cómo la gran función que tiene es la de vaticinar el futuro. Está en constante alerta para, según las condiciones, proyectar y reaccionar a un futuro. Yo creo que tenemos que ocuparnos de vaticinar un buen futuro. Es difícil, pero no podemos seguir pensando que lo que sigue es el horror. Lo que nos toca es disponer un pensamiento utópico, positivo, trabajar juntos, volver a lo colectivo. Y también pienso en la fiesta. No nos van a quitar las fiestas. Sigamos, apasionémonos, inventemos juntas un futuro que tenga que ver con la celebración y no con el horror. A veces no resulta, pero no podemos ser tan giles.

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