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Novelista de no ficción

El escritor y periodista, autor de   ‘Conversaciones con Woody Allen’ estuvo en Colombia en una reunión del PEN internacional y habló con El Espectador. Perfil de un cronista. 

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Sara Araújo
22 de mayo de 2008 - 08:50 p. m.
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Sus obras han sido una consecución de casualidades. Seguramente, si hubiera escogido cada uno de sus reportajes por gusto no se habría convertido en la persona que más sabe de Woody Allen, aunque con cierta humildad diga que hay mejores libros sobre el cineasta. Eric Lax es el autor, entre otros siete libros, de tres obras dedicadas a Allen, la última, una recopilación de 37 años de conversaciones con el director de Hanna y sus hermanas, La rosa púrpura del Cairo, Manhattan, Match Point  entre otras.

La casualidad inició con una entrevista muy desafortunada que le asignaron en 1971 cuando apenas empezaba en The New York Times. “Era joven e inexperto y me sentí tan nervioso de hablar con alguien que admiraba tanto, que sólo hice preguntas estúpidas”, con esto justifica que la entrevista estuviera llena de respuestas tan extensas como “sí” o “no”. Allen tenía 35 años, había rodado tres películas y dirigido dos obras de teatro suyas, ya era un personaje y la emoción de Lax le jugó una mala pasada.

No obstante, la vida fue generosa con él y le dio una segunda oportunidad. Durante el rodaje de  Play it again, Sam (traducida como Sueños de un seductor)  en San Diego, un carro de la productora casi lo atropella y así supo que Allen estaba en la ciudad. Entonces al joven periodista se le permitió sentarse en algún lugar del set de grabación con la condición de no abrir la boca ni estorbar. Fue en las horas de descanso cuando la verdadera personalidad de Allen, un artista organizado y metódico, muy distinto a su personaje en el cine, salió a flote y empezaron unos diálogos que se prolongarían durante casi cuatro décadas.

Estas tres obras y dos biografías más acerca de Humphrey Bogart y Paul Newman lo harían ver como el biógrafo de las figuras del cine. Sin embargo, Lax confiesa que su pasión son los temas científicos. Precisamente, dos de sus libros están centrados en argumentos médicos. Una vez más fue el azar el que lo llevó a escribir Vida y muerte en el 10 West, un documento que refleja cómo es la vida en el hospital donde se realizan trasplantes de médula para pacientes con leucemia. Llegó a hacer una historia para una revista y enseguida se dio cuenta de que este material seria valioso para hacer un libro.


“Estuve en el centro de tumores al menos un año, yo tenía algo que los médicos necesitaban: mi sangre O negativo con los anticuerpos necesarios para neonatos y enfermos de leucemia. Les pedí a cambio poder estar ahí y recibir respuestas a mis preguntas. Sabía que si era capaz de escribir en un lenguaje fácil toda la información médica y además captar la vida de los pacientes,   tendría la historia”, cuenta Lax una tarde bogotana en casa de la escritora y traductora Cecilia Balcázar.

Esa experiencia lo acercó de manera muy profunda no sólo a la ciencia sino a ese frágil borde entre la vida y la muerte. Mucho más que el mismo riesgo que lo llevó a Los Angeles: la posibilidad de padecer un tumor cerebral. Hoy dice con la tranquilidad de los años: “la historia del tumor ahora es simplemente un buen cuento, pero me llevó a Los Angeles hace 25 años y todavía vivo ahí”.

Con el buen olfato de quien encuentra en los hechos reales tanta fuerza como para dedicarse a plasmarlos en libros, Lax ha encontrado otras historias, gracias al azar y a una  perspectiva más profunda de los temas que ha cubierto como periodista. Detrás de cada publicación hay un accidente del destino, un hecho inesperado y la certeza de que “la realidad tiene más fuerza que la ficción. Por esto, lo  novelesco de mis historias es la estructura: tienen principio y fin y los personajes algo que resolver y que se resuelve al final de la historia. Pero soy escritor de no ficción”.

Con los años, los artículos para revistas como Vanity Fair, New York Times magazine y Los Angeles Times,  entre otros, se han hecho más escasos, porque entre sus libros y el trabajo en el PEN Internacional lo mantienen ocupado.

Sin embargo, su inicio fueron los periódicos cuando era apenas un muchacho a finales de los 60 y hacía parte de los cuerpos especiales de paz (Peace Corps). Entonces en una ocasión hizo un viaje a Turquía con un reportero del New Yorker y  este lo animó a que escribiera. Entonce llegó una oportunidad en The New York Times y su entrevista fracasada con Woody Allen.

Hoy,  casi cuatro décadas más tarde, tiene una larga relación con el director, varios libros publicados y una carrera como escritor que combina con su lucha por los derechos de los escritores. Eso lo trajo a Bogotá,  por segunda vez en su vida, y lo devolverá en septiembre de este año una vez más.

Por Sara Araújo

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