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Los sinsabores del verdadero policía no es la primera ni será el última de las novelas póstumas del escritor chileno Roberto Bolaño. Después de la reciente publicación de El Tercer Reich, la editorial Anagrama lanzó ayer una nueva obra de casi 300 páginas que desde ya inundan las librerías. Estas nuevas páginas del escritor salieron casi en su 50% de ese ordenador en donde tantas carpetas dejó y donde se consignaron Los detectives salvajes y 2666. El resto de la novela fue transcrita a máquina de escribir y contaba con correcciones y anotaciones a mano que había hecho el escritor en los márgenes.
La viuda de Bolaño, Carolina López, en una nota editorial al final del libro informa que esta es “una novela completa de 283 páginas, clasificada en siete carpetas, cinco de las cuales se encontraban en la mesa de trabajo del autor, junto con otros materiales relativos a 2666. Otras dos partes que componen la novela se descubrieron al organizar su legado”.
Cuando aparecieron los nombres de Amalfitano y Arcimboldi (esta vez escrito sin h), cuenta López, se creyó que estos escritos eran parte del material de 2666, pero tras ser leída y organizada, fue fácil darse cuenta de que era una novela completamente distinta, que era una unidad en sí misma que no necesitaba de la otra novela para ser entendida.
Bolaño trabajó de forma discontinua en Los sinsabores del verdadero policía desde los años 80 hasta su muerte, en 2003, y aunque al igual que 2666 esta es una novela inacabada, no es, como lo dice Juan Antonio Masoliver Ródenas en el prólogo, una novela incompleta. “Lo importante para su autor no ha sido completarla sino desarrollarla”, asegura Masoliver, quien describe esta obra como de “una escritura visionaria, onírica, delirante, fragmentaria y provisional que rompe con la realidad tal como se había entendido hasta el siglo XIX”.
Ya en una carta de 1995, el propio Bolaño esbozaba esta novela: “Desde hace años trabajo en una (novela) que se titula Los sinsabores del verdadero policía y que es ¡Mi Novela! El protagonista es un viudo, 50 años, profesor universitario, (con una) hija de 17, que se va a vivir a Santa Teresa, ciudad cercana a la frontera con los USA. Ochocientas mil páginas, un enredo demencial que no hay quien lo entienda”.
El personaje protagónico, Amalfitano, después de sobrellevar escándalos, de ser expulsado del Partido Comunista, de sufrir torturas durante el gobierno de Pinochet, llega a vivir exiliado a un pueblo perdido de México, Santa Teresa (Ciudad Juárez). En este lugar mítico y fronterizo habitan oscuras historias de mujeres asesinadas. También aparece Pancho Monje, hijo de la dinastía de las Expósito, y otro joven, Castillo, falsificador de las pinturas de Larry Rivers, quien las vende a ricos tejanos. En Santa Teresa, Amalfitano se encontrará con un mago, Arcimboldi, que es asimismo un escritor francés y cuya obra narrativa, minuciosamente descrita en uno de los capítulos, despliega la complejidad de otra asombrosa literatura.
El sida, el desencanto de la izquierda, un Barça-Madrid de baloncesto, una clasificación de poetas y un capítulo en el que un supuesto biopic (biografía cinematográfica) de Leopardi que sería interpretado por escritores como Vargas Llosa, Vila Matas, Josefina Aldecoa, Martín Gaite, Muñoz Molina, Cela, Juan Goytisolo o Marsé son algunos pasajes y escenas de esta obra caleidoscópica.
El editor de Anagrama, Jorge Herralde, señaló a varias agencias internacionales que “la lectura de la novela nos convence de que estamos ante una obra de una calidad literaria extraordinaria, es decir, del Bolaño en su mejor forma”, en donde ya aparece “el gran Bolaño de la madurez” y persiste “el joven poeta”.