El Magazín Cultural

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16 Sep 2016 - 2:18 a. m.

“Nunca me cansaré del color": Andrés Tovar

“Materialización del alma 2016” es una recopilación de más de 40 obras del artista colombiano, quien prepara su primera exposición individual para el público.

Lucety Carreño

Tovar en su casa taller, junto a sus obras “Amarizán”, un homenaje a Juan P. Tovar, y “Brotes de felicidad”. / Óscar Pérez - El Espectador
Tovar en su casa taller, junto a sus obras “Amarizán”, un homenaje a Juan P. Tovar, y “Brotes de felicidad”. / Óscar Pérez - El Espectador

Isabela y Andrés Tovar estaban sentados en la habitación. Ella tenía más o menos 7 años y él tenía 48. Fue una usual conversación entre padre e hija la que cambió el curso de la vida de Andrés Tovar.

Durante la conversación, él le preguntó a Isabela: “Hija, ¿tú qué quieres ser cuando seas grande?”. Ella le respondió que quería ser chef. Hasta ahí todo era normal, pero su hija le devolvió la pregunta y fue en ese momento que él quedó pensativo.

Anonadado, se hizo la pregunta: “¿Qué quiero ser cuando sea grande?”. Aunque ya era un diseñador gráfico, con una empresa y una vida organizada. No dudó en responderle a su hija un deseo que siempre había tenido: “Quiero ser artista”.

Sabía a lo que se iba a enfrentar: críticas, preguntas incómodas y personas incrédulas. Pero eso no le importó. Prefirió inclinarse por su deseo de libertad.

Entonces decidió dejar de lado los computadores y volver físico lo que durante años fue digital.

“El amor”, acrílico y pastel graso sobre madera.

Desde que era pequeño pintaba en una libreta y pensó que en el diseño gráfico iba a poder expresar lo que sentía. Pero con el paso del tiempo se sentía cansado del tedio y la monotonía.

Quería sentir la libertad, estar lejos de los trancones y el ruido de la ciudad, y se refugió en su casa taller, en su espacio, con su música y sus cuadros, para pintar y recopilar obras que tenía desde 1987.

La madera es su aliada en la búsqueda de lo novedoso. La trabaja, la corta, la voltea y la acomoda a su estilo. La paleta de colores vivos es su sello personal. Es tan innovador que no quiere que sus cuadros sean del formato regular, por eso les busca lo cóncavo, lo convexo con franjas, achurados, nudos, volúmenes, texturas, trazos y abstractos.

París lo lleva hasta en su firma. Le encantan los caballos producto de su crianza en fincas y su obra consentida es un caballo que hizo durante ocho años y que llamó Amarizán, en homenaje a su primo Juan P. Tovar, con el que creció.

“El título de cada cuadro es un reto, es un trabajo interesante”, cuenta Tovar. Las más de 40 obras están divididas en estilos, formatos y temas. Con nombres como Rasguño, Hashtag, Infinito carnavalero, Enredo, El amor, La pradera, Felicidad, Mi alma por dentro, Brotes de felicidad titula algunas de ellas.

“Paneles eléctricos”, acrílico sobre madera. /Página oficial de Andrés Tovar

Le encanta provocar en el espectador la sensación de no saber para dónde miran los cuadros y quiere que juegue con ellos, que los ubique como quiera. No le molesta que su firma quede de cabeza. Es empírico, aunque el diseño gráfico, sumado a la herencia artística familiar, especialmente de su madre, ha hecho que saque a través del arte todo lo que siente.

Desde los primeros días del mes de enero de 2015, Andrés Tovar se dedicó completamente al arte en su taller y dejó de lado las presiones. Pinta a la hora que quiere y desde el pasado 25 de agosto quiso mostrarles a sus familiares y amigos más cercanos su talento y su arte. Cuando van a ver las obras les hace un recorrido minucioso por su casa taller. Sus pinturas están ubicadas con un sentido y lo que más sobresale es el volumen, su firma y tanto color. “Trato de irme por una paleta supercolorida. El color es vida, es alegría. Nunca me cansaré del color; mi vida es color”, dice Tovar mientras va mostrando su innovador trabajo.

“Globo suelto”, de la colección “Ciudades”. 

Materialización del alma 2016 fue el nombre que le puso a su exposición, que parte de un deseo guardado durante años: “Quiero sacar lo que tengo por dentro. Siempre pintaba pero el computador no me permitía ser libre. El hecho de expresar cosas locas fue como sacar algo que tengo en el corazón, en el alma. Así me imagino que soy por dentro”. Lo cuenta mientras refleja con su mirada que está disfrutando lo que hace.

Analiza la perspectiva de la gente que ha visto sus cuadros en su casa, en sus redes sociales o en su página oficial para saber qué es lo que más les gusta y así formar una exposición con una sola temática para exponer su trabajo en una galería. Espera que su arte cruce fronteras.

Desde que les mostró a algunas personas lo que ha estado haciendo desde el 87 ha recibido comentarios positivos y felicitaciones por arriesgarse. “Ojalá pueda vivir del arte, pero sí quiero que el arte viva de mí”, dice. Él está feliz disfrutando la vida desde el momento en que tuvo esa conversación con su hija.

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