El Magazín Cultural

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13 Feb 2022 - 7:47 p. m.

Oro Blanco (El cajón de Santaora)

La bailarina estaba a punto de caer. Su cuerpo, rígido, se sostenía en un perfecto arabesque: posición en la que la artista se para sobre una pierna, mientras la otra, elevada, se estira por detrás.

Julia Díaz Santa

En 2022 se cumplen 153 años de la primera vez que se presentó el ballet "Don Quixote", de Marius Petipa y Ludwing Minkus. / Julia Díaz Santa
En 2022 se cumplen 153 años de la primera vez que se presentó el ballet "Don Quixote", de Marius Petipa y Ludwing Minkus. / Julia Díaz Santa
Foto: Julia Díaz Santa

Es una pose que se repite de manera insistente en una de las variaciones de Kitri. Específicamente, la del tercer acto en el ballet Don Quixote. Ella, Kitri, es el personaje femenino protagónico en la obra coreográfica de Marius Petipa. Su variación inicial, la del primer acto, es mucho más rápida y llena de sobresaltos. Dura solo 47 segundos.

Ludwing Minkus, el compositor, así lo decidió. ¿Quién puede bailar esta variación por más de un minuto? Quizá pensó que, incluso, sería retador para la primera bailarina de la compañía del prestigioso coreógrafo que llevó a escena la pieza musical.

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En el estreno de la obra, 26 de diciembre de 1869, el teatro Bolshói de Moscú tenía aforo completo. En esos días las zapatillas de punta eran toda una novedad. María Taglioni, tres décadas atrás, en La Sílfide, fue la primera en realizar dicha hazaña. ¿Cómo se sostiene una bailarina en la punta de los pies? Siglos después, muchas personas sienten esa misma curiosidad.

Una bailarina de ballet debe ser liviana, a la vez que debe tener gran fortaleza física. Debe ser firme y al mismo tiempo material maleable. En el ballet las mujeres lucen potentes y seguras de sí mismas, al mismo tiempo que su delgadez simula vulnerabilidad, docilidad.

Se dice que no solamente el baile en puntas de pies, sino también el personaje de Kitri, la protagonista en la danza de Don Quixote, fue novedad en los ballets de la época. La línea argumental de la obra es la de Las bodas de Camacho, en la que el foco ilumina los amores de Kitri y el barbero Basilio. En este capítulo de la novela de Cervantes, Don Quijote y Sancho Panza se involucran en dicha trama romántica.

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El primer acto empieza con una fiesta en la plaza y termina con una terrible huida. El tabernero, padre de Kitri, desea que su hija se case con el noble Gamash. Pero ella desafía la voluntad del padre, y de todos, cuando escapa con su amado Basil. Por su parte, cuando Don Quijote ve a Kitri, cree que es Dulcinea, la dueña de su corazón.

Como vemos, en ese primer acto y en la obra, Kitri no representa a una mujer dócil. Todo lo contrario, es alguien capaz de ejecutar libremente sus propósitos, así estos no correspondan con algunos de los cánones sociales establecidos. ¿Cómo se sostiene una mujer en la punta de una cornisa? Siglos después, muchas personas sienten esa misma curiosidad.

En 1988, lejos del Moscú de los grandes ballets, había una mujer congelada en el arabesque, a punto de caer. Era Kitri, convertida en figura de porcelana dura, sobre la mesa central de una casa a las afueras de Cali. La niña, que veía la escena desde las escaleras, imaginó que corría hacia ella y lograba sostenerla en el último segundo, antes de que estallara contra el suelo.

La porcelana es el más duro de todos los productos cerámicos. Aunque tiene gran resistencia térmica, debido a su naturaleza vidriosa, se puede astillar más fácilmente. En sus orígenes, la porcelana era conocida como oro blanco, pues su producción estaba llena de secretos. No obstante, luego pasó a ser un objeto popular de decoración. En los años ochenta, en Cali, muchas casas tenían estas figuras de bailarinas, fabricadas en distintos tipos de porcelana, como centros de mesa.

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La niña, de cinco años, no sabía nada de esto. No tenía idea sobre las propiedades de la cerámica ni sobre una mujer llamada Kitri, tampoco sobre la historia de estos peculiares objetos que adornaban la casa. Su foco tampoco estaba en la mano del marido diminuto ni en la enérgica madre que luchaba por alejarse del arma. Su mirada permanecía anclada a la figura que estaba a punto de caer, en medio de la disputa. No cerró los ojos cuando la cerámica tocó el suelo. Mientras volaban los pedazos astillados de la bailarina, el cuerpo de la niña, sobre el penúltimo peldaño de las escaleras, se volvió rígido, blanco, frío. Sonó el disparo. La niña se convirtió en la nueva figura de porcelana.

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