Escribe Óscar Alarcón en su libro “Los segundos” que “la Vicepresidencia en los Estados Unidos ha sido un punto de inicio para llegar a la Presidencia de ese país. Por el contrario, la Designatura y ahora la Vicepresidencia en Colombia, ha sido para no llegar, con poquísimas excepciones”.
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Este párrafo resume un poco lo que podemos encontrar en esta coyuntura, pues, por un lado, pone en contraste cómo en la democracia estadounidense este papel ha servido en muchos casos para escalar en la organización del Estado, mientras que en el caso colombiano se ha convertido en varias ocasiones en un papel intrascendente, casi que decorativo.
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“Los padres fundadores de la Constitución norteamericana fueron quienes inventaron esa figura para garantizar un ejecutivo de término fijo —cuatro años— y que no se interrumpiera por muerte, renuncia o impedimento permanente. Pero el problema que se les planteó es ¿qué función le entregaban a ese funcionario? Llegaron a denominarlo ‘Su excelencia superflua’. Entonces optaron por darle la función de presidir el Senado y de votar en caso de que hubiera empate. La figura ha cumplido sus propósitos. En tantos años de la Constitución ha habido ocho casos de vicepresidentes que han asumido por muerte del titular, porque allá matan al presidente, pero no a los candidatos como sucede en Colombia. Y un caso, el de Richard Nixon, por renuncia. Además, el vicepresidente, que lo escoge el candidato cuando se lanza en la convención, es el candidato para sucederlo. Ejemplos, Nixon fue vicepresidente de Eisenhower; Bush, papá, lo de fue de Reagan; Biden, de Obama. A veces no ganan, como le pasó a Al Gore o Kamala Harris. En gran parte eso ha funcionado porque hay bipartidismo. En Colombia no, los designados, y recientemente los vicepresidentes, solo sirven para darles votos a los candidatos”.
También en el libro, en el relato de la historia, logramos entender que además de la figura de la Vicepresidencia, hubo una que incluso Alarcón se pregunta en su obra si no sería una posibilidad para volver a ella: la Designatura. “Desde comienzos de nuestra república, tuvimos vicepresidentes y solo a partir de 1853 comenzamos a hablar de designados, como suplentes presidenciales y creamos uno, dos y hasta tres designados. En 1909 desapareció la vicepresidencia y revivió en la Constitución de 1991 luego de un largo debate. Tanto los vicepresidentes como los designados se han prestado para conspirar. Cuando había designados los escogía el Congreso luego de una ‘señita’ del presidente para evitar esos golpes o conspiraciones. Recientemente eso no ha ocurrido, pero para garantizar la institucionalidad hay quienes añoran a los designados”.
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En este Gobierno, por ejemplo, se ha visto a Armando Benedetti con funciones presidenciales cuando Petro no está. ¿No debería ser en este caso la vicepresidenta Francia Márquez quien asuma este tipo de roles? ¿Qué opina de esto?
La figura del ministro delegatario resultó después de largos debates que se dieron cuando el presidente viajaba al exterior como mandatario, y se presentaba la situación insólita de que había un presidente fuera y otro en el país. El designado se posesionaba como presidente y pronunciaba un discurso más largo que el tiempo en que iba a estar encargado. Se optó entonces por la figura del ministro delegatario para que cumpla funciones domesticas mientras el presidente en el exterior se desempeña como jefe del Estado.
Hay familias que menciona en el libro: los Holguin, los Ospina, pero también en la lista de mandatarios se ven apellidos que se repiten. ¿Qué piensa de esa herencia del poder político en Colombia?
Ese es nuestro país. El de los delfines…
Hablemos de otra familia: los Santos. A Francisco Santos no le sirvió ser vicepresidente de Uribe, pero a Juan Manuel sí le sirvió ser ministro de éste para luego ser presidente…
Este es un país muy religioso. Hemos tenido varios santos de presidente: Eduardo Santos, Juan Manuel Santos; de designado a Santos Acosta y a Santos Gutiérrez ; de vicepresidente a Francisco Santos, y esperemos cómo nos va en el Mundial de Fútbol con Santos Borré.
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Vayamos a los casos más recientes: empiezo preguntándole por el recientemente fallecido Germán Vargas Lleras. Usted dice que es el vicepresidente que más poder ha tenido. ¿A qué le atribuye usted que haya logrado lo que la mayoría no en este cargo?
Churchill aseguraba que la democracia era la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás. Lástima. A él no le tocó la presidencia, pero fue el mejor vicepresidente que hemos tenido. Y no conspiró.
¿Qué opina de las fórmulas vicepresidenciales de los candidatos actuales?
Hay mejores candidatos a la vicepresidencia que a la presidencia.
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