
Pablo Montoya nació en 1963 en Barrancabermeja y creció en Medellín. / Cortesía: Penguin Random House - Marcela Sánchez
“Armando salió para la casa de su mamá”, dice la abuela. Vivíamos aquí, en El Salado, y yo no quería dejarlo ir. El hombre con quien cohabitaba esa mujer era mala clase. Pero Armando insistió: “Abuela, necesito unos tenis y mi mamá me los va a regalar”. La anciana le dio los pasajes de ida y vuelta y el adolescente le prometió que pasaba por los tenis y se volvía. Más tarde, Armando llamó de un teléfono público. “Abuela”, dijo, “me quedo una semana por acá y el sábado hablamos”. Llegó el sábado, otros días llegaron y Armando no apareció. (
Por Pablo Montoya * / Especial para El Espectador
Conoce más