El Magazín Cultural

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30 Mar 2022 - 2:23 a. m.

Pablus Gallinazo, el cantante que siempre quiso ser escritor

La vida y obra del músico fue retratada en el documental “Pablus Gallinazo”, dirigido y escrito por Alberto Gómez Peña. El largometraje hizo parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Cartagena 2022.

Danelys Vega

En la imagen, a la izquierda “Pablus Gallinazo”, y a la derecha Tita Pulido. La cinta “Pablus Gallinazo” se adentró en el hogar que el cantante formó junto a su esposa.
En la imagen, a la izquierda “Pablus Gallinazo”, y a la derecha Tita Pulido. La cinta “Pablus Gallinazo” se adentró en el hogar que el cantante formó junto a su esposa.
Foto: Alberto Gómez Peña/cortesía

Nos llegó a Colombia en los años sesenta. Una herencia que adquirimos de tierras lejanas. Esta vez la voz no era europea sino norteamericana. El racismo y la brutalidad como excusa motivaron a Abel Meeropol a escribir un poema que más tarde se convirtió en una canción. En un himno para protestar en contra de los linchamientos a los que eran sometidos los negros en Estados Unidos. Escenas que eran casi que cotidianas desde 1877 y que no finalizaron en el siglo XX. Porque la “inspiración” le surgió a Meeropol gracias a una foto. Esa que daba cuenta de los acontecimientos del 7 de agosto de 1930 en Indiana, Estados Unidos. El día en que dos negros fueron linchados y colgados de un árbol. La vida y la muerte se fundieron en aquella planta. A raíz de aquello, Billie Holiday cantó en 1939 Strange Fruit: el surgimiento de la canción de protesta. De esa que dicen que Bob Dylan popularizó gracias a temas como Blowing in the wind, aunque él opine lo contrario. Y entonces la canción fue a parar a Latinoamérica. Algunos como Víctor Jara, Julieta Parra, Mercedes Sosa, Facundo Cabral, Silvio Rodríguez y Carlos Puebla empezaron a cantarla. Colombia también tuvo sus propios referentes de la mano de artistas como Ana y Jaime, y Pablus Gallinazo.

Pero Pablus Gallinazo no siempre existió, ese fue tan solo un invento de Gonzalo Navas. Porque el cantautor no quiso dejar espacio para las dudas y las confusiones que nunca faltan. Un amigo suyo ya llevaba su nombre, un tal Gonzalo Arango, el fundador del nadaísmo. Aquel movimiento que surgió en 1958 y que partió de la duda. Del inconformismo por la realidad social colombiana. Ese que creyó que el arte, la cultura y la literatura eran armas poderosas para combatir el orden establecido. Aquel que le apostó a la transformación a través del pensamiento. Ese que definió que su verdadero deber era con el progreso humano. Y entonces Navas, quien también perteneció a esta misma corriente, pensó que era mejor cambiarse el nombre. Escogió Pablus para ceñirse a la moda de aquella época, esa en la que todos querían ser Pablos. Ni siquiera el Navas sobrevivió porque fue reemplazado por el Gallinazo; el único animal que no estaba siendo empleado en la heráldica.

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