Mario Vargas Llosa despertó amores por su literatura y también algunos odios por sus posturas ideológicas. Más que plantear el viejo debate sobre la persona y la obra, en el caso del nobel peruano resulta difícil separar lo que hizo como escritor y lo que llegó a hacer también en el mundo de la política. Ahora bien, quizá no sea necesario separarlos, pues en ambos campos buscó reflejar la coherencia de sus ideas con la de sus acciones.
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A un par de días de cumplirse los 90 años de su natalicio, y a unas cuantas semanas de conmemorar el primer año de su fallecimiento, recordamos en este especial los dos mundos en los que se movió.
En este primer texto, abordaremos la biografía política de Vargas Llosa, su otra gran pasión, escrita por su amigo, coequipero y exviceministro de Justicia, exministro de Defensa y expresidente del Consejo de Ministros del Perú, Pedro Cateriano.
Para hablar de esa pasión de Vargas Llosa, habría que empezar por rastrear dónde nació, y aunque la respuesta puede ser muy extensa, diremos que la política merodeaba la vida del autor peruano desde su origen, especialmente por el lado de sus abuelos, tanto el materno como el paterno. En “El pez en el agua”, la autobiografía que escribió el nobel, cuenta en las primeras páginas que una de las obsesiones de Marcelino Vargas, su abuelo paterno, era la política. Algo le heredó a él, pues los hechos así lo demuestran. Y por el lado de su abuelo materno, Pedro Llosa, según contó Pedro Cateriano, es que empezó a conocer a los personajes “insignes” de Arequipa, su ciudad natal. Especialmente, en casa de su abuelo conoció a su tío José Luis Bustamante y Rivero, a quien su familia admiraba y quien fue en 1945 elegido como presidente de la República del Perú.
Tanto en la política como en la literatura hubo una figura que resultó determinante en su vida: la del padre. Vargas Llosa creyó por buena parte de su infancia que su papá estaba muerto, pues Dora Llosa, su mamá, así se lo quiso hacer creer. Sin embargo, a los 10 años logró conocer a su progenitor y terminó conviviendo con él en Piura. Cateriano cuenta en su libro que en ese tiempo “aprendió a sentir miedo a su autoridad. Supo lo que era el uso de la violencia contra él y también contra su querida madre”.
En diálogo para El Espectador, el político peruano dijo sobre este punto: “El padre creyó que la manera de disciplinarlo era matricularlo en el Colegio Militar Leoncio Prado. Y ello no ocurrió así. Fue el momento en donde Vargas Llosa se acercó con mayor intensidad a la lectura y a la literatura, que evidentemente fueron sus grandes profesores. En ese contexto, Vargas Llosa empezó a formar libremente su forma de pensar, a reiterar sus convicciones y a sostener lo más importante que le ocurrió en la vida: aprender a leer”.
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El rechazo tajante a los autoritarismos es, para Cateriano, uno de los rasgos más claros en la vida y obra de Vargas Llosa, pues no solo así lo manifestó cuando opinó y participó en política, sino que también lo plasmó en sus libros y algunos de sus personajes.
“Uno de los aspectos que yo destaco en él, que creo que es un mensaje suyo, es su condena a la dictadura como forma de gobierno: dictaduras de derecha, dictaduras de izquierda, dictaduras de civiles, dictaduras de militares. Y este mensaje acaso no ha sido cabalmente entendido, entre otras razones, no solo por la incultura democrática predominante en América Latina, sino porque hay partidos políticos de derecha antidemocráticos que defienden permanentemente a las dictaduras de derecha. Y hay partidos de izquierda antidemocráticos que defienden a las dictaduras de izquierda”, señaló Pedro Cateriano.
El trabajo intelectual y el reconocimiento llevó a Vargas Llosa a distintas partes del mundo a reconocer una y otra vez a países en conflicto, donde los excesos de poder causaban injusticias y violaciones a los derechos humanos. “Todo eso ha estado permanentemente descrito a través de su obra: ‘La ciudad y los perros’, ‘Conversación en La Catedral’ y ‘La fiesta del Chivo’, acaso su novela que describe mejor la manera brutal y bestial de cómo un dictador somete no solo a su pueblo, sino también a quienes lo rodean. También aparecen en su obra otros aspectos de la realidad latinoamericana: ‘La guerra del fin del mundo’ en Brasil o la experiencia guatemalteca. Es decir, fue una persona con un contacto muy cercano con la realidad latinoamericana. En realidad, Vargas Llosa se identifica como latinoamericano cuando va a París para cumplir su sueño de ser escritor”.
El mismo Vargas Llosa escribió en su autobiografía que eligió la política en su momento por una razón moral. “Las circunstancias me pusieron en una situación de liderazgo en un momento crítico de la vida de mi país. Porque me pareció que se presentaba la oportunidad de hacer, con el apoyo de una mayoría, las reformas liberales que, desde comienzos de los años setenta, yo defendía en artículos y polémicas como necesarias para salvar al Perú”. Aquí hablamos de su candidatura presidencial en 1990 como líder de la coalición Frente Democrático, que incluía al Partido Popular Cristiano, Acción Popular y al Movimiento Libertad —este último fundado por él como una estrategia oficial de oposición a Alan García—.
Vargas Llosa estuvo cerca de ser presidente de Perú. En la primera vuelta obtuvo el primer lugar con un total de 2.171.957 votos, equivalentes al 32.61 % del conteo. En segundo lugar quedó Alberto Fujimori con 1.937.186 votos, para el 29.09 %. Sin embargo, para la segunda vuelta, Fujimori se quedaría con la presidencia al obtener 4.522.563 votos, equivalentes al 62.50 %. Vargas Llosa obtuvo finalmente 2.713.442 votos, que equivalían al 37.19 %.
De esta época Cateriano recordó: “Cuando uno se sienta con un candidato presidencial ve distintos perfiles: los apáticos, los comprometidos y también aquellos que dicen ‘voy a hacer de todo para lograr la presidencia’. Vargas Llosa no era así. En su lenguaje político planteaba hablar con la verdad. Y decir la verdad en política, en el Perú y en muchos países de América Latina, es muy difícil. En ese momento el Perú estaba devastado económicamente y había que aplicar un programa de ajuste, un ‘shock’. Si gastas más de lo que tienes, quiebras al país. La única manera de reconstruir la economía es cortar el gasto. Vargas Llosa perdió electoralmente diciendo la verdad, pero yo creo que no perdió políticamente. Porque fueron precisamente sus ideas económicas las que luego permitieron la reconstrucción económica del Perú”.
De la victoria de Fujimori, pero en especial del constante rechazo de Vargas Llosa al gobierno que instauró en los años que siguieron, el exministro peruano dijo: “Cuando Fujimori ganó, Vargas Llosa reconoció inmediatamente su victoria, lo felicitó y mantuvo un silencio prudencial porque era consciente del enorme desafío de reconstruir el país. Ese silencio se rompió cuando Fujimori dio el golpe del 5 de abril de 1992. Ahí Vargas Llosa actuó con valentía en defensa del orden democrático y constitucional. Durante toda la dictadura de Fujimori se desató una campaña contra él, diciendo que actuaba por resentimiento. Pero los hechos lo desmienten. Por ejemplo, pidió el voto por Alan García para frenar al fujimorismo, pese a que había sido su gran adversario político. Y también pidió el voto contra Pedro Castillo cuando consideró que la democracia estaba en riesgo. Cuando una democracia está bajo amenaza, uno no puede guardar silencio. Y en ese sentido el compromiso cívico de Vargas Llosa con el Perú fue permanente”.
Durante sus últimos años, el nobel peruano tuvo varios roces con la política latinoamericana, esto, en parte, por los giros que dio con los líderes de izquierda que surgieron. Frente a esto, Cateriano dijo: “La izquierda latinoamericana se burló de los pronósticos electorales de Vargas Llosa porque ganó López Obrador, ganó Petro, ganó Lula, ganó Boric. Pero en anteriores oportunidades acertó con Piñera, acertó con Lasso, acertó con Lacalle Pou. Esas aritméticas no se tienen en cuenta. Pero al final, el tiempo ¿a quién le dio la razón? El escandaloso fraude electoral de la dictadura de Venezuela se ha logrado concretar, digámoslo claramente, por una conducta cómplice de estos presidentes. La honrosa excepción ha sido el presidente Boric de Chile, que sí condenó el fraude. Entonces creo que al final el tiempo le dio la razón a Vargas Llosa. En el aspecto del pronóstico electoral perdió, pero en el análisis político ganó largamente”.
¿Qué opina usted de las críticas que recibió Vargas Llosa por ser más cercano a la derecha, a pesar de hablar siempre en defensa de la democracia?
Precisamente es este aspecto el que poco a poco lo va apartando de la Revolución cubana. Vargas Llosa aprecia, por ejemplo, cómo Fidel Castro ordena la detención de los homosexuales en las UMAP, estos campos de concentración. Condena la invasión soviética a Checoslovaquia como un acto brutal de opresión de una dictadura a un pueblo que él creía, en ese momento, estaba impulsando el socialismo en libertad, en el que él creía precisamente por la influencia de su pensamiento guía, Jean-Paul Sartre.
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Pero luego vienen otros hechos. Vargas Llosa discrepa públicamente de Fidel Castro por esta invasión en un contexto histórico donde ya se estaba construyendo el culto a la personalidad de Fidel. Pero también lo impacta, por ejemplo, cómo la dictadura comunista soviética persigue a los escritores. Eso era absolutamente contradictorio con su manera de pensar: la libertad de creación, la libertad de opinión, de pensamiento que todo escritor debía tener.
Luego ocurren algunas cosas que interiormente lo impactan. El crecimiento de Vargas Llosa en materia literaria fue impresionante y, por esa razón, crece su fama mediáticamente de manera exponencial. Y cuando obtiene el Premio Rómulo Gallegos, le sugieren que públicamente diga que el dinero del premio lo iba a donar a la revolución, pero que no se preocupara, que por lo bajo se lo iban a devolver. Entonces ya se cuestiona: ¿este es el sistema de justicia social por el cual estoy batallando?
Y finalmente viene el punto de quiebre, el rompimiento final con la Revolución cubana, que es cuando la dictadura oprime y somete al poeta cubano Heberto Padilla. Son precisamente estos actos violatorios de los derechos humanos los que le abren los ojos a Vargas Llosa. Yo hago una pregunta: ¿por qué genios literarios como Vargas Llosa y Octavio Paz constataron estas violaciones a los derechos humanos y otros no?
Vargas Llosa asumió el reto, por ejemplo, de impulsar la inauguración del Museo de la Memoria en Chile y fue recibido con agravios y pifias, porque la izquierda chilena creía que Vargas Llosa era pinochetista, y nunca lo fue. Vargas Llosa ha creído y ha defendido siempre la libertad como una unidad, porque la libertad es indivisible. Y a veces las campañas de manipulación y tergiversación caricaturizan las acciones de las personas.
Uno se pregunta, por ejemplo, qué necesidad tenía de ir a Venezuela en pleno apogeo de la dictadura de Hugo Chávez, someterse al maltrato, al vejamen, a los insultos de los medios de comunicación que controlaba el dictador.
Es más, entusiasmado, Hugo Chávez lo retó públicamente a un debate y Vargas Llosa no se corrió: aceptó ese debate. La única condición que puso fue que le dieran el mismo tiempo que iba a emplear Hugo Chávez. Seguramente Chávez no pensó que le aceptaría el reto, pero al final el que se terminó corriendo fue Hugo Chávez.
¿Por qué señalo esto? Porque esa acción de Vargas Llosa implicaba una solidaridad activa con el sector democrático venezolano que estaba enfrentando a la dictadura.
Por ahí a veces vuelve a rondar la teoría de que parte de la distancia entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez se debió a sus diferencias en la política. ¿Qué dice usted de esto?
Este libro está referido al tema político. Inclusive yo le comento a Mario: “Tú has dicho, Mario, que este incidente con García Márquez es tarea de tu biógrafo. Y esta es una biografía política, por lo tanto, no es mi tarea”. Eso es lo que voy a colocar en el libro y eso es lo que he puesto.
Ahora, en la recta final del libro publico una carta de Vargas Llosa a García Márquez, porque tiene contenido político, en el contexto de la invasión soviética a Checoslovaquia y de las diferentes maneras de observar la revolución y la reacción de los intelectuales. Lo que uno aprecia es que tuvieron no solo una cercanísima relación de amistad, sino también de admiración mutua.
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A veces se reiteran tantas cosas que terminan tergiversando la realidad. Por ejemplo, en el Perú se ha dicho mucho sobre su relación con José María Arguedas. Las cartas que publico en el libro desmienten totalmente lo que ha venido repitiendo la izquierda peruana durante décadas. Arguedas no solo era agradecido con Vargas Llosa, sino que admiraba su obra.
En el caso de García Márquez, cuento algunas anécdotas. Por ejemplo, en un momento en que el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru secuestraba empresarios en el Perú y los liberaban en estados físicos muy graves, Vargas Llosa le pidió a Carmen Balcells —la famosa agente literaria, la “mamá grande” del mundo latinoamericano— que intercediera con García Márquez para que, a su vez, él hablara con Fidel Castro y le pidiera al MRTA liberar a un empresario secuestrado. Y ello ocurrió.
Ahora, Vargas Llosa nunca mezcló lo político con lo literario. La genialidad de la obra literaria de García Márquez es incuestionable. Los críticos sostienen que Historia de un deicidio es acaso el juicio literario de mayor valor sobre Cien años de soledad. La política los apartó, pero la admiración literaria creo que no desapareció.
Dice usted que el activismo político de Vargas Llosa también es consecuencia de su cercanía y afecto por España. Hablemos entonces de esa influencia de España en su pensamiento político.
Vargas Llosa ha vivido mucho tiempo en España. Participó activamente en debates públicos y tenía también la nacionalidad española. La Constitución peruana permite la doble nacionalidad entre Perú y España.
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Él dijo, luego de su participación en política, que no iba a participar más en manifestaciones. Pero ante el avance del independentismo y el separatismo catalán, incumplió esa promesa y participó en un multitudinario mitin defendiendo la unidad de España.
Durante el boom latinoamericano vivió en Barcelona. Allí, con otros escritores, vivió un ambiente de gran libertad cultural incluso en medio de la dictadura de Franco: había intercambio cultural con Francia, circulación de libros y periódicos, y un ambiente de civilidad. Y si algo hay que destacar en Vargas Llosa es precisamente su capacidad para polemizar, para dar un mensaje y para ser intelectualmente honesto.
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