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Pedro Lemebel, el autor que puso en primer plano a los marginados

El periodista y escritor Oscar Contardo, autor de “Loca fuerte: retrato de Pedro Lemebel”, y el librero y literato Carlos Sosa conversan sobre el legado de un autor que convirtió la crónica en una forma de resistencia y que hoy sigue dialogando con nuevas generaciones de lectores.

Sebastián Sánchez Acosta

22 de julio de 2026 - 10:00 a. m.
Entre los títulos más destacados de Pedro Lemebel está "Serenata cafiola" y "Tengo miedo, torero".
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Nacido el 21 de noviembre de 1952 en Santiago de Chile. El cronista, novelista, artista visual y activista Pedro Lemebel construyó una obra que cruzó la literatura, la performance y el activismo político. Libros como Loco afán (1997), Adiós mariquita linda (2004) y Háblame de amores (2012), junto con las intervenciones de Las Yeguas del Apocalipsis, transformaron la manera de narrar las disidencias sexuales, la pobreza y el mestizaje desde una mirada latinoamericana.

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Tres décadas después de la publicación de sus primeras crónicas, el interés por su obra continúa creciendo. Nuevas ediciones, investigaciones, montajes teatrales y biografías. ¿Por qué sigue siendo tan relevante Lemebel?

Oscar Contardo ha dedicado buena parte de su trabajo periodístico a explorar la historia social y cultural de Chile. Libros como Siútico (2008), sobre el clasismo chileno, y Raro (2011), una historia de la homosexualidad en el país, antecedieron la publicación de Loca fuerte: retrato de Pedro Lemebel (2022), un libro que se aproxima a la figura del escritor desde la memoria, el periodismo y la observación.

“Yo lo conocí en el año 2000. Primero lo vi y después lo conocí más de cerca cuando lo entrevisté para un perfil que publiqué en Gatopardo, en 2006. Ahí empecé a tratarlo más directamente y luego volví a entrevistarlo para Raro: una historia gay de Chile”, contó.

Por su parte, Carlos Sosa, literato y librero colombiano, lleva más de quince años ejerciendo este oficio en proyectos como Tornamesa, Siglo, Garabato y Tango Discos y Libros. Para él, Lemebel ocupa un lugar central dentro de una tradición literaria que dialoga con autores como Oscar Wilde, Reinaldo Arenas o Pedro Almodóvar.

La creación de un vocabulario de resistencia

Cuando Lemebel escribió su manifiesto Hablo por mi diferencia y proclamó “Yo no pongo la otra mejilla, pongo el culo, compañero”, dejó claro que su escritura no buscaba acomodarse a los discursos dominantes.

Para Sosa, el lenguaje fue una de las grandes apuestas de Lemebel. “La loca es una de las mejores confecciones de Lemebel. Como una Barbie pobre le puso todo a punta de lenguaje: tacones, plumas, abrigos, sombreros amarillos y gafas de gata. El lenguaje en Lemebel es callejero, barroco, barrial; su función era arropar con dignidad a personajes que nunca protagonizan las novelas tradicionales”, dijo.

Contardo coincidió en que esa apuesta también se expresó en la manera en que Lemebel entendía las identidades: “Él tenía tanto un lenguaje como una forma muy peculiar de reivindicar a la comunidad. Ni siquiera hablaba de ‘comunidad’ o de ‘gay’. No se consideraba gay; se consideraba una ‘loca’. Tampoco se identificaba con el término ‘queer’. Su idea era mostrar que ese vocabulario era ajeno a la realidad latinoamericana y que nosotros teníamos nuestras propias formas de nombrarnos”.

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Esa operación literaria sigue siendo irrepetible. Para Contardo, su principal legado fue entender el arte como una herramienta para incomodar y cuestionar. “Desde el arte dejó una idea de resistencia y de valentía para hacerse preguntas. En términos literarios, revitalizó la crónica como género”, afirmó.

Sosa, por su parte, insistió en que la obra de Lemebel sigue siendo una invitación a mirar personajes que rara vez son protagonistas. “Con Lemebel siempre hay cuerpo, sin importar el medio en que aparezca. Cuerpo sudaca, cuerpo pobre, cuerpo indígena, cuerpo desaparecido, cuerpo digno”. Y concluyó: “Su escritura no funciona como una lección. Es un signo de su tiempo, una expresión desde abajo para los de abajo y un escupitajo para los de arriba”.

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Más allá de las etiquetas

Además de su obra, quienes lo conocieron recuerdan a un Lemebel que llevaba esa libertad a su vida cotidiana. “Si quedabas con él un lunes en la tarde para una entrevista, no tenías ninguna seguridad de que fuera a aparecer ese día, y tampoco te iba a dar ninguna excusa. No existían con él las formalidades habituales entre entrevistador y entrevistado. Era muy libre”, recordó Contardo.

Esa libertad, explicó Sosa, también fue una apuesta estética y política. “Pedro Lemebel abrazó su herencia mapuche, narró la herida de la dictadura y convirtió el cuerpo en una herramienta política. Mientras otros autores hablaban desde otros lugares, él escribió desde el barrio, desde la pobreza y desde la experiencia de las locas chilenas”.

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Según el librero, fue un estratega y un artista insistente. Además, detalló que “no se la pusieron fácil, pero fue una loca brava montada en sus tacos de aguja”.

Su impacto, producción literaria y la performance terminó trascendiendo cualquier categoría, de acuerdo al periodista chileno. “Si bien es una figura de las disidencias sexuales, representa mucho más. También es una forma de entender las relaciones de poder en Chile. Sus opiniones políticas sobrepasaban ampliamente el tema de la sexualidad”, enfatizó Contardo.

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A poco más de un año de conmemorar los 75 años de su nacimiento, Lemebel sigue siendo un autor que interpela a lectores de distintas generaciones no sólo porque escribió sobre las disidencias sexuales, sino porque abrió paso a una forma de disputar quiénes merecen ser nombrados y cómo hacerlo. Su obra permanece porque habla de cuerpos, barrios, desigualdades y afectos que siguen atravesando América Latina. Leerlo hoy no es un ejercicio de nostalgia, sino una invitación a entender cómo la literatura también puede desafiar las formas en que una sociedad mira a quienes históricamente dejó al margen.

Por Sebastián Sánchez Acosta

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