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Performance y caricatura

El problema es el de separar: el arte es una cosa aparte, remota, sagrada, solemne, que no toca la realidad. Pero resulta que no, el arte sólo exagera la realidad: una mujer que se convierte en caricatura de sí misma es tan artista como el caricaturista que la retrata, aunque ella no se dé por enterada.

Lucas Ospina*

21 de agosto de 2008 - 05:14 p. m.
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Es reciente que durante las transmisiones de los noticieros nocturnos aparezca, de lunes a viernes, una periodista de pie, de la cintura para arriba, repitiendo día a día el mismo show de “burlesque”. Ella es bonita mas no hermosa, luce una camisa ajustada, arremangada (trabajar, trabajar y trabajar), con un escote profundo que aumenta o disminuye según al aire trágico o festivo del balance noticioso. Las dama ostenta una cabellera dúctil, una cintura correcta, una sonrisita socarrona y displicente, y un ajuar de guiños cómplices.

Con efectos de luces y sonido comienza su performance, muestra su talento histriónico, hace el hechizo de representación con que se gana el pan… mira de frente a la cámara, sonríe, alza su mano y con sus deditos dice: ¡Uno!, ¡Dos!, ¡Tres! Y el televidente alelado se da cuenta de una verdad inobjetable: ¡la periodista sabe contar!

Su número trae de ñapa un set de noticias disfrazadas de secretos y chismorreos pañetados con el morbo de la confidencialidad; menciona cosas leves, vanas, la mayoría son tonterías vestidas como astucias, de vez en cuando dice algo grave, medido a cuentagotas, y veloz lo deja ir, al final todo queda nivelado, cae el telón de olvido, llega a su fin la hipnótica sesión; Dios mío, en tus manos “colocamos” este escándalo que ya pasó y el escándalo que llega, mañana será otro día y, como dice la canción, “tu amor es un periódico de ayer”; luego de esta transición, desaparecen las noticias odiosas, el noticiero sigue con las masacres futboleras y se despacha con noticias amables que conducen al vidente a la pantalla del ensueño, al distante paraíso de mermelada de la gente del espectáculo y la “cultura”.

Una revista semanal publicó una sátira a una entrevista televisiva que la periodista, todo pecho y corazón, le hizo al Primer Mandatario de la Patria. El arte satírico, que consiste en condenar a las personas con frutos de su propia cosecha, puso a nuestra heroína de la verdad en ridículo, pero ante el infame ataque del caricaturista ella debió sentirse orgullosa: su arte de caricaturizarse a sí misma, al periodismo, a la televisión, es muy superior. La vida supera al arte, con mucho.

Que siga la función…

* Profesor Universidad de los Andes.

Por Lucas Ospina*

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