Es reciente que durante las transmisiones de los noticieros nocturnos aparezca, de lunes a viernes, una periodista de pie, de la cintura para arriba, repitiendo día a día el mismo show de “burlesque”. Ella es bonita mas no hermosa, luce una camisa ajustada, arremangada (trabajar, trabajar y trabajar), con un escote profundo que aumenta o disminuye según al aire trágico o festivo del balance noticioso. Las dama ostenta una cabellera dúctil, una cintura correcta, una sonrisita socarrona y displicente, y un ajuar de guiños cómplices.
Con efectos de luces y sonido comienza su performance, muestra su talento histriónico, hace el hechizo de representación con que se gana el pan… mira de frente a la cámara, sonríe, alza su mano y con sus deditos dice: ¡Uno!, ¡Dos!, ¡Tres! Y el televidente alelado se da cuenta de una verdad inobjetable: ¡la periodista sabe contar!
Su número trae de ñapa un set de noticias disfrazadas de secretos y chismorreos pañetados con el morbo de la confidencialidad; menciona cosas leves, vanas, la mayoría son tonterías vestidas como astucias, de vez en cuando dice algo grave, medido a cuentagotas, y veloz lo deja ir, al final todo queda nivelado, cae el telón de olvido, llega a su fin la hipnótica sesión; Dios mío, en tus manos “colocamos” este escándalo que ya pasó y el escándalo que llega, mañana será otro día y, como dice la canción, “tu amor es un periódico de ayer”; luego de esta transición, desaparecen las noticias odiosas, el noticiero sigue con las masacres futboleras y se despacha con noticias amables que conducen al vidente a la pantalla del ensueño, al distante paraíso de mermelada de la gente del espectáculo y la “cultura”.
Una revista semanal publicó una sátira a una entrevista televisiva que la periodista, todo pecho y corazón, le hizo al Primer Mandatario de la Patria. El arte satírico, que consiste en condenar a las personas con frutos de su propia cosecha, puso a nuestra heroína de la verdad en ridículo, pero ante el infame ataque del caricaturista ella debió sentirse orgullosa: su arte de caricaturizarse a sí misma, al periodismo, a la televisión, es muy superior. La vida supera al arte, con mucho.
Que siga la función…
* Profesor Universidad de los Andes.