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Piano y voz, PRESUNTOS cómplices

La vocalista española Sole Giménez y el pianista cubano Iván “Melón” Lewis se encontraron en el jazz. A partir de la libertad del género se han encargado de reinventar canciones interpretadas una y otra vez.

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Juan Carlos Piedrahíta B.
09 de diciembre de 2015 - 02:00 a. m.
Iván “Melón” Lewis y Sole Giménez han llevado su concierto en formato íntimo por varios países. / Cortesía
Iván “Melón” Lewis y Sole Giménez han llevado su concierto en formato íntimo por varios países. / Cortesía
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El sistema educativo en Cuba es el único responsable de la existencia de un pianista llamado Iván Melón Lewis. A los siete años él sólo quería dedicar sus horas a multiplicar los golpes de percusión. Nada más existía en su cabeza pero por el reglamento de su país, la edad mínima para comenzar a explorar ese tipo de instrumentos lo superaba. Las únicas opciones concretas que tenía eran el violín y el piano.

Con las cuerdas, la pasión existía pero con ellas siempre había construido una relación un poco más lejana que intensa. A todo el mundo podía sonarle bien un solo en el violín... menos a él. Con el piano, la situación era distinta y la atmósfera proporcionada por las negras y las blancas conseguía atrapar su atención.

Algo indescifrable había en ese mueble negro que motivaba a Melón Lewis a aproximarse a él. Con el paso del tiempo y con el transcurrir de las horas de cátedra musical supo que la fascinación podía resumirse en que se trataba de un instrumento de percusión, como los que siempre había querido tocar.

“Cuando llegó el momento de las definiciones, comprendí que las cuerdas no van para nada conmigo y opté por las teclas”, simplifica el músico que después fue descubriendo las utilidades del instrumento al ver las destrezas oportunas de colegas como Chucho Valdés, Ignacio Jacinto Villa Fernández (Bola de Nieve), Ernán López-Nussa y Gonzalo Rubalcaba.

Con la asesoría directa e indirecta de ellos, Lewis estableció su propio camino y escogió el jazz como estilo ideal para desarrollar lo aprendido con los grandes maestros. Bach, Mozart, Beethoven y Debussy fueron su inspiración y, en realidad, quienes lo impulsaron a asumir la música como todos esos ires y venires que caracterizan la actividad artística y creativa.

“La academia no me ha quitado ni un gramo para la interpretación del jazz. Mis estudios tradicionales me han aportado capacidad de ejecución. La manera en la que creo que se debe tocar el piano implica mucho entrenamiento y la música clásica tiene eso implícito. Se debe cuidar el sonido y mantener un discurso agradable porque hacer música es como mantener una conversación. El adiestramiento y la combinación mente-dedos los aporta el estudio de la música clásica”, asegura Melón Lewis, quien también se ha adentrado en el oficio de la producción musical.

A este pianista cubano lo que más le atrae del jazz es su libertad de expresión y a través suyo logra establecer un canal cumunicativo entre el arte y el público. Para él, el género de las síncopas es uno de los más exigentes. Incluso, gracias a su sonido es que se interesó por la propuesta sonora de la banda española Presuntos Implicados. Por el jazz las cosas se alinearon y dos almas se encontraron en el arte después de muchas búsquedas. En este vehículo musical casi perfecto el pianista cubano y la cantante Sole Giménez se desplazan sin ataduras.

“Este formato surge de la inquietud de Sole Giménez y de mi deseo de hacer algo con ella. Intentamos darle un nuevo sentido, un nuevo color a las canciones que hizo famoso al grupo Presuntos Implicados. Al principio fue una iniciativa sin muchas pretensiones porque solamente nos juntábamos para cantar y punto, pero ahora ya llevamos un par de años girando en este formato y nos sentimos muy contentos con lo que hemos hecho”, cuenta el cubano que ya tiene dos discos en su haber: Travesía y Ayer y hoy.

El diálogo entre el piano y la voz es muy enriquecedor desde el punto de vista creativo. El formato de dúo obliga a multiplicarse en talento y disciplina. Con un piano y una voz, como únicos recursos, es necesario emplearse a fondo y ambos artistas han convertido la propuesta en un desafío interesante. En cada concierto, así sean las mismas canciones, no pueden hacer lo mismo y lo indispensable está en renovarse.

“El jazz es como una película. Comienza tranquilo, en algunos fragmentos parece que se pierde el hilo y al final la idea sigue latente. La narración, en el mejor de los casos, siempre muestra que la música ha tenido sentido y todo ha valido la pena. Eso es lo que nos pasa a Sole Giménez y a mí cuando nos unimos en este formato íntimo, en este diálogo intenso entre el piano y la voz”, dice Iván Melón Lewis, quien se presenta esta noche en Bogotá para hablar con el público a través de las negras y las blancas, el lenguaje que mejor domina.

Hoy, miércoles 9 de diciembre, 8:00 pm. Auditorio Old Mutual (Avenida 19 # 109 A – 30). Información y boletería en: 5936300 y www.tuboleta.com

Por Juan Carlos Piedrahíta B.

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