Hay una manía terca, llamada antropoformismo, de otorgarles a las cosas o a los animales atributos meramente de nuestra condición. Hace pocos días, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, con Juliana Gómez, ganadora del Premio de Novela Inédita del Ministerio de las Culturas 2025 por su libro “Nuestros dones”, nos preguntamos a partir de una frase de su obra sobre los objetos que más memoria tendrían en nuestros hogares. Con “La voz de las cosas”, el nuevo poemario de Piedad Bonnett, también ilustrado por ella, esa pregunta o esa idea de aquello que podrían contar los objetos que han acompañado nuestra vida también salta de esas páginas que contienen las voces de lo que nos rodea y de los que nos recuerda quiénes hemos sido.
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El libro guarda varios recuerdos de ella, que evoca desde ese gusto de su infancia por dibujar, hasta un cuaderno de dibujo que le había regalado a Daniel, su hijo, y que encontró entre sus pertenencias luego de su suicidio.
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“Descubrí el dibujo chiquitica. Descubrí que sabía dibujar y me enamoré del dibujo. Cuando tenía 11 años me regalaron una caja de Prismacolor, de esas que tienen 24, que ya me parecía el tesoro más preciado. Luego me agencié para una de 72 y luego me cogió la literatura, y el dibujo fue pasando a un segundo término. Pero quise estudiar bellas artes porque sabía que tenía la facilidad, como dicen las mamás. Pero ya estaba cooptada por la literatura y escogí literatura, y me despedí del dibujo. Este libro tiene un origen muy particular, y es que cuando Daniel murió, como dejó todas sus cosas de pintura, sus óleos, sus pasteles, todo eso, me encargué de ponerlo en manos de gente que aprovechara, porque eran cosas muy finas. Pero encontré un cuaderno muy grande, como de dibujo, que le había regalado. Y me dieron ganas de pintar. Me dieron ganas de dibujar. Como estaba en duelo, me convenía porque el dibujo permite, mientras tú lo estás haciendo, que tu mente divague”, dijo Piedad Bonnett en entrevista para este diario.
Vivir el duelo por medio del dibujo, confesó Bonnett, la reconcilió con este arte. Además de lo que crea con su imaginación y asombro, reconoció que le gusta comprar libros de este género. “Como un libro que me inspiró mucho, que se llama ‘Paranoica’, que es de Rey Naranjo. Me compro muchos libros de dibujo. Me fascina el dibujo. Entonces voy por las librerías, ya no tanto, pero tengo todos los libros de esta chica que dibuja. A mis nietas les compro, porque creo que habría querido ser ilustradora más que pintora. (…) Creo que me da más felicidad el dibujo que escribir poesía y que escribir novelas. Las novelas son una cosa muy esforzada. La poesía me da la mayor felicidad del mundo, pero es que el dibujo propicia una conexión con el cuerpo”.
Empecemos a hablar de los poemas. “¿Qué sembrar en lo hueco, allí donde la sombra es todo lo que crece?” ¿Qué sembraría en ellos?
Bueno, ahí estoy dibujando unos zapatos. Y claro, es el dibujo el que genera el poema, no es al contrario. Y el zapato que no tiene pie es lo hueco, ¿no? Y realmente un escritor todo el tiempo está sembrando lo hueco. El vacío lo llenamos con palabras.
“Aquí sigue la vida escurridiza detrás del ojo muerto de la cámara”. ¿Tiene que ver con que ahora todo el tiempo estamos precisamente detrás de un celular retratando y fotografiando la vida?
Siempre me ha interesado el mundo de la fotografía. Pero también eso que tú estás subrayando de cuánto nos perdemos hoy por estar pendientes de la fotografía. Y esa obsesión de lo que estamos comiendo lo estamos fotografiando. Pero fíjate que en eso hay una cosa muy bonita, que es una frase de un fotógrafo, que ya no me acuerdo cómo se llama, pero que tengo epígrafe en un poema, que dice: “Fotografiamos lo que no podemos poseer”. Entonces, cuando vas a un viaje, tú lo que quieres es apresar.
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“¿Qué es una biblioteca si no tiempo, ayer hecho presente, y el futuro es el libro donde no está tu nombre?”. ¿Cuál es la relación que tiene con una biblioteca?
Pues es que uno hace una biblioteca en el tiempo, ¿no? Entonces la biblioteca es un reflejo de esa manera como te has construido. Tú te vas construyendo libro a libro. Y hay un futuro que ya no tendrás, donde habría otro libro, pero ahí se truncó todo.
“A toda plenitud le sigue una caída”. Es un poco aterrador, ¿no?
Es el pensamiento mágico que siempre nos acompaña, ¿no es cierto? Que es: de esto tan bueno, algo horrible vendrá enseguida. Un pensamiento como cristiano, creo. Pero fíjate que me lo dio la imagen del trompo. Este trompo que baila y baila y baila maravilloso y de pronto empieza a dejar de bailar y se va yendo y ¡pum!, se acabó esa cosa maravillosa. Pues de ahí nace la imagen, porque toda plenitud está amenazada por la vejez, por la enfermedad, por la muerte.
Y un par de preguntas de “Los hombres de mi vida”. Hay un momento en el que habla de los domingos. ¿Por qué?
Siempre tuve una mala relación con los domingos. Me obsesionaba con los domingos, tal vez porque siempre me ha dado dificultad parar. Pero tienes que tener conciencia de que la vida tiene pausas. Siempre escribí de eso. Esta pausa que en algún poema digo es como una enorme… o como Dios bostezando.
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Pero aquí, como estoy hablando, “Los hombres de mi vida” es un título irónico. Es para romper esa cosa romántica de cuando decimos “que él fue el hombre de mi vida”. Estoy hablando más bien de los hombres que nos han atormentado o que nos duelen por alguna razón. En realidad quería hacer un libro sobre la violencia, la gran violencia masculina. Pero terminé haciendo este libro, que fue lo que se me dio.
Siempre tuve una mala relación con los domingos. Me obsesionaba con los domingos, tal vez porque siempre me ha dado dificultad parar. Pero tienes que tener conciencia de que la vida tiene pausas“.
Piedad Bonnett
Entonces aquí estoy hablando de los domingos como una circunstancia muchas veces opresora, porque es cuando la familia se junta, cuando están las fiestas familiares y se dan los encuentros duros, pero sobre todo la cuestión de la pareja desavenida. Ese del que hablo ahí no es mi padre, no es una cuestión biográfica, sino ese padre que violenta al hijo, ese marido que violenta a la esposa. Los domingos pueden ser una cárcel en una casa. Puede haber una violencia contenida, no explícita.
Hay un concepto que se repite: el asombro…
Si no fuera por el asombro no tendríamos creatividad. El asombro o nos causa indignación o nos causa un deseo de ir más allá, o de disfrutar de lo que nos ha asombrado. Pero también ahí estoy hablando de maltrato. Estoy hablando de: ya no me asombro de que esto pase. Tengo que afirmarme en mí para volar.
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