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A la cineasta venezolana Mariana Rondón le tomó muchos años decidirse a filmar su biografía. Tanto fue el tiempo que esperó para poner en rollos la historia de su infancia, que incluso logró filmar otro largometraje teniendo el guión de Postales de Leningrado completamente listo.
La tardanza no se debía más que a su temor por escoger el punto de vista desde el cual se narraría la historia de su vida. Finalmente, y siendo consciente de que nunca estaría completamente preparada para filmar su película, decidió poner en manos de una niña la narración de la cinta. Junto a su primo Teo, la pequeña narra las dificultades por las que pasan sus padres guerrilleros mientras intentan esconderla, pues es la primera niña en nacer el Día de la Madre, por lo cual se convierte en un hecho de conocimiento público. Cuando crece, sus padres siguen su camino sin ella y lo único que la mantiene al tanto de sus aventuras son las postales que recibe con frecuencia.
Y aunque Rondón es consciente de que utilizar a un niño como narrador en una película sobre guerra es un recurso bastante común en el cine latinoamericano (Voces Inocentes, México; Machuca, Chile; El año en que mis padres se fueron de vacaciones, Brasil), adjudica este hecho a la validez de los niños como único punto intermedio para relatar el conflicto.
El gusto y la pasión de la directora por las artes plásticas se reflejan en la estética del filme. Imágenes con trazos de colores (como la que se observa en la foto) acentúan la voz de la pequeña narradora.
La cinta se estrenó en Venezuela en 2007 y logró mantenerse 10 semanas en cartelera. “Los días de semana me sacaban de las salas, pero tenían que volver a programarme porque el fin de semana eran muchos los padres que llegaban a ver la película con sus hijos, pues querían mostrarles cómo era la situación del país en ese entonces”, cuenta Rondón. Postales de Leningrado compitió por un lugar en la cartelera del vecino país con 30 películas nacionales que se estrenaron en 2008.
La creación de La Villa del Cine, institución gubernamental que financia el 100% del presupuesto de las películas de carácter histórico, ha influido considerablemente en esta proliferación de cine venezolano.