La repetición de este proceso una generación tras otra provoca inevitablemente que las especies vayan cambiando y haciéndose más aptas para vivir en su particular entorno.
La principal predicción de la Teoría de la Evolución es que todos los seres vivos del planeta provenimos de ramificaciones sucesivas de una sola especie simple y primordial.
Los humanos compartimos con las ratas, los gusanos, los abetos y las bacterias tal cantidad de fundamentos genéticos y bioquímicos, que el origen común de la vida es uno de los hechos científicos mejor establecidos.
Darwin propuso una teoría gradual: ínfimos cambios acumulados generación tras generación durante millones de años. El registro fósil, sin embargo, presenta transiciones relativamente bruscas, según las escalas de los geólogos.