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Preceptos jurídicos: la culpa, Ernesto Sábato y “El túnel” ( La novela y el mundo)

El escritor argentino, nacido en Buenos Aires en 1911, además de pintor, físico y ensayista, se destacó por novelas como “El túnel”, en la que exploró diferentes temáticas morales, y que fue llevada al cine por primera vez en 1952.

Mónica Acebedo

25 de mayo de 2026 - 07:37 p. m.
Ernesto Sabato escribió las novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador.
Foto: ASSOCIATED PRESS - LESLIE MAZOCH
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“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona”.

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“El túnel” (1948), del argentino Ernesto Sábato (1911-2011), es una novela fundamental en la historia de las letras latinoamericanas, que además adopta las tendencias narratológicas existencialistas y psicológicas vigentes en la Europa del momento. El eje argumental de la novela es la confesión de un crimen, pero en realidad se trata del comportamiento obsesivo de un individuo abatido por la alienación y los vacíos interiores del sujeto moderno. El autor centra la narración en una voz única que confiesa y se autoinculpa. Pero la culpa en la novela tiene diferentes alcances: uno consecuencial, por la comisión de una conducta punitiva establecida en un ordenamiento jurídico; de otra parte, un sentimiento destructivo por la incapacidad de amar y de relacionarse con el mundo, y, por último, una insatisfacción por la incomprensión de su propio discurso ético y moral.

Juan Pablo Castel, el protagonista y narrador, es un pintor inseguro, desconfiado y solitario que conoce a María Iribarne en una exposición de su obra, cuando ella observa detenidamente uno de sus cuadros titulado “Maternidad”. En el cuadro aparece una mujer en una playa que mira el mar y que sugiere, dice él, “una soledad ansiosa y absoluta”, pero que ninguno de los asistentes parece notar, salvo ella. Él la mira mirar y se obsesiona. Pasan los meses, y un día la ve en la calle. Inician una relación compleja marcada por los celos, la incomunicación y el orgullo. Él está convencido de que María lo engaña, pero al mismo tiempo es incapaz de amar sin poseer y controlar. Termina por asesinar a María y luego confiesa no solo el crimen, sino la crisis existencial anterior al asesinato, un túnel moral que lo ha venido oprimiendo y alienando de la sociedad.

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La confesión de Castel no es una versión objetiva de los hechos, sino simplemente el relato de un hombre que, por un lado, se condena y, por otro, trata de justificar su conducta. En ese sentido, la culpa se convierte en un elemento ambiguo que no se remite a la comisión de un delito, sino a la prisión de la propia conciencia. Su discurso explica lo que hizo, matar a María, pero también nos da a entender que incluso antes de cometer el crimen el castigo ya se había manifestado en su mente turbada, celosa, sospechosa y con tendencia autodestructiva que no deja de indagarse: “¿Por qué esa manía de querer encontrar explicación a todos los actos de la vida?”.

Ahora bien, María no solo es la víctima de un homicidio, sino también funciona en la novela como la proyección de las carencias de Castel. Ella es inaccesible, al igual que las certezas vitales del narrador. Ella es para él un objeto (no sujeto) ambivalente: deseada, pero inalcanzable y temida, sobre todo temor a sus silencios: “María volvió a quedar callada. Me irritaba en ella que no solamente era contradictoria, sino que costaba un enorme esfuerzo sacarle una declaración cualquiera”.

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Dice el académico Rubén Funez: “En primer lugar, ¿qué significa un túnel? Digamos que se trata del modo como Castel ha decidido vivir su propia vida. Él está preso de su individualidad, y por eso no ve el panorama completo y se experimenta solo. Un tipo como Castel se mueve únicamente en lo que parecen las cosas, por eso vive angustiado, porque no tiene ninguna seguridad de que lo que parece sea. Nuestro personaje nos muestra en cada instante que solo a partir del análisis del lenguaje no se le aclaran las cosas, sino que más bien lo lleva a la locura”. Es decir, el protagonista y narrador tiene una sola forma de ver el mundo y la condición humana: es una forma ciega y recta plagada de incertidumbre que nadie puede resolver, ni siquiera él.

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Sábato era físico y ejerció como científico varios años. Sin embargo, luego de varias crisis existenciales decidió dedicarse a la literatura. “El túnel” fue su primera novela que tuvo éxito inmediato y fue aclamada por otros autores de corte existencialista como Albert Camus. Escribió otras novelas, como “Sobre héroes y tumbas” (1961) y “Abaddón el exterminador” (1974), así como varios ensayos que reflexionan sobre la crisis de la modernidad, el papel del intelectual y la función de la literatura en la sociedad. Posiblemente su carácter poliédrico que abarca la perspectiva de la ciencia, las letras, la filosofía y la sociología, junto a una tensión constante entre la razón y la irracionalidad, rezuma en la construcción de sus personajes, sobre todo esa necesidad que propende a la precisión, al punto de construir una mente tan obsesiva como la de Juan Pablo Castel.

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En suma, la culpa de Castel no tiene redención posible, no cabe el perdón, es un sentimiento ligado a la conciencia al lado de la culpa religiosa clásica. Él destruye lo que ama, trata de explicarlo y se hunde entre ese amor, posesión y necesidad de sentido. Entre más procura entender a María, mayor es su desasosiego interior y menos se entiende a sí mismo: “Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté”.

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Por Mónica Acebedo

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