“Sí, todos alguna vez hemos tenido jefes así, lo que pasa es que los aprendemos a querer”, es la consigna del actor Carlos Hurtado, quien le da vida a Ricardo Osorio en la nueva película colombiana El jefe. Su primer protagónico para cine, luego de más de 25 años en el medio, con el que —dice— ser premiado por los procesos que ya ha hecho.
Como si se tratara de un dictador, el personaje de Hurtado, gerente de recursos humanos, se desenvuelve a su antojo y repele a cada miembro de la fábrica de mermeladas donde trabaja. Sólo su asistente Elsy —encarnada por la actriz argentina Mirta Busnelli— es capaz de resistir sus manías y aceptar uno que otro desplante.
La primera película de Jaime Escallón es una comedia basada en el libro Recursos humanos, de Antonio García, quien tuvo la oportunidad de tener de mentor a Mario Vargas Llosa en su proceso de escritura como ganador del Premio Rolex. Junto con él, el cineasta trabajó durante cuatro años en el proyecto y supo, desde el inicio del casting, que el rol de Ángela sería para Katherine Porto. “Ricardo Osorio se enamora de la mejor amiga de su esposa, pero no podía ser una mujer fatal típica, era tan vampiresca como niña, ingenua y malvada a la vez, multiorgásmica, que miente a diestra y siniestra pero lo hace con una naturalidad que es hasta tierna. Eso era muy difícil de entender. Apareció Katherine Porto y logró llegar a ese punto”, señala el director.
El jefe esboza, con comicidad, cómo alguien, en su infinita maldad y deseo de amargarle la vida al otro para sentirse mejor consigo mismo, puede evadir su responsabilidad hasta el punto de esconderse en un baño con el fin de no firmar los papeles de un aumento. Tras su amargura, Ricardo Osorio se encuentra el hastío que le produce su hogar, los lloriqueos de su bebé o la insistencia de su esposa (Marcela Benjumea) para comprar un apartamento. Excusas que utiliza para refugiarse en otros asuntos más entretenidos y que lo atormentan en las noches con pesadillas.
Giros inesperados, humor negro y diálogos cotidianos con tintes incisivos se mezclan en una historia que involucra disparos, extorsiones y suspenso. Una mujer vestida de novia, quien luego de haber rechazado a un amor va tras él o varias venganzas de oficina son sólo algunas de las escenas que fueron grabadas en Bogotá y pretenden ilustrar la degradación de la clase media colombiana y el afán por alcanzar sus propósitos a toda costa.
Ricardo Osorio condensa en su comportamiento lo que uno obtiene por basarse en los instintos y dejar a un lado la consciencia. Carlos Hurtado, quien en un principio iba a representar otro personaje, hizo del papel un reto. “Lo bonito de él no es que sea totalmente malo o bueno. Es un pobre tipo, cochino, grasoso, como hemos tenido muchos jefes o como en algún momento somos nosotros”.