Tras pasar sus cuatro debates en el Congreso de la República, la ley de la música está apenas pendiente de la firma presidencial para convertirse en una realidad. Este proyecto, que siguió el espíritu de otras iniciativas culturales del país como la Ley del Cine (Ley 814 de 2003), busca fortalecer al sector de la música en Colombia a través del reconocimiento de su importancia para la cultura colombiana y la creación de mecanismos e incentivos que faciliten la producción y distribución de estos proyectos en el país.
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“Esto fue, en primer lugar, una iniciativa del representante a la Cámara por Bogotá, Juan Carlos Lozada. Él, que ya está en su tercer periodo en el Congreso, llevaba 12 años intentando sacar una ley de la música y no había sido posible. Cuando llegué yo, congeniamos porque compartimos un interés en los temas culturales y él me pidió que le ayudara a sacar esto adelante”, contó Daniel Carvalho, también representante y coautor de este proyecto de ley. Según explicó, había un vacío normativo en el país, pues no existía hasta el momento un articulado que reconociera, defendiera y promoviera al sector de la música. “Estábamos en mora como país de hacerlo”, apuntó.
Para ampliar esta información: La Ley de la Música será una realidad: fue aprobada en último debate en el Congreso
En 2024 estuvieron muy cerca de lograrlo, pero el proyecto se hundió por falta de discusión en su último debate y tuvieron que empezar de cero. Aun así, hoy la ley de la música cuenta con el aval del Congreso y busca inaugurar un nuevo momento para este sector en el país. No solo en términos de reconocimiento, sino sobre todo en términos de financiación, mecanismos de distribución, sostenibilidad y equidad en el sector.
Lo que cambia con la ley de la música
Según explicó el representante Carvalho, no querían “una ley que fuera un canto a la bandera, una declaración de intenciones bonitas, sino que tuviera un músculo financiero”. Bajo esa idea, uno de los puntos principales del proyecto fue la creación del Fondo Cuenta Especial del Sector de la Música, un instrumento financiero “para la administración, coordinación, articulación y ejecución de las diferentes fuentes de recursos para la ejecución de las políticas culturales relacionadas con el sector musical”, según se explica en el articulado. Este será un patrimonio autónomo adscrito al Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y que será administrado por el Consejo Nacional de Música.
Este consejo, compuesto no solo por artistas, sino también por productores, promotores y gestores culturales, no fue creado por esta ley, pero sí tuvo algunos cambios para mejorar su capacidad ejecutiva. “Ese Consejo de Música fortalecido y reforzado queremos convertirlo en una verdadera instancia de representación del sector musical. Hoy en día uno ve la fortaleza que tiene el sector de las artes escénicas en Colombia a nivel político, pero eso no pasa en el de la música, no por falta de calidad o de ideas, sino por falta de organización”, explicó Carvalho, además de aclarar que la articulación entre este organismo y el MinCulturas permitiría el impulso de muchos más proyectos creativos.
En ese sentido, también en el proyecto se incluyó una reforma al Sistema de Información de la Música (SIMUS), que monitorea todo lo que esté pasando con este sector a nivel nacional y que, según Carvalho, les ayudaría a tomar decisiones más informadas sobre cómo impulsarlo. “Hoy en día, infortunadamente, en la música y en muchos sectores culturales las decisiones se toman a ojo. Necesitamos mejor información para tomar decisiones correctas en materia de política pública” anotó el congresista.
Otro de los puntos clave del articulado tiene que ver con el reconocimiento de las Prácticas Musicales y Sonoras Comunitarias. Esta ley establece que estas manifestaciones culturales son parte fundamental de la identidad de los distintos territorios del país y, por lo tanto, se debe promover su protección, preservación y distribución. Puntualmente, el proyecto establece que todos los festivales financiados con recursos públicos —los “Al Parque”, por ejemplo— deben contar con al menos un 40 % de participación de artistas no masivos y de mujeres músicas.
Finalmente, el proyecto contempla otras medidas para fomentar la producción y circulación de proyectos musicales, como la exención del IVA para instrumentos, la regulación del transporte aéreo de instrumentos como equipaje especial, la creación de visas especiales para artistas y personal técnico del sector —que deberán ser definidas por el Ministerio de Relaciones Exteriores—, la imposición de sanciones contra la gestión fraudulenta y la obligación de revelar radiodifusiones patrocinadas, para garantizar “transparencia y legalidad en la industria”.
Aun así, el representante sabe que el trabajo no está terminado, pero lo considera un paso más hacia el fortalecimiento del sector cultural colombiano. “Hay que ser modestos y reconocer que con esta ley no podíamos abarcar absolutamente todo porque entonces no la hubiéramos sacado. Es apenas una semilla que se siembra y que esperamos que después siga siendo enriquecida”, concluyó el representante.
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Las opiniones de los artistas
Tras la aprobación de la ley de la música, varios artistas musicales publicaron mensajes de apoyo a la iniciativa pues veían en ella la oportunidad de superar algunos de los obstáculos con los que se habían enfrentado antes en su carrera. Juan Antonio Carulla, creador del medio independiente “El enemigo” y del proyecto musical Casi, por ejemplo, afirmó que esto articulaba mucho mejor cómo el Gobierno podía apoyar este sector. “Siempre han existido estímulos, becas y convocatorias para la música, pero que sea una ley me parece importantísimo porque reconoce el valor de la música hecha en Colombia y a los artistas como trabajadores de una industria que impulsa la economía y enriquece la cultura”, afirmó.
Además, para él uno de los puntos que más destacan del articulado tienen que ver con las regulaciones para las aerolíneas, pues una de las dificultades con las que constantemente se encuentran los músicos a la hora de viajar tiene que ver con el transporte de sus instrumentos, lo que se agrava según el tamaño de cada uno. “Girar por Colombia es muy duro porque moverse por tierra es difícil y mover los instrumentos no solo es caro, sino que se corre mucho el riesgo de que se dañen. Puede no sonar tan importante, pero es algo que ayuda mucho a la circulación de la música”, opinó.
El artista Lucio Feuillet estuvo de acuerdo con Carulla en este punto, pues él mismo ha vivido las dificultades de viajar con su grupo a varias regiones del país. “Yo hice una gira que se llamó ‘La ruta bien adentro’, con la que quería recorrer muchos territorios del país, y la movilidad siempre fue un reto. Mover los instrumentos, los equipos... todo eso era muy difícil, pero es que la gente tiene que entender que eso no implica incomodidad, sino que es bonito que alguien esté moviendo cultura”, afirmó. Pero, más allá de lo técnico, Feuillet concluyó que este tipo de leyes refuerzan el valor que se le da al arte hecho en nuestro país. “Este tipo de normativas ayudan a que nos volquemos mucho más a ver lo nuestro, a ver cómo funciona la música en los barrios, en las comunidades, en las periferias. Para mí, es una invitación a seguir narrándonos desde lo local para enamorarnos y abrazar más nuestro propio sonido”, concluyó.
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