La Real Academia Española (RAE) atraviesa un momento de tensión institucional marcado por desacuerdos públicos, reproches internos y un debate abierto sobre el rumbo de su política lingüística. El episodio más reciente se produjo tras la publicación de una columna de Arturo Pérez‑Reverte en el diario El Mundo, en la que el escritor cuestionó la actuación de la Academia en la defensa del español. El texto reactivó una controversia que tiene antecedentes directos en el enfrentamiento entre la RAE y el Instituto Cervantes ocurrido el año pasado.
El conflicto entre el Cervantes y la RAE se originó por diferencias en torno a la organización y la sede del próximo Congreso Internacional de la Lengua Española, previsto para 2028. Las dos instituciones mantuvieron posiciones distintas sobre el proceso de designación, lo que derivó en cruces de declaraciones y malestar institucional.
En ese episodio, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, expresó públicamente su desacuerdo con la Academia por la forma en que se estaba conduciendo la discusión, además de la profesión de Santiago Muñoz Machado, jurista, que desde 2018 preside la institución. Desde la RAE se defendió la autonomía de la institución y su papel histórico en la coordinación de este tipo de encuentros. La controversia, de acuerdo con EFE, empañó la imagen de unidad en la defensa del español y dejó en evidencia tensiones acumuladas entre ambas entidades.
Ese antecedente es clave para entender la reacción que provocó la reciente columna de Pérez‑Reverte. El escritor, académico desde 2003, publicó en El Mundo un texto crítico con la gestión actual de la RAE, en el que cuestionó la orientación de su política normativa y su respuesta frente a debates contemporáneos sobre el uso del lenguaje. La columna tuvo una amplia repercusión mediática y fue interpretada dentro de la Academia como un ataque directo a su dirección.
La dimensión del impacto fue analizada por El País, que informó que el artículo de Pérez‑Reverte fue percibido internamente como uno de los cuestionamientos más duros recibidos por la institución en los últimos años. De acuerdo con ese medio, el escritor acusó a la RAE de ceder ante presiones externas y de haber alterado el equilibrio tradicional entre filólogos y creadores literarios en la toma de decisiones. La publicación abrió un nuevo frente en un clima ya marcado por la fricción institucional.
El País también recordó que las diferencias entre la RAE y el Instituto Cervantes no son nuevas y que el episodio del año pasado evidenció una disputa de fondo sobre competencias, visibilidad pública y liderazgo en la política lingüística. En una reconstrucción de los hechos, el diario señaló que el cruce entre García Montero y Muñoz Machado puso sobre la mesa distintas concepciones acerca de cómo debe proyectarse internacionalmente el español y quién debe encabezar esa representación.
En este marco, la figura de Pérez‑Reverte adquiere un peso particular. Además de su trayectoria literaria, su condición de académico y su presencia habitual en el debate público amplificaron el alcance de su crítica.
Lo ocurrido el año pasado con el Instituto Cervantes y la actual polémica generada por la columna en El Mundo forman parte de una misma secuencia de hechos que muestran una etapa de cuestionamientos internos y externos a la RAE. En ambos casos, el eje de la discusión ha sido el papel de la institución en la defensa y regulación del español, así como su relación con otros organismos culturales del Estado.
El escenario que se configura es el de una Academia sometida a un escrutinio público inusual, en el que confluyen debates sobre autoridad lingüística, gestión institucional y representación cultural. La controversia permanece abierta y, por ahora, no se ha anunciado una instancia formal de resolución del conflicto.
Mientras tanto, la RAE continúa con sus funciones ordinarias en un contexto marcado por la atención mediática y por un debate que trasciende a sus muros y se proyecta sobre el conjunto de la comunidad hispanohablante.
El desarrollo de los próximos meses permitirá evaluar si estas tensiones derivan en cambios institucionales o si se integran, como otros episodios del pasado, a la historia interna de la Academia.
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