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Hay veces en que es más fácil hablar de una película hablando de otras películas, pero ¿con qué comparar ‘Mambo Cool’? Se aleja de muchos esquemas de representación vistos. Por partes parece una abstracción; en otras, acaricia el documental, y en otras, hay una clara ficción; se cocina, se condimenta, se le añade un toque de swing y como resultado: ¡un mambo!
Su estilo no es naturalista. Se podría hablar de un ensayo pero aquí comenzamos a caer en las intenciones de encajar las cosas y esta película, más que encajar, nos invita a abrir: a abrir puertas, cajones, alcantarillas, a abrir la cabeza, a respirar la metáfora, a vivir la vida, sus conjeturas, sus desagües. Es una clara invitación a la poesía, a la condición humana.
La puesta en escena de Chris Gude es arriesgada: planos fijos y largos, donde el interior del cuadro se compone con varias diagonales y claros oscuros que incomodan, que muestran una parte y ocultan otra, tiros de cámara en diagonal, desde arriba o desde abajo. Todo esto junto su sonoridad nos hunde en esas cloacas que intenta reflejar. Y lo logra. Al comienzo puede ser incomodo, pero luego logra cierta armonía con el todo.
‘Mambo Cool’ nos invita a sumergirnos con lentitud; si comenzamos a buscar respuestas nos ahogamos, lo mejor es dejarnos llevar por su corriente y felizmente vamos a llegar a un remanso donde podemos tomar aire. Ese remanso es la música, el arte supremo. Estos personajes, retratados de una manera “claustrofóbica”, empiezan a tomar matices a través de sus fantasías, sus sueños, sus alucinaciones y de ellos se comienzan a desprender un valor inmanente al ser humano: la amistad.
“Las ratas de alcantarilla son inmunes a todo, en cambio las de laboratorio no”, dice un personaje. Hay otra frase hermosa que creo que sintetiza la película: “el cuerpo es como la casa y el espíritu como la calle: siempre en su rumba”.
Drogas, rebusque, prostitución, VIH, miedos, dinero, locura, crimen, alucinación, delirio, bien, mal, pasiones, amor, amistad, todo sin una gota de sangre, sin una muestra de sexo, sin violencia, sin pornografía.
El mismo día en que vi ‘Mambo Cool’, también vi ‘El lobo de Wall Street’ de Martin Scorsese y las miré como dos películas gemelas: una es la gemela buena y otra, la mala; una trata de reflexionar, la otra, de chantajear; una se esfuerza en hacernos pensar, la otra, nos dictamina. Lo dejo al juicio del lector, pero creo fielmente cuál es la vencedora, cuál es la honesta.