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Reconciliación con la memoria

La reconocida película de Claudia Llosa, ganadora del Oso de Oro del Festival de Berlín, se estrenará en Colombia el 9 de octubre.

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Liliana López Sorzano
01 de octubre de 2009 - 11:19 p. m.
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El pecado, la religión, el paternalismo y la tradición se volvieron bellas y contundentes imágenes en la ópera prima Madeinusa de Claudia Llosa. La historia, casi con tono de documental, sucedía en un pueblo perdido de Perú donde paradójicamente los últimos días de la Semana Santa se volvían los más sacrílegos. Sus habitantes podían hacer lo que querían hasta el crepúsculo de la resurrección porque muerto Dios no los veía.

Su segunda película, La teta asustada, retoma  los mismos temas pero desde otra perspectiva y con otro resultado. Mientras en la primera se abre una herida, en la segunda se cierra. Fausta, una mujer de 20 años, sufre de la teta asustada, una enfermedad que se transmite por la leche materna de su madre que fue abusada. El miedo heredado no la deja vivir tranquila y se traduce en una imagen repulsiva y onírica a la vez, de una papa introducida en su vagina.

Puede que sea pronto para hablar de un cine de autor con sólo dos películas, pero Claudia Llosa ha demostrado hasta el momento que tiene la capacidad y el talento  para crear universos que parecen reales, tamizados por un ojo aguzado en el lenguaje audiovisual. Imágenes que en esta película se resuelven en la tensión de las fiestas populares y la luz de la muerte y el miedo.

Su ópera prima, ‘Madeinusa’, fue merecedora de varios premios desde la creación del guión. ¿Usted realmente esperaba esta cadena de reconocimientos para su primera película?

La verdad es que lo único que siempre espero es que una película me permita hacer la siguiente. No espero más. Ya es tan difícil poder hacer cine, no sólo en Perú, sino en todo el mundo, que cuando se presenta la oportunidad lo único que te queda es agradecer y desear que haya una siguiente.

Haber ganado el Oso de Oro en Berlín con su segunda película es algo que muchos cineastas con el doble de su experiencia ansían obtener. ¿Haberlo recibido tan joven la compromete en sus próximas producciones?

En mi caso, siempre la película anterior compromete a la siguiente, pero no desde el punto de vista del resultado, sino desde el territorio ganado. Cada película te ha permitido escalar una montaña, cuando has llegado a la cima ves el paisaje y lo disfrutas hasta que pronto te preguntas: ¿como será el paisaje desde esa otra punta que sobresale más allá? Aparecen nuevos retos y puntos de mira que no hubieras detectado sin ese espectro que te regaló la anterior, pero como todo escalador, has de bajar la montaña que ya has vencido para volver a escalar la nueva y descubrir qué te ofrece sin la certeza de lo que habrá detrás. Esa es la forma en la que suelo enfrentarme a los proyectos, los decido en función de la experiencia de vida que pueden ofrecerme y nunca en función del resultado. Veo el cine como una experiencia de vida y en ese sentido me siento libre de la presunción del mañana, ya que el triunfo consiste en poder dedicarte a lo que más disfrutas y vivir experiencias del proceso.

Perú no había tenido hasta ahora un puesto tan importante dentro de la cinematografía. ¿Cómo se siente siendo esta figura que ha puesto a su país de nuevo en la pantalla grande?

Si una película tiene la suerte de sobresalir de una u otra forma, es por la suma de talentos y de experiencias que la han compuesto, equipo, actores, productores; es increíble la cantidad de gente que hay detrás de un proyecto, no sólo en su manufactura, sino en el impulso que hay que hacer para que se vea en este mercado tan competitivo. Todos somos esa figura.

¿Cómo ve la industria del cine en Perú?

Mejorando, paso a pasito. Aún tenemos mucho por qué luchar, Lo más importante ahora es que salga la ley Raffo, que permitirá generar un fondo económico anual para el cine peruano. Esta ley iría de la mano de la que ya tenemos, pero ayudará a reforzar y reanimar la industria.

Sus dos películas, aunque traten escenarios distintos, tratan el mismo tema, el de la identidad y la cultura popular. ¿Por qué escoger estos temas?, ¿qué le apasiona de ahí y qué descubrió tratándolos?

Bueno, ambas película, aunque están muy hermanadas, profundizan en temas muy distintos. La teta asustada es un viaje de reconciliación con la memoria, con nuestro pasado, nos invita a enfrentar las heridas para poder continuar. Surge de la necesidad de reflexionar sobre nuestra propia capacidad de sanación. Madeinusa es una película que a pesar de su luminosidad abre una herida; La teta asustada, todo lo contrario, trata de cerrarla.


Seguramente ya tiene en su cabeza la próxima película… ¿Piensa seguir con la misma línea?

La verdad es que siento que la siguiente película será un quiebre. Es lo que me pide el cuerpo, buscar nuevos horizontes. Pero, como lo que hablábamos del escalador, jamás sabes qué paisaje será el que esconde la montaña. Lo divertido es descubrir algo nuevo.

La actriz Magaly Solier se ha vuelto una especie de musa. ¿Por qué la escogencia de esta actriz? ¿Cómo ha sido el proceso de trabajar con ella y cómo la descubrió?

Bueno, nos conocimos para mi primer largometraje, cuando ella era muy joven, no llegaba a los 16 años. Vi en ella lo que todos logran ver, esa capacidad para transmitir a través de la piel, sin necesidad de abrir los labios. Su inteligencia escénica es grandiosa y estoy segura escucharemos mucho más de ella.

¿Qué aprendió de su primera película que puso en práctica en ‘La teta asustada’?

La lista sería interminable. Incluso ahora, lo que he aprendido de La teta asustada también me haría escribir por largo rato. Creo que es evidente, el aprendizaje es enorme y muy ajustado en un pequeño lapso de tiempo. Menos mal tenemos un período de readaptación, como es el proceso de guión en el que nos permite poco a poco digerir lo aprendido.

La primera trata de un pueblo inexistente, la segunda evidencia una práctica femenina inventada. ¿Qué opina de la verosimilitud dentro de la ficción?

Sin verdad no hay mentira.

Las relaciones mujer-hombre están envueltas en una especie de trauma, regidas por el miedo, el silencio, la culpa, ¿por qué?

En ambas películas, es cierto, la sexualidad se muestra como ultraje. Pero en la segunda aparece un personaje que parece brindar una esperanza. Y es el jardinero. Se intuye que a través de la aceptación y el respeto puede haber una luz a lo que podríamos llamar el “coito feliz”. No sólo en términos de la oposición masculino-femenino, sino en términos de lo que todos conocemos como oposición cultural. En otras palabras, dos culturas diferentes, opuestas entre sí, pueden encontrar una vía de reproducción feliz, sin castración, ni violación a través del respeto y la aceptación.

La presencia de la música, del canto, es bien importante en las dos producciones. ¿Es algo que tenía planeado o se le ocurrió con la presencia de Solier?

El canto es algo que pertenece a la esencia de la historia. El canto sirve para comunicar aquello que no sabemos decir con palabras, como la metáfora, es capaz de viajar directo al inconsciente y trabajar desde él. Es el grito de un país quechua olvidado que lucha por ser oído, por no perecer.

¿Qué puertas se abren y qué otras se cierran tras ‘La teta asustada’?

Aún estoy por descubrir cuáles son.

Por Liliana López Sorzano

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