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Rembrandt para la generación laptop

Se clausuró el Festival de Cine de Bogotá con la proyección de la película “Ronda de noche”. Entrevista con su director Peter Greenaway.

Sara Araújo Castro

09 de octubre de 2008 - 07:49 p. m.
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Cálido y buen conversador, el origen galés de Peter Greenaway se revela en su manera poco flemática de expresarse. Llegó a nuestro país desde Amsterdam para formar parte del Festival de Cine de Bogotá y presentar en la clausura su último trabajo La ronda de noche, inspirada en una obra homónima del maestro del barroco holandés Rembrandt Harmenszoon Van Rijn. Esta película, estrenada en el Festival de Cine de Venecia 2007, es la primera de una serie que tiene prevista sobre obras de arte.

No hace falta haber leído en la biografía de Greenaway que no se formó como cineasta, sino como pintor. Sus películas, de las que se han visto pocas en nuestro país, entre esas Escrito en el cuerpo (1996) lo revelan. También lo repite él cada vez que enfáticamente dice “llevamos un siglo viendo textos con imágenes, no cine. El cine debe construirse como se construye un cuadro”. Greenaway, además de ser un hombre de imagen, es sin duda alguna un hombre de ideas grandes, revolucionarias y consistentes.

Háblenos de esta nueva serie de películas sobre obras de arte.

En la historia de Occidente hay puntos de referencia en todos los campos. Así como La Divina Comedia es en la literatura un punto de quiebre, en el arte hay varias pinturas que lo son. Las meninas, de Velásquez; La última cena, de Leonardo da Vinci; Matrimonio en Caná, de Veronese; El Guernica, de Picasso; El juicio final, de Miguel Ángel; Nenúfares, de Monet, una obra de Jackson Pollock y claramente esta de Rembrandt.  Siendo que el cine está tan cerca de la pintura, consideré hacer historias cinematográficas que hablen de estas obras.

¿Diría que el cine es hoy lo que en otros siglos la pintura?

¡Ojalá, ojalá! Pero la verdad es que la mayoría de directores de fotografía son iletrados en arte. Quisiera que la fotografía cinematográfica se construyera mejor, como se realiza un cuadro, pero falta mucho lenguaje visual. Las escenas no se construyen, los directores se las encuentran.

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¿Hay excepciones?

Pocos como Ridley Scott, Stanley Kubric y, claramente, Fellini.

¿Cómo fue la investigación para “Ronda de noche”?

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Soy un estudiante de arte, llevo 40 años estudiando y observando la iluminación en Rembrandt. Hay otros pintores holandeses que prefiero, pues Rembrandt es demasiado “Hollywood” para mí. Es decir, recurre a efectos baratos, se repite una y otra vez en sus obras y siempre trata de hacer cosas demasiado extraordinarias. Es excesivo. Aun así lo admiro profundamente, pero prefiero a Ver Meer, por ejemplo, pues concentra en pequeños espacios más actividad.

Usted hizo una presentación de “Ronda de noche” en el  Rijksmuseum de Amsterdam, con una instalación contemporánea. ¿Por qué?

El mundo del arte es muy celoso. Sólo 25 personas pueden entrar a ver al tiempo La última nena, y te escanean la ropa por temor a que se dañe la obra. Esto crea una atmósfera muy cerrada entre los expertos que creen que sólo ellos pueden hablar de arte y no un outsider. Un  cineasta como yo no debe acercarse, porque mantener a la gente alejada hace parte de su reputación. Tenemos que oponernos y superar estas trabas.

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Soy un misionero y quiero que los miembros de la “Generación laptop” puedan comprender en su lenguaje el significado de una obra de arte como ésta. Ellos ven Shrek, El hombre araña y X-men, así que quiero decirles en su lenguaje lo extraordinario que es el arte y estos maravillosos personajes que, de estar vivos, serían parte de esa generación. Cada uno en su tiempo fue la punta de lanza de la tecnología. Quiero gritarles. “Miren éstos, es alucinante, no lo excluyan por no entenderlo. Es parte de su herencia y se los puedo explicar”.

¿En “Ronda de noche” hay alguna toma de posición de parte suya?

Claramente. Estoy convencido de que la historia no existe. Sólo historiadores que cuentan versiones propias de los hechos. Más aún, la historia oficial la cuentan los vencedores, así que falta el punto de los vencidos. Por esto,  mis últimas películas tratan de narrar distintos puntos de vista.

En lo político, la historia tiene mucha relación con el republicanismo actual. Es sobre la democracia, pues en el tiempo de Rembrandt, Holanda vivió una de las primeras democracias modernas, no claramente una que el presidente Bush entendería, pero sí un sistema en el que las decisiones de poder se toman entre grupos grandes. Así que es un experimento político. Por otra parte, habla también de la Holanda contemporánea. Hace como cinco años un director de cine, llamado Theo van Gogh, fue asesinado por un fundamentalista islámico. Esta película narra un asesinato en 1542 que puede ser también el homicidio de Theo van Gogh.

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¿En la película se trabaja la luz con las técnicas barrocas?

Bueno, es que el director de fotografía de mi película es Rembrandt. Estoy seguro de que si estuviera vivo sería director de arte y de fotografía. Así que todo el tiempo le decía a mi director de fotografía que mantuviera las sombras dentro del cuadro. Además, la obra está llena de referencias contemporáneas, porque no tiene sentido hacer una película de época que no hable también de hoy. Se convierte en una pieza de museo y ya.

“Escrito en el cuerpo” es una de sus películas más vistas  en Colombia. Hay una fuerte relación con el cuerpo. ¿Nos podría hablar al respecto?

Esta historia se centra en dos grandes ideas. La primera tiene que ver con mi gran ansiedad de que llevamos décadas viendo textos ilustrados, como El señor de los anillos o Harry Potter. Escrito en el cuerpo se trata de la relación entre texto e imagen. Las únicas culturas que aún dan valor a la caligrafía, que es precisamente eso, son la japonesa y la china. Así que sólo habría podido rodar allá. Cada ideograma cambia de significado dependiendo de cómo está escrito, y aprender a escribir es un arte.  Por otra parte, el tema es el cuerpo. En el cine todo se trata de la vista y el oído, y deja de lado las texturas, las temperaturas, el tacto y el gusto. Al hacer cine debemos incluir el cuerpo, y hoy es posible. Así que, siendo que el cineasta no tiene contacto con su público, en esta película el uso de imágenes simultáneas y todo el trabajo con el cuerpo tiene relación con ese interés mío por hablar de cine con otros lenguajes y acercarme al público.

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¿En qué difiere un filme documental de uno argumental?

Siempre he creído que los argumentales son más honestos, pues de entrada le estás diciendo al público que todo es mentira. Y a través de la ficción se narran con más sensiblidad y honestidad temas universales. Por otra parte, la palabra “documental” tiene necesariamente una acepción de texto y ya es hora de dejar de hacer en cine textos con movimiento. La tragedia para el cine es estar tan relacionado con la literatura. Los libros son libros y las películas, películas. Es hora que dejen de meterse juntos en la cama.

Por Sara Araújo Castro

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