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Esta obra cuenta una triste historia. La historia de 100 muertos NN que han sido recogidos en las orillas del río Magdalena por los pobladores de Puerto Berrío, Antioquia. No se sabe si por una tradición de antaño, que celebra con fervor durante todo el mes de noviembre el tiempo de las ánimas, o por una intención colectiva de decirles a los violentos “ustedes no desaparecen los cuerpos”, en este pequeño municipio se ha arraigado una extraña práctica.
“Le dan santa sepultura a los cuerpos que aparecen en el río, además los bautizan, decoran las tumbas y les piden milagros”, comenta el artista colombiano Juan Manuel Echavarría, que desde 2006 estuvo viajando cada tres meses con su cámara para retratar los nuevos habitantes del cementerio y que hoy presenta un inmenso mural compuesto de estas fotos en la exposición ‘Destierro y Reparación’ del Museo de Antioquia.
“NN ayúdame a ganarme un chancecito”, “NN que pueda construir la casa”, oran los pobladores. La costumbre se ha adentrado tanto en la idiosincrasia de este pueblo, que incluso cuando a alguno lo aqueja una grave enfermedad “el médico le recomienda, sin tapujos, que escoja y adopte un muerto”, cuenta Echavarría recordando algunas de las entrevistas que realizó para llevar a cabo su obra.
“El joven ex combatiente que me contó el diagnóstico del médico decidió finalmente no adoptar el ánima, porque le parecía una responsabilidad muy grande”, añade el artista. Y es que así como los NN del conflicto se han convertido en hacedores de milagros, también se teme que cuando se les abandona asustan a su dueño.
De las 100 tumbas que Juan Manuel Echavarría retrató, encontró algunas que simplemente estaban marcadas con la palabra ‘Escogido’, una etiqueta que deja ver que la muerte en Puerto Berrío ha ganado un nuevo sentido. El arribo de un nuevo cuerpo, de una nueva víctima, casi que es celebrado, pues un poblador más tendrá un acompañante del más allá. Tan pronto se sabe la noticia, alguien corre y pide la custodia del cadáver. “Cuando el ánima del cuerpo ha sido muy milagrosa y lleva mucho tiempo acompañando al mortal que la apadrina, la gente desentierra el muerto y se lo lleva al osario de la familia”, comenta Echavarría.
Para Juan Manuel Echavarría tras de esta mágica y extraña costumbre hay un acto de resistencia contra los victimarios, por eso bautizó su obra ‘Réquiem NN’, una palabra que hace alusión a la composición musical que se canta en la misa de difuntos. “Estas 100 tumbas juntas conforman una exultación coral, además forman una colcha, que ponen de manifiesto al público que la ve, cómo está nuestro tejido social”.