Una de las etapas más difíciles que recuerdo es la de la preadolescencia: ese momento entre los 11 y los 14 años en el que se es demasiado grande para jugar con los niños y demasiado pequeño para estar con los grandes. Es una especie de limbo. O, para usar una palabra que usaría la protagonista de este libro, de purgatorio.
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Bruma tiene doce años. Habita, justamente, ese purgatorio de la vida. Ese lugar al que van las almas que esperan la condena o la absolución. Las almas que no fueron lo suficientemente buenas ni suficientemente malas: las que están a la espera del fallo. Visto desde la distancia, eso parece ya una condena. Así me sentía yo. Y así se siente ella: esperando la absolución de sus errores, aunque su único error haya sido la inocencia de confiar en un mundo que está hecho para la desconfianza.
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En “Bruma y el misterio de la séptima luna”, la continuación de “Bruma, orgullosamente raRa”, la escritora bogotana Giovanna Zuluaga amplía el universo de esta niña de gustos extraños que se vio enfrentada a la crueldad del mundo a la vez que descubrió que es en su rareza donde radica su valor.
Mientras se hace a la idea de que tendrá una hermana pequeña (o medio hermana, aclara Bruma, pensando que tal vez ese prefijo indica que no la amará completamente sino a medias), hija de su papá y su nueva esposa, regresa a San Miguel, el pueblo donde vive su mamá, para pasar las vacaciones de Semana Santa.
Pero ya nada es como antes. El reencuentro con sus amigos del Club de los Hijos Únicos y con Georgina, amiga de su abuela y amiga suya, amante de los libros y mujer fascinante, no es lo que espera Bruma, que necesita un poco de tranquilidad mientras se busca a sí misma entre sus versiones.
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La desaparición de Georgina y la irrupción de un nuevo integrante del Club llevan a Bruma y a sus amigos a enfrentar sus miedos, los que están en su mente, pero también los peligros del mundo real, un mundo que insiste en demostrar que no está hecho para confiar.
En esta segunda entrega, publicada por Panamericana Editorial y que se lanzará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026, Bruma parte exactamente del punto en el que quedó la historia al final del primer libro y se ramifica, mostrando el desarrollo de un personaje bien escrito. Sus reflexiones sobre la amistad, las relaciones con sus padres y temas complejos como el consentimiento y la atracción son relevantes en un momento en el que nuestras relaciones sociales están mediadas por algoritmos y el afán de un mundo que no para.
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La historia, que ocurre a lo largo de los días santos, juega con ese simbolismo para desarrollarse. Acá Zuluaga logra crear un ambiente que equilibra el misterio y la oscuridad con el misticismo de la celebración religiosa.
La saga de Bruma es una de esas que hacen algo necesario: dejar de creer que los lectores más jóvenes necesitan historias sencillas. No los subestima, por el contrario, entiende su complejidad y además invita a abrazar lo que nos hace diferentes.
En el purgatorio, dice la tradición, habitan las almas que esperan la absolución. Al principio del libro, Bruma se siente un poco así, habitada por diferentes versiones de ella misma. Pero, a diferencia de las ánimas que esperan ser absueltas por las oraciones y la buena fortuna, Bruma encuentra su camino y se redime al reconciliarse consigo misma y darle lugar a la fuerza de su rebeldía, su nobleza y su perspicacia.
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