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Retratos de mujeres

Los grabados de Gustave Staal de las heroínas del Antiguo Testamento componen esta mirada histórica a los ideales de belleza femenina.

Angélica Gallón Salazar

22 de febrero de 2010 - 04:00 p. m.
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Las mujeres que desde los tiempos remotos han habitado las páginas del Antiguo Testamento han salido de una vieja biblia impresa en París del siglo XIX (1871) ilustrada por el entonces popular Gustave Staal y se han posado coquetas, con sus hálitos de santas o malignas por los corredores del Claustro de la Universidad del Rosario en el centro de Bogotá.

Séfora, Ruth, la mujer del Levita, Eva, Dalila, Sara y la Casta Susana fueron retratadas en grabados por este contemporáneo de Doré. Cada imagen, además de encarnar en las formas de los velos, en los pelos sueltos o recogidos, en las posiciones de las manos, las propias historias femeninas, encarnan también los valores estéticos del siglo XIX que referían a su vez dictámenes morales que las mujeres debían seguir.

Esta exposición, Historias de las mujeres, para la que los populares e iconográficos grabados de Gustave Staal han sido ampliados hasta 50 veces, nace de un intento de la historiadora del arte Lucía Arango y de la directora del Archivo Histórico de la Universidad, Carla Boccetti, de darles vida y aplicaciones didácticas a toda la antiquísima información contenida en el archivo de la institución.

“La Biblia es un símbolo de la vulgarización de la lectura, fue el primer libro impreso y nos encontramos en el archivo con esta biblia vulgata que por ser del siglo XIX está muy bien ilustrada”, comenta Lucía Arango. Escudriñando las páginas y leyendo una y otra vez el impenetrable Antiguo Testamento, la investigadora fue descubriendo la polisemia de la belleza de la mujer en los retratos: “Tiene muchos significados, hay bellas, cuya belleza significa que son malas, como la mujer de Butifar, pero luego está la Casta Susana, que es bella porque es pura. Mientras Dalila se embellece para hacer el mal, Judith se adorna para matar a alguien y salvar su pueblo”, asegura Arango.

Estos grabados, que aparecen en otras biblias de la época en inglés y en español, que fueron usados en la Historia de libros ejemplares de la Biblia y en el Museo de mujeres de la Biblia dejan ver cómo signos como el hombro descubierto, o el pelo suelto sirven de mediadores para contar en imágenes cuán sensuales era cada uno de estos personajes bíblicos. Las más santas aparecen con el pelo completamente oculto y por el contrario a las que la necedad las asaltaba sin descanso aparecen con sus manos enredadas entre frondosos y largos cabellos.

En los paneles en blanco y negro que habitan por estos días el claustro se ve a Jezabel, una mala mujer reina extranjera de los israelitas que ante la inminencia de ser asesinada no huye, sino decide maquillarse. Se ve también el retrato de la esposa del Levita, que en el grabado de Staal aparece ultrajada y arrojada en un portón dando cuenta de la violencia a la que ha sido sometida, y a Débora, la única juez mujer de las sagradas escrituras que apunta al cielo con su dedo.

Este séquito de mujeres expuestas, esta mirada histórica a la representación de lo femenino además de contar las historias íntimas de muchas mujeres olvidadas de las escrituras, pone en evidencia mandatos estéticos y patrones morales que aún pueden encontrar su vestigio en la cultura actual.

Por Angélica Gallón Salazar

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