El Magazín Cultural

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27 Jan 2021 - 6:48 p. m.

Roberto Arlt, o escribir sin gramática ni ortografía (III)

Juan Carlos Onetti decía de Arlt: “Hablo de un escritor que comprendió como nadie la ciudad en que le tocó nacer. Más profundamente, quizá, que los que escribieron letra y música de tangos inmortales”. Le apostaba lo que pudiera a que el autor de Los siete locos y El juguete rabioso iba a quedar en la gran historia de la literatura.
Con Roberto Arlt, Juan Carlos Onetti comprendió, como lo comprendieron luego Julio Cortázar, y Ricardo Piglia, y Beatriz Sarlo, y tantos otros, que una historia, la creación de un personaje, la profundidad de un ser humano, eran mucho más importantes, valiosos y únicos, que cumplir a rajatabla con las reglas de la gramática impuestas por unos señores.
Con Roberto Arlt, Juan Carlos Onetti comprendió, como lo comprendieron luego Julio Cortázar, y Ricardo Piglia, y Beatriz Sarlo, y tantos otros, que una historia, la creación de un personaje, la profundidad de un ser humano, eran mucho más importantes, valiosos y únicos, que cumplir a rajatabla con las reglas de la gramática impuestas por unos señores.
Ilustración: Nátaly Londoño Laura
Con Roberto Arlt, Juan Carlos Onetti comprendió, como lo comprendieron luego Julio Cortázar, y Ricardo Piglia, y Beatriz Sarlo, y tantos otros, que una historia, la creación de un personaje, la profundidad de un ser humano, eran mucho más importantes, valiosos y únicos, que cumplir a rajatabla con las reglas de la gramática impuestas por unos señores.
Con Roberto Arlt, Juan Carlos Onetti comprendió, como lo comprendieron luego Julio Cortázar, y Ricardo Piglia, y Beatriz Sarlo, y tantos otros, que una historia, la creación de un personaje, la profundidad de un ser humano, eran mucho más importantes, valiosos y únicos, que cumplir a rajatabla con las reglas de la gramática impuestas por unos señores.
Foto: Ilustración: Nátaly Londoño Laura

Y entonces Juan Carlos Onetti se dedicó a repartir libros de Roberto Arlt entre aquellos que conocía y a algunos a los que jamás había visto. Iba de diario en diario y de revista en revista con su cargamento, cada vez más convencido de que aquel era un gesto a favor de la humanidad, y que alguien, algún perdido ser por ahí, se lo agradecería algún día. De memoria sabía cuáles eran los argumentos de los detractores de Arlt, y más aún, que él no tenía cómo convencer a nadie por una frase o un diálogo. Era el todo de Roberto Arlt lo que le parecía genial. El todo con sus errores ortográficos y sus faltas gramaticales. El todo, con sus supuestos robos de tramas y de personajes. El todo con sus eternas preguntas sin respuesta.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual es editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.faraujo@elespectador.com
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