El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Sergéi Eisenstein y su debate con Stalin (Políticamente artistas V)

El 26 de febrero de 1947, Joseph Stalin logró darle una cita que había solicitado Sergéi Eisenstein varios meses antes. La preocupación del director de cine tenía que ver con la segunda parte de su película sobre Iván el terrible, que se encontraba en proceso de revisión por el departamento de censura soviético.

Fernando Araújo Vélez

22 de febrero de 2026 - 02:18 p. m.
Einstein y Stalin lograron reunirse tres meses después de que el primero le enviara una carta al dictador para discutir sobre el final de la película en la que estaba trabajando.
Foto: Wikipedia
PUBLICIDAD

Más de diez meses tardó Joseph Stalin en responderle a Sergéi Eisenstein una carta en la que le solicitaba una audiencia. La segunda parte de su película sobre Iván El terrible estaba paralizada. La censura, que desgranaba cada palabra y cada letra, cada imagen de los filmes que se hacían en la Unión Soviética, había hecho lo imposible por detener las grabaciones. Eisenstein, que había trabajado con y para Stalin en años anteriores, con obras como “Octubre” y “El acorazado Potemkin”, no sabía si continuar, si cambiar, si echar todo al cesto de la basura, hasta que Nikolái Cherkasov, el actor principal de su último trabajo, le sugirió que le pidiera una cita.

Cuando por fin lograron encontrarse, a las once de la mañana del 26 de febrero de 1947 en el Kremlin, lo primero que le dijo Stalin a Eisenstein fue: “Usted escribió una carta. La respuesta se hizo esperar. Nos reunimos tarde. Pensé en responder por escrito, pero decidí que era mejor hablar. Como estoy muy ocupado y no tengo tiempo, decidí, con mucho retraso, reunirnos aquí… Recibí su carta en noviembre”. Eisenstein asentía, flanqueado por Cherkasov, quien lo había acompañado a la reunión. Viacheslav Molotov y Andrei Zhdanov se encontraban con Stalin. Molotov le recordó que estaba en Sochi cuando recibió la carta.

Entre algunas de las objeciones que tenía Stalin sobre la segunda parte de Iván El terrible, la más decidida era la de su crueldad. “Iván el Terrible era muy cruel -les aclaró tanto a Eisenstein como a Cherkasov-. Es posible mostrar su crueldad, pero es necesario explicar por qué era necesaria esa crueldad. Uno de los errores de Iván el Terrible fue no haber eliminado por completo a cinco grandes familias feudales. Si las hubiera destruido, no habría habido el Período Tumultuoso. Iván el Terrible ejecutaba a alguien y luego se arrepentía y rezaba durante mucho tiempo. Dios lo impedía… Debería haber sido aún más decisivo”.

Algunos minutos después, Eisenstein le preguntó al dictador si tenía otras instrucciones. Stalin le respondió: “No le doy instrucciones, sino que expreso las observaciones de un espectador. Es necesario representar a los personajes históricos de manera fiel”. Luego habló del “realismo socialista”, y repitió que era necesario mostrar a los personajes históricos de forma correcta. Entonces habló de otra película, “Alejandro Nevsky”. “¿La dirigió usted? El resultado es magnífico. El director puede apartarse de la historia; no debe limitarse a copiar detalles históricos, debe trabajar con su imaginación, pero debe mantenerse dentro del estilo. Puede componer, pero dentro de los límites de la época histórica”.

Read more!

Después de aquella larga charla, Stalin dio la orden de que se destruyera la película. Sin embargo, quedó una copia que había guardado el director del Departamento de Control Técnico de los estudios de Mosfilm, hallada en 1955 luego de que el archivista falleciera, y pasados siete años de la muerte de Eisenstein, la noche del 11 de febrero de 1948. Sus biógrafos contaron que estaba escribiendo un ensayo sobre los efectos del color en el cine. Decía, entre otras cosas, que el color, como la música, eran necesarios solo cuando eran necesarios. Por aquellos tiempos, el color apenas empezaba a usarse en los filmes. Los directores, como antes con el cine sonoro, debatían a menudo sobre su utilización.

Read more!

“La primera condición para el uso del color en una película es que debe ser, ante todo, un factor dramático. En este sentido, el color es como la música. La música en las películas es buena cuando es necesaria. El color también es bueno cuando es necesario”, escribió Eisenstein. En la última página de su escrito había una frase que no estaba terminada, seguida de una flecha y de una aclaración: “Acá tuve un espasmo cardíaco”. No obstante, continuó con su texto, hasta que otro espasmo, fulminante, lo paralizó del todo. Dos años antes, y luego de otro ataque cardíaco, Sergei Prokofiev le había dicho a Eisenstein que él tenía mucho por contar y lo convenció de que hiciera sus memorias.

A los pocos días, comenzó a escribir, aún convaleciente. Las tituló “Yo”, y les añadió un subtítulo que decía “memorias inmorales”. Allí, entre diversos temas y personajes, escribió sobre su método o estilo, que “no ha sido expuesto en ningún manifiesto. Se ha forjado en discusiones nocturnas y debates interminables. Paso a paso avanzando del brazo, lo hemos buscado durante estos quince años en lo variado de la realidad que desfilaba ante nuestros ojos y en nuestra reflexión meditabunda y apasionada de esta realidad; y el éxito ha coronado las partes y los elementos plásticos de nuestras películas en las que hemos llegado a alcanzarlo”.

Para Eisenstein, aquel método surgido de discusiones y charlas, lecturas y ensayos y errores, “nos ha permitido, finalmente realizar por vez primera la identidad entre la imagen y el sonido que hemos conseguido en Alejandro Nevsky, en donde la ‘melodía’ de las figuras y de los paisajes -esta naturaleza que no es, para nosotros, un ‘teatro impasible’ y a la que hemos vinculado siempre nuestro trabajo- se funden naturalmente en un todo armónico con el elemento extraordinariamente plástico que hace tan emotiva la música de Sergio Prokofiev”. La película sobre Nevsky fue terminada y exhibida en 1938 y contaba la historia de un príncipe y sacerdote ortodoxo que vivió a finales de la Edad Media en Novgorod, y que fue canonizado por la Iglesia.

En los tiempos de la Unión Soviética, su imagen, su recuerdo y su simbología fueron polémicos precisamente por las connotaciones de santidad de Nevsky. Pese a aquello, o precisamente por esa razón, Eisentein decidió elegirlo y Stalin aprobó el proyecto. Unas líneas adelante, a modo de agradecimiento, mencionaba a Prokofiev y aclaraba que “haberle encontrado en nuestro camino ha sido para Eduard (Eduard Tisse, director de fotografía) y para mí una alegría artística tan profunda como el encuentro de nosotros dos hace quince años. En la persona de Prokofiev hemos encontrado el ‘tercer compinche’ que nos ha permitido realizar nuestro sueño: la conquista del cine sonoro…”.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.