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14 Sep 2022 - 2:00 a. m.

“Siempre he confundido el cine con la vida”: Jean Luc Godard

“Para mí la vida solo es parte de las películas”, solía decir el director francés y padre de la Nueva Ola, Jean Luc Godard, quien falleció ayer en Suiza. Su obra se salía de los márgenes acostumbrados de la época y marcó el comienzo de una nueva era cinematográfica en Francia y el mundo.
Andrea Jaramillo Caro

Andrea Jaramillo Caro

Periodista de El Magazín cultural
En 2010 , la Academia de Hollywood le concedió a Jean Luc Godard un Premio Óscar   honorífico que se negó a recibir. / AFP
En 2010 , la Academia de Hollywood le concedió a Jean Luc Godard un Premio Óscar honorífico que se negó a recibir. / AFP
Foto: Agencia AFP

Sus historias no lo convirtieron en la leyenda que es hoy, fue su manera de dirigir, su aproximación al manejo de cámaras y estilo experimental, que fue definido y reseñado como “casi improvisado”. El trabajo de Jean Luc Godard marcó un antes y un después en el cine francés, tanto que el presidente Emmanuel Macron reconoció que “tenía la visión de un genio”. El cineasta, a través de cintas como Sin aliento (A bout de souffle, 1960), Week-end (1967), Banda a parte (Bande à part, 1964), entre otras, dio paso a una era conocida como la nouvelle vague, la Nueva Ola en el cine francés, y con ella cimentó su legado en la historia cinematográfica con más de 90 producciones a su nombre entre películas, documentales, cortos y videos.

El director franco-suizo, que falleció ayer a través de un suicidio asistido en su hogar en Suiza, dejó atrás una larga lista de largometrajes y cortometrajes que causaron revuelo en su momento y que con el tiempo lo convirtieron en una figura de culto. Su abogado, Patrick Jeanneret, dijo a The New York Times que luego de sufrir de diferentes patologías el cineasta decidió dar fin a su vida de manera digna, como siempre fue su deseo, pues “él no podía vivir como tú y como yo, así que decidió con una gran lucidez, como lo había hecho toda su vida, decir: ‘Ya fue suficiente’”, contó en la entrevista telefónica.

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“Godard fue al principio venerado como un héroe y adorado, y luego se encogían de hombros y bostezaban ante él: tan irreflexivamente burlado y abucheado como alguna vez fue inconscientemente venerado. Fue influyente en el sentido de que la Nueva Ola francesa sacudió a Hollywood y a todos los cineastas; sus propios procedimientos experimentales enrarecidos han migrado hoy al videoarte”, escribió Peter Bradshaw en The Guardian.

Nacido en París en 1930, Godard pasó su infancia entre Francia y Suiza junto a su familia. Fue descendiente de personajes prominentes, como el compositor Jacques Louis Monod y el expresidente peruano Pedro Pablo Kuczynski. A pesar de que no solía frecuentar las salas de cine, el que sería padre de la Nueva Ola francesa afirmó que su amor por el séptimo arte e introducción a este se dio por medio de las letras. Según escribió su biógrafo Richard Brody, en 2008, Godard se acercó al cine mediante un ensayo de André Malraux, titulado Esquema de una psicología del cine, y leyendo La revué du cinemá luego de que fuera relanzada con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Godard saltó por varias ciudades y campos del conocimiento, como el arte, la antropología y la filosofía, durante su época como estudiante, antes de incursionar en la industria cinematográfica.

Inicialmente no se dedicó a la dirección como carrera, comenzó por asistir a cineclubes a principios de la década de los 50 y entre ellos afianzó su voz como un joven crítico al lado de figuras como François Truffaut, André Bazin, Jacques Rivette y Claude Chaborl. Su camino como crítico de cine comenzó en la revista de Bazin, Cahiers du cinemá, donde defendía la forma más tradicional de hacer cine. Jean Luc Godard decía que “una película consiste de un inicio, un desarrollo y un final, aunque no necesariamente en ese orden”.

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Cuando en 1960 estrenó su primer largometraje, Sin aliento, Godard ya tenía un recorrido en cortometrajes que había comenzado a realizar en 1957 y dieron las bases para su estilo característico de filmación. Su primera película fue grabada en las calles de París, “con un uso insignificante de iluminación artificial y un guion escrito día a día. Sin aliento se convirtió en un auténtico fenómeno cultural en su estreno, convirtiendo a Jean-Paul Belmondo en una estrella y ganando a Godard el premio a mejor director en el Festival de Cine de Berlín”, según escribieron Andrew Pulver y Angelique Chrisafis en el obituario publicado por The Guardian.

Con cada nuevo largometraje que estrenaba su nombre se asociaba cada vez más con un estilo diferente y una suerte de revolución, aunque nunca gozara de una amplia fama como otros colegas. Susan Sontag, en 1968, afirmó que Godard era “uno de los grandes héroes culturales de nuestro tiempo”, equiparándolo a personajes como Pablo Picasso y James Joyce. La crítica estadounidense también dijo que el francés ayudó a crear un nuevo lenguaje cinematográfico con películas que eran "tanto bien logradas como caóticas, un 'trabajo en progreso' que se resiste a la admiración fácil".

A su primer largometraje le siguieron títulos como Vivir su vida (1962), Los carabineros (1963), Pierrot el loco (1965) y Contempt (1963). “Godard rompió el libro de reglas sin molestarse en leerlo: sus digresiones salvajes, escenas de diálogo poco convencionales, trabajo de ubicación de vérité, excursiones no narrativas y “cortes de salto”: esa edición equivocada inspirada, semideliberada creada por un autor intuitivo y sin instrucción”, escribió Bradshaw sobre él. En medio de las cámaras y los libretos, Godard encontró el amor en la danesa Anna Karina, a quién dirigió en varias ocasiones, convirtiéndose en su musa y futura esposa. Su matrimonio no superó la prueba del tiempo y una década después ya había contraído matrimonio con la cineasta Anne-Marie Miéville, con quien compartía visiones similares.

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Su cine lentamente se fue volcando hacia un mensaje más político, pues, de acuerdo con Pulver y Chrisafis, Godard se fue “identificando con la política revolucionaria de la época, y su realización cinematográfica lo reflejaba: creó un colectivo de cineastas que llevó el nombre de Dziga Vertov, el director soviético de Man with a Movie Camera”, que ayudó a cerrar el Festival de Cine de Cannes en 1968 en simpatía con los disturbios estudiantiles en París, y colaboró con el joven estudiante marxista Jean-Pierre Gorin en Tout Va Bien, un estudio de una huelga en una fábrica de salchichas con Jane Fonda”.

Aunque su relevancia en el mundo del cine no logró superar los años 80, su nombre ya se había instalado en la historia del séptimo arte. A pesar de que durante la década de los 90 continuó dirigiendo películas, documentales y programas para televisión, aquello que lo había convertido en un personaje prominente dejó de ser de interés para el público.

Su largometraje de 2001, En alabanza del amor, fue considerado como un regreso del legendario padre de la Nueva Ola. “Godard continuó haciendo películas durante los últimos años, en su mayoría ensayos filosóficos elípticos, como Notre musique (2004) y Film socialisme (2010). Los cambios en el gusto del público y su estilo desafiante e incesantemente provocativo limitaron su audiencia a cinéfilos y conocedores serios, pero el impacto de sus primeros trabajos en generaciones de cineastas no puede subestimarse”, escribió Adam Bernstein para el Washington Post.

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En 1994, Jean Luc Godard habló con Andrew Sarris, de la revista Interview, donde afirmó que no estaba orgulloso de ninguna película en particular, “no creo que haya tenido éxito en hacer ninguna película realmente buena. Hay momentos, escenas, movimientos enteros que cantan. Todo se ha sumado a una especie de cine, aunque todavía estoy aprendiendo mi arte”.

Andrea Jaramillo Caro

Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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