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El domingo despierta después del temblor, pero hay una grieta en el corazón de los argentinos. Aquí, en la ciudad de la furia que imaginó Gustavo Cerati, debe andar volando su alma. Y aunque se haya ido hace tiempo, porque durante cuatro años estuvo en coma, queda su legado. El de esa música ligera que, por estas horas, sacude con su ritmo en las radios y los canales de televisión de todo el país, un homenaje para los oídos de quienes la escuchan, en definitiva. Las imágenes de su despedida en la Legislatura porteña, con una multitud acercándose a darle el último adiós al genio que hizo del rock una rama del pop, son todo un síntoma de lo que representa para la cultura nacional. Por eso la presidenta Cristina Fernández de Kirchner decretó dos días de luto y la Capital Federal cambió su fisonomía. En las marquesinas electrónicas del subterráneo, en las estaciones del Metrobús y en las señales de tránsito de la emblemática avenida 9 de Julio pudo leerse aquella frase que inmortalizó el cantante en la despedida de Soda Stereo, el 17 de septiembre de 1997 en el estadio Monumental de River Plate: “Gracias totales”.
Miles de personas acompañaron el cortejo fúnebre hasta el Panteón de la Merced del Cementerio de la Chacarita. Y a ninguno de ellos le importó la lluvia, tal vez una señal de tristeza que llegó desde el cielo, un concierto de lágrimas. Es que Cerati no sólo deja tras su muerte una vida que empezó a languidecer el 15 de mayo de 2010, después de un recital que brindó en el escenario de la Universidad Simón Bolívar de Caracas. Cerati entregó todo por y para la música, por eso los reproches que alguna vez hizo públicos su madre, Lilian Clark, quien siempre creyó que el estrés laboral le abrió las puertas al accidente cerebro vascular (ACV).
Cerati había crecido en Barracas influenciado por King Crimson, David Bowie, The Beatles, Pink Floyd, XTC y Elvis Costello. De ese coctel inspirador nació Soda Stereo, para muchos el grupo más grande de la historia del rock en el país. Para tres generaciones fue el grupo más grande de la historia del rock. Pero se metió por la ventana de todo el continente a través de MTV y a principios de los noventa ya arrastraba multitudes en todos los estadios de América junto a Charly Alberti y Zeta Bosio, sus compañeros de aventura. Ellos fueron algunas de las personas del círculo íntimo del astro que se vieron muy afectadas en las últimas horas. “Todavía no caigo. Su cuerpo dijo que tenía que ir para ese lado. Se me pasa todo por la cabeza: el primer momento que llegó a casa, las charlas telefónicas en el 2007, los shows, todo fue bueno, hasta los momentos difíciles que pasamos como personas, amigos o hermanos fueron grandiosos y parte de lo que fuimos construyendo. Se fue una de las personas con más luz que conocí y estoy absolutamente agradecido a la vida por haberme cruzado con él”, contó Alberti, baterista de la banda. Y mencionaba un año clave para Soda Stereo, 2007, cuando una década después de la disolución del grupo volvieron a juntarse y llenaron seis veces la cancha de River Plate.
Charly no pudo llegar a tiempo al velorio porque no estaba en la ciudad. Pero lo acompañó en el sentimiento al igual que Zeta Bosio, ese amigo entrañable a quien Cerati conoció en la Universidad de El Salvador, cuando la música era un hobby y ambos pensaban hacer carrera en la arena publicitaria. “Tantos signos, tantos símbolos nos dejó en la vida... Gustavo fue un duende, un mago que generó todo esto. Lo voy a extrañar, pero su música seguirá viva en todos nosotros”, declaró el bajista, quien el año pasado acompañó a La Ley en el recital de Viña del Mar. Allí, el grupo chileno interpretó Crimen, ganadora de un premio Grammy Latino como mejor canción de rock en 2007. No fue el único. Seis distinciones recibió Soda Stereo de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación.
Zeta utilizó la palabra “signos” cuando habló de Cerati y no es casual. Signos fue su tercer álbum, pero el primero grabado y editado en CD. Fue en 1986, tiempos agitados para la música en el país, al compás de la Copa del Mundo que Argentina ganó en México. Entonces se había creado un mito: la rivalidad con Los Redonditos de Ricota, una de las bandas más populares del país, casi un superclásico en los escenarios. Su líder, el Indio Solari, le puso palabras a una disputa que nunca existió y que fue agitada por Sumo, otro grupo emblemático en los ochenta. “Ahora sí vas a poder evitar el cansancio de huir de la muerte. Todo este tiempo dormido fue necesario, quizá, para enseñarte a morir consolando a tus queridos. Los verdaderos artistas, estoy convencido, conocen la muerte antes de morir. Me has hecho disfrutar de tu dulce voz y de tus espléndidos juegos con las guitarras. Tu etapa solista fue sólida y aventurera y es lo que más me gusta de lo que nos has dejado”, reflexionó el cantante.
Cerati fue la cara más famosa de Soda Stereo, pero el grupo ya se había disuelto mucho antes de su fallecimiento el jueves en la clínica Alcla del barrio de Núñez. Lo que se perdió definitivamente con la partida del cantante fue un solista extraordinario. Tan completo era este porteño nacido el 11 de agosto de 1959 que no sólo iluminaba al público con su voz, también brillaba con la guitarra. Y en 1992, cinco años antes del “Gracias totales” que cerró el show de despedida en el Monumental, este notable artista lanzaba junto a Daniel Melero Colores santos. Aunque fue Amor amarillo el álbum que marcó su futuro en la soledad del escenario. Lo pergeñó en Chile, donde nació su primogénito Benito, producto del matrimonio con la exmodelo transandina Cecilia Amenábar. A fin de cuentas, ella fue la musa de aquel disco.
Bocanada se transformó en su segundo simple solista después de Soda. Tuvo una fuerza tremenda y muchos lo atribuyeron a las ganas contenidas de su autor tras el desenlace de la banda que lo impulsó. Aunque Fuerza natural fue su obra magna. Salió a la luz un año antes del ACV.
Con el fallecimiento de Cerati también se fue un laburante incansable de la música, una suerte de music-workaholic. Durante tres décadas estuvo arriba de una rueda imparable, fabricando letras, poniendo mente, garganta y cuerpo. Alguna vez reconoció: “Hacer música así, todo el tiempo, sin detenerse, es como pasarse de revoluciones. Cuando uno está montado en esa situación, es muy difícil que te des cuenta de algo más. Vas, vas, vas, de eso no hay duda, pero también creo que cierta sabiduría hay que empezar a incorporar para economizar energía. Está claro que el desboque total ya no me lo banco, el cuerpo me dice: ‘Flaco, pará’. Hace un tiempo que tengo ese plan, pero algunas cosas me dicen: ‘Bueno, poné en marcha ese plan de una vez’”. Sin embargo, Cerati nunca frenó. Y tampoco lo hará ahora. Su música, a fin de cuentas, seguirá sonando en la eternidad.
DAvellaneda@agea.com.ar
@davellaneda77