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Sin corona (Cuentos de sábado en la tarde)

En medio de cartas, fotografías y documentos enmohecidos hallados en baúles viejos en el sótano de la casa de tus abuelos, pasas los días y las noches buscando tus presuntas raíces teñidas de sangre real. Revisas apellidos, escudos y títulos que deberías portar como heredero de alguna familia prominente emparentada con monarquías europeas.

Consuelo Cepeda

19 de junio de 2021 - 12:31 p. m.
Imagen de referencia
Foto: Pixabay
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Fatigados por tus incesantes comunicaciones acerca de tus presuntos títulos nobiliarios, el Centro de Memoria Histórica encargado del reconocimiento de títulos y grandezas, ha accedido a revisar los documentos que tengas en tu poder y además te ha pedido que realices un examen de ADN para revelar tu genoma ancestral.

Todo va bien y estás casi listo para que, según como has soñado, los demás tengamos que hincarnos frente a tu distinguida presencia. Luego de recibir el kit del laboratorio, colocas la muestra de saliva en un pequeño tubo que envías para completar el riguroso análisis de ADN.

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El prestigioso laboratorio, después de un mes de pruebas, ha enviado los resultados que me enseñas con timidez y desdén, buscando algo de consuelo. Península Ibérica: treinta por ciento (Portugal); americano indígena: cuarenta por ciento (Ecuador, Perú, Colombia); África del Norte: Treinta por ciento.

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Tus pretensiones no tienen fundamento y te sientes acabado. Has gastado años enteros en una persecución de títulos nobiliarios queriendo distinguirte y te das cuenta que no hay asomo de realeza en tu sangre.

Acabas de saber que existe una corona que está disponible para todo el mundo y la cual es capaz de poner a todo el mundo de rodillas, tal y como sueñas. Te postulas para ella. El único requisito es cumplir con las condiciones señaladas por el mortal virus.

Por Consuelo Cepeda

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