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Enrique Arturo Diemecke está convencido del poder de la música para crear una cuarta y hasta una quinta dimensión. Por eso, para instaurarlas se sube al atrio del director, que está ubicado estratégicamente en frente de los músicos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB), pero de espalda al auditorio, y se sube con un salto imponente. Con ese acto demuestra que llegó, que está ahí para comandar la sinfonía y contar todas las historias que escribieron los grandes compositores clásicos y contemporáneas.
El músico mexicano, director titular de la OFB desde 2011, tuvo la iniciativa de montar la Octava Sinfonía de Gustav Mahler (1860-1911) y se encargó de coordinar a más de 400 en escena, para demostrar que en esta parte del universo también se puede pensar en grande y, además, convertir en viable lo que parecía imposible.
“Con Mahler y con los demás autores, el principal reto para mí con la orquesta se ha concentrado en el hecho de hacer presencia actual sin perder la importancia de toda la música clásica que tocamos. Muchas disciplinas han desaparecido y la música clásica, después de más de 300 años de estar tocándola, sigue aquí, así que algo debe tener”, comenta Diemecke, quien además de dirección también toca violín y corno, lo que le ha dado la posibilidad de ayudar a resolver los problemas técnicos que han tenido algunos de sus músicos.
El mexicano habla con metáforas y compara la música con una pieza de arte. A las dos hay que conservarlas, cada una necesita condiciones óptimas para ser disfrutada y apreciada. “El original de la Mona Lisa no se exhibe en una esquina, lo mismo pasa con la música clásica, que requiere un buen auditorio y un sonido perfecto”, dice.
Ahora el reto para Diemecke y para la OFB es participar en el Festival de Orquestas Sinfónicas del Mundo, evento que se realizará en Moscú desde el 2 hasta el 12 de junio. “Los organizadores nos pidieron varios programas y ellos mismos escogieron un fragmento que identificara la procedencia de la orquesta. Por eso interpretaremos piezas latinoamericanas con autores colombianos, venezolanos, argentinos y mexicanos”, comenta el director que espera poder subirse al atrio en Moscú con la ilusión de crear una quinta dimensión y la convicción de romper fronteras.