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Síntoma del universo (Cuentos de sábado en la tarde)

Estado de ánimo: en demolición. Y aunque espero no ser malinterpretado, no me interesan tus reacciones. No obstante, sabes bien que de vez en cuando es saludable detenerse, analizar, meditar y reflexionar.

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Orlando Plata González
25 de diciembre de 2021 - 09:00 p. m.
No en vano, mi padre fue de la Tierra y mi madre fue del Cielo; pero yo soy del Universo. He cruzado el océano y doblado cada curva, encontré el cruce de caminos que se esconde al final del arcoíris, he pasado por la magia y por la realidad de la vida.
No en vano, mi padre fue de la Tierra y mi madre fue del Cielo; pero yo soy del Universo. He cruzado el océano y doblado cada curva, encontré el cruce de caminos que se esconde al final del arcoíris, he pasado por la magia y por la realidad de la vida.
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Aislarse un poco del mundo, apagar los aparatos electrónicos, zarpar a una isla semidesierta en medio del Mar de la Tranquilidad, tender una hamaca wayuu entre dos palmeras con vista al atardecer y encender una hoguera donde arrojar la vanidad, la modestia, la egolatría, la adulación, la caridad y otras anclas del espíritu, hasta lograr arder en cenizas como el ave Fénix, extinguirse en el inextricable laberinto de la soledad y derribar cada muro de silencio, cada lugar común, y aniquilar el prejuicio, pero también la gratuita fe en la humanidad y el altruismo (léase bien, dije de vez en cuando) y un buen día darte cuenta de que eso de ser tan chévere en la vida e ir “de lindo” por ahí con la gente, regalando chocolates, palabras amables y sonrisas a todos sin esperar nada a cambio, en ocasiones, genera suspicacias y algunos quizá se pregunten si no estás actuando y tienes un propósito ulterior.

Pues no, yo soy así y no pienso cambiar, aunque me tildes de ingenuo. Eso no quiere decir que no me afecte la ingratitud, tan humana como la envidia; pero si actúo según mis convicciones y el dictado de mi corazón, es porque soy auténtico y no quiero desperdiciar mi vida pensando en callejones sin salida, pues cada reto que supero me fortalece y agudiza mis súper poderes. Sí… leíste bien. Al fin y al cabo, hago un balance de mi existencia y de repente me doy cuenta de que hay tantas cosas de mí que nunca te conté…

Pues bien, has de saber que he vivido ya tantas vidas y en tantos planetas, en épocas tan diversas y disímiles desde siglos inmemoriales, y he recorrido largos caminos ondulantes en lugares remotos, atravesado el cosmos en agujeros de gusano y explorado los confines de galaxias tan lejanas como misteriosas, pobladas de seres extraños, inescrutables y quizá peligrosos. Antaño recorrí en grata compañía los nueve círculos del Averno; vislumbré, una tarde de abril londinense, la silueta de un hombre caminando en la oscuridad hacia Gallows Pole escoltado por el verdugo y he visto naves espaciales arder en llamas más allá del cinturón de Orión. Cuando me vaya, todos esos instantes serán las migajas del tiempo cayendo en un reloj de arena.

Con el sincero ánimo de vanagloriarme, debo jactarme de haber sido gladiador en Las Pléyades, por allá en los albores del tiempo y en los confines del Universo; así como feroz morador de las arenas tristes en Tatooine, barquero en el río Aqueronte, Josué junto a las murallas de Jericó, Minotauro en el Laberinto, jardinero en Babilonia, Simbad en Las mil y una noches, Áyax Telamonio en la célebre guerra de Troya, astrónomo en Chichén Itzá, pirata cojo en las Antillas, mosquetero en la corte de Luis XIII, pintor de perros y caballos en Montmartre, librero en Alejandría, calígrafo en el Califato de Córdoba, monje en Meteora, traficante de sedas en Constantinopla, derviche girador en Turquía, mercader en Damasco, joyero en Ámsterdam, cuatrero en el lejano Oeste e incluso arquitecto de cielos espirales (actividad desconocida e impracticable en esta dimensión), entre tantas otras cosas, además de habitante de mundos lejanos en Alfa Centauri, Andrómeda, la Gran Nube de Magallanes e incluso más allá.

No en vano, mi padre fue de la Tierra y mi madre fue del Cielo; pero yo soy del Universo. He cruzado el océano y doblado cada curva, encontré el cruce de caminos que se esconde al final del arcoíris, he pasado por la magia y por la realidad de la vida. He vivido más de mil años y nunca me molestó. Por favor, no intentes contactarme, pues te destrozaría la mente; soy peligroso. He visto el futuro y lo he dejado atrás sin pestañear.

Sin embargo, debo reconocer que en mis numerosos viajes he conocido habitantes de los más distantes lugares de la Tierra y el hiperespacio, incluso de los imaginarios, como Camelot, Tlön, Yoknapatawpha, Avalon, Genovia, Macondo, la Ciudad Esmeralda, Shangri La, Liliput, Grayskull, Trántor, Ciudad Gótica y Nunca Jamás, y también mitológicos, como la Atlántida, el Valhalla, Shambala, el Olimpo, El Dorado y la Tierra Media; pero nunca conocí a gente tan ¡¾*&£¥ Ⱦ$%*¡#€£! como la de la Tierra.

Por Orlando Plata González

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