Hablemos de las dos primeras postales. Para Abraham, Nabokov es un despreciador. El escritor ruso de lengua inglesa, famoso por su novela, comete, según Abraham, un pecado imperdonable, confundir a Witold Gombrowicz (escritor polaco refugiado en Buenos Aires) con Jerry Kozinsky, o aún peor, no reconocer en absoluto a Gombrowicz.
El libro cuenta la historia de los desencuentros de Abraham con Nabokov, en la Argentina de los setenta. A lo largo de 237 páginas Abraham va tejiendo hilos entres escritores y su propia vida, como animador de los seminarios de los jueves en Buenos Aires.
El exceso de detalles biográficos del libro hace honor a su título, Situaciones postales. La vieja polémica del arte por el arte reaparece también aquí bajo la máscara de Nabokov. Abraham ilustra prolíficamente lo que él llama “posición estética sobre el arte”, que trasciende el psicoanálisis. La definición que nos da Nabokov sobre el buen lector es fascinante, “debe tener imaginación, memoria, un diccionario, sentido artístico y nada de sentido común”.
La tercera y cuarta postal se refieren a la relación entre la filósofa Hanna Arendt y la novelista y ensayista Mary McCarthy. Abraham reconstruye hábilmente el contexto de la posguerra europea y norteamericana. La relación con la religión (con el judaísmo) une a Arendt y McCarthy. Las palabras de McCarthy parecen proféticas y son además muy actuales, “no estoy a favor de los comunistas, sino en contra de la gente que está en contra de ellos”. En un tiempo marcado por el “macartismo” a la inversa (por el general McArthur y la cacería de brujas en los Estados Unidos de los cincuenta) es un gran gesto. El libro nos acerca también a la comprensión del nazismo, el racismo, y en particular, de lo que Arendt llamaba el “totalitarismo”.
El epílogo “leer a Arendt y a McCarthy ha sido un descubrimiento intelectual y erótico… nunca es tan cierta la información de que hay autores que se miran, se contemplan”. El trasfondo del escenario de Abraham es Michel Foucault y el concepto griego de parresia: decirlo todo.