“Me gusta mucho Picasso. Y nunca me ha molestado diferenciar el artista de la obra porque quizás a ese señor yo lo hubiera conocido y quizás no me hubiera caído tan bien por las cosas que me han explicado. Pero luego digo, ¿quién sabe? A lo mejor sí, o no lo sé. Y no me importa. Me disfruto su obra”. Con esas palabras la cantante española Rosalía desató una polémica en redes sociales que llegó hasta los titulares de medios alrededor del mundo.
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El debate sobre la separación de la obra del artista volvió a cobrar protagonismo. Mientras unos reprocharon sus palabras, otros aprovecharon el momento para contar desde sus orillas las actitudes que Pablo Picasso tuvo hacia las mujeres en su vida. En medio del revuelo, la cantante publicó un video en el que pidió disculpas y dijo: “Yo pensaba que Picasso era un hombre tremendo, todo lo que se ha dicho, que has oído hablar de ello, pero no tenía consciencia de que había casos reales de maltrato. Quiero pedir disculpas si hubo falta de sensibilidad por mi parte durante esa conversación con Mariana y falta absoluta de empatizar con esas mujeres y esos testimonios”.
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Más allá del caso de Picasso, son muchos los artistas y las celebridades cuyo comportamiento ha hecho que admiradores y consumidores se cuestionen su relación con la obra y su creador. Neil Gaiman, J. K. Rowling, Roman Polanski, Paul Gauguin, Sean P. Diddy y Woody Allen son algunos de los casos en los que las audiencias han debatido sobre este tema que, además, se trasladó a una de las charlas de la programación de El Magazín Cultural de la Feria Internacional del Libro de Bogotá.
Partiendo del texto “Monstruos” de la crítica de cine Claire Dederer, se abrió la charla en la que participó el artista y curador William Contreras. Aunque la teoría no fue la protagonista de la conversación, uno de los temas abordados fue la parte más emocional de este debate. En su texto, Dederer hace referencia a la sensación de traición que una persona puede sentir cuando revelaciones de conductas reprochables salen a la luz. “Ese es el centro y la gran dificultad de este asunto porque uno no tiene una relación neutra con las obras”, aseguró Contreras.
El artista habló sobre la unión que uno forma con una obra de arte por la construcción estética, filosófica, ideológica e intelectual de una pieza. “Una vez se impregna de turbiedad la obra porque el autor ha tenido fallas éticas comportamentales, queremos alejarnos de esa obra y de esa relación porque, de alguna manera, la obra de arte nos une al autor”, afirmó.
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Uno de los dilemas más activos en redes sociales con respecto a este tema, pues al consumir la obra de un creador como J. K. Rowling se apoya de manera económica la pieza y, por ende, las asociaciones y creencias del autor. Algunos han desarrollado maneras de distanciarse del todo de la obra o de consumirla sin que el dinero del espectador llegue a los creadores que no apoya. Para Contreras este es un punto importante pues, “si nosotros estamos viendo una obra de arte con la que profundamente nos identificamos y con la que podemos crecer y pues no sé, ser felices en la vida, también podemos quitársela al autor. Tenemos ese veto social de alguna manera”.
Entre las emociones que incluye Dederer en su reflexión, se encuentra la vergüenza ajena, a la que se refiere como “la máxima expresión de relación parasocial”. “Nuestras emociones, al fundirse con las de los artistas que nos gustan, nos hacen vulnerables de maneras enteramente nuevas en la era del internet. No es de extrañar que no sepamos cómo comportarnos en ese nuevo paisaje ni qué sentir”, escribió.
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Justamente en ese sentir es lo que hace que este debate se convierta en una materia del corte subjetivo. Y llegado el momento en la discusión de hablar sobre si se puede llegar a un consenso en esta materia. Para Contreras la respuesta a esta pregunta es “no” o, por lo menos, no es tan sencillo. Aunque reconoció que actualmente existe una facilidad de colectividad, el problema radica en la pregunta de “¿a quién seguimos? ¿Quién es el que sabe y desde qué punto?”. Dado que estas siguen siendo decisiones individuales, llegar a un manual o una forma universal de acercarse a este debate puede ser un desafío.
Este debate se extiende más allá de la conversación sostenida en el marco de la FILBo, pues las aristas para explorar son amplias en un debate en el que las opiniones y la subjetividad hacen parte de él.
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