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“Soli Deo Gloria”

Asintiendo tras sus maestros, al decir de Montaigne, el músico y escritor español Ramón Andrés (Pamplona, 1955) acomete en este libro sobre Johann Sebastian Bach la empresa principal en sus ya numerosos estudios sobre música.

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Carlos Andrés Almeyda Gómez / Sophia Vázquez Ramón
18 de diciembre de 2008 - 11:00 p. m.
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Ya ha declarado su devoción para con el genio alemán desde sus libros de poesía –Imagen de mudanza (1978) o La amplitud del límite (2000)–, así como desde toda suerte de libros dedicados a compositores como W. A. Mozart o desde una bella y bien documentada investigación sobre la historia de la música en la cultura, El mundo en el oído, publicada recientemente por la editorial El Acantilado.

En más de un sentido, Los días, las ideas y los libros comprenden algo más que el estudio de una biblioteca particular, llena ésta, como se refiere, de “poco más de ochenta libros entre los que se contaban títulos de teología y espiritualidad”. Además tiene ella la buena suerte de ser un retrato ponderado de la cultura occidental en tanto este libro escarba en los pliegues de la historia para revelarse más allá de la obra del más virtuoso y procaz de los compositores, revelar en todo caso que, al solaz de una constante alquimia entre la razón y el espíritu, las obras musicales aquí referenciadas y todo el universo intelectual y humano a su alrededor, no otra cosa podría ser sino su música. Así lo demuestra el acento con que el autor de este libro, Ramón Andrés, concluye su breve homenaje: “Quizá la música consista en eso, en revelar las cosas antes que adquieran nombre. Si ha quedado un libro abierto sobre el escritorio, el universo seguirá teniendo un espejo en la Tierra”.

Las debilidades en este hombre devenían, según se muestra, de una metafísica prístina, fruto de un inveterado cielo que asistía al maestro en más de una misa aún protestante pero ‘compleja y eterna’ desde lo sublime, acaso la biblioteca de sus contemporáneos e influencias. Dado es en la música que Bach, como hubiese hecho Dios, daba nueva forma a esos espejos deformes de la realidad, como era desde luego oportuno.

Siguiendo la línea de una colección bibliográfica para nada ambigua, el autor de ese brillante estudio demuestra cómo la obra que se regenta en estas páginas soporta el curso de esa ‘solvitur’ dotada de algo que sólo Bach pudo sostener, esto es, el sublime poder del músico inaugural de toda una tradición que, como bien lo refrenda el italiano Gesualdo Bufalino, hace a los no creyentes, seguidores de las máximas de este inveterado maestro: según la revelación y las síncopes, Dios parece existir, a pesar de todo.

De nada el statu quo

Me sirvo de los estudios, herramienta del pobre, dado que las estadísticas sirven a otros —lo demuestra Gómez Dávila— para soportar análisis como estos, este libro de la Universidad del Rosario. Nos servimos en este caso del análisis y de la academia, espejo imperecedero en este país del que aún se puede decir algo, sin salir culpable de males de gobierno. Los profesores y analistas Alan Gilbert y María Teresa Garcés trazan en Bogotá, progreso, gobernabilidad y pobreza un estudio acaso exento de culpa de esas grietas en lo que a constitución de ciudad se ha ido paulatinamente refiriendo. Poco o mucho se puede decir dejando por ello afuera el gran entramado de un caos ciudadano que aquí habla de problemáticas claras, la ciudad como suma o falta de tratados y planes tangibles, lo social, lo urbanístico, al decir de pensadores como Juan Carlos Pergolis, por ejemplo, o debacles como un mal y acrecentado manejo de lo plural: esa ciudad borgiana, menos poética en la práctica, por tanto no nos une el amor sino el espanto, pero un espanto que vale más como malas políticas de Estado. Revísese y se verá. La colcha de retazos que como ciudad conviene más en lo ambiguo que en esa sordina que cree estar situando a la ciudad en el plano de las metrópolis a salvo de ellas mismas querellas acaso apocalípticas… pero ciertas. 

Bogotá es, por así decir, un mapa de errores remediables, este libro demuestra nuestros dones y denuncia esos malos pasos, anclados en callejas mal ancladas y supuestos ciudadanos de esta Atenas sudamericana, un problema en manos del buen decir que libros como estos fundamentan.

Por Carlos Andrés Almeyda Gómez / Sophia Vázquez Ramón

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