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Sólo le pido a Dios

La folclorista más conocida de la Argentina se encuentra en estado crítico de salud.

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Fernando Araújo Vélez
01 de octubre de 2009 - 11:12 p. m.
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“¿Quién le dio permiso a Mercedes Sosa para estar en mi país?”, preguntó indignado, posesivo de su Argentina, el almirante Carlos Alberto Lacoste en mayo de 1982, luego de haberse enterado por el correo de las brujas que por aquellos años no era otro que el correo de los “informantes de la triple A (Alianza Argentina Anticomunista)”, que La Negra había regresado a la Argentina. Eran tiempos de dictadura, de fusil, desaparecidos, miles de desaparecidos y millones de prohibiciones. Tiempos negros.

Mercedes Sosa había vuelto a su tierra luego de que en 1978 la hubieran puesto tras las rejas en La Plata con 350 de sus espectadores pues, reseñaron los militares en sus informes, era subversiva. Era subversiva porque cantaba “Gracias a la vida que me ha dado tanto”. Era guerrillera porque recitaba “Uno vuelve siempre a los mismos sitios donde amó la vida”. Era contestataria y rebelde porque pregonaba “Me gustan los estudiantes, jardín de nuestra alegría, son aves que no se asustan de animal ni policía”.

“Te siguen buscando, Negra”, le informó Leonardo Favio, o eso dijeron. Ella huyó de nuevo a París. Después recaló en Madrid. Retornó a Buenos Aires cuando Raúl Alfonsín ya había asumido la presidencia de la República. Volvió para vivir, pero también para cantar. En últimas, desde que en 1965 se presentó por vez primera en un escenario, de la mano del cantor Jorge Cafrune, vivir y cantar fueron parte de lo mismo.

Por eso un día, en pleno recital, 15 años atrás, el 9 de julio, día de su cumpleaños número 59, lloró mientras recorría palabra tras palabra de Volver a los 17 porque ese día su nieta cumplía 17. Entonces la recordó y descorrió parte de sus años, aquellos 36 meses en el exilio sin verla. Y cantó “Volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios”. Y lloró, aunque luego se hubiese arrepentido, “porque un artista debe dominar la escena, el público, y no dejarse subyugar por ellos”.

Luego, pasados la nostalgia y el dolor, revivió viejas, muy antiguas canciones, como aquel “Romance de la muerte de Juan Lavalle” tomado de Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato, su primera grabación, o Alfonsina y el mar, la historia de la poetisa Alfonsina Storni, escrita por Ariel Ramírez y Félix Luna, tal vez la historia que ella misma hubiera deseado escribir. “Por la blanda arena que lame el mar, Su pequeña huella no vuelve más, un sendero sólo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda, un sendero sólo de penas mudas llegó hasta la espuma”.

Habló. Se deshizo en críticas y hasta en maldiciones contra los años de la opresión y contra el indulto que firmó Carlos Menem a favor de los militares. “Porque esos militares no pueden ir hoy tranquilamente por la calle. Astiz, el ángel de la muerte, estaba un día en un bar y tuvo que irse porque la gente le corrió. ¡Ese hombre se infiltraba en las manifestaciones de las Madres de la Plaza de Mayo para saber sus nombres!”. Al final calló y el estadio de Vélez Sarsfield calló con ella. Milton Nascimento se le acercó, le susurró en su español brasileño que ya todo había pasado, que la pesadilla había concluido.

Despacio, en voz muy baja, con el micrófono pegado a sus labios, empezó a cantar “María, María es un don, es el sueño, el dolor de una fuerza que nos alerta, una mujer que merece vivir y amar como otra mujer del planeta... María, María es el sol, es calor, es sudor, y una lágrima que corre lenta...”. Entonces La Negra se pasó un pañuelo blanco por los ojos, se le pegó a su amigo y con él fue entonando “De una gente que ríe cuando debe llorar y no vive, apenas aguanta. Pero hace falta la fuerza, hace falta la raza, hacen falta las ganas, siempre, dentro del cuerpo y las marcas María, María confunde dolor y alegría”. Todos sabían esa noche, allí en las tribunas, en la gramilla y afuera y sobre el escenario, que esa María era Mercedes Sosa. Ella también.

Por Fernando Araújo Vélez

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