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Siempre definimos nuestros días en razón al futuro: Voy a hacer esto, aquello o lo otro. Pero no siempre somos conscientes de que también somos lo que recordamos y resolvemos mirar de nuestro propio pasado. Spidermarx y el ratón Miguel en el último comic, explora, el encuentro ficticio y juguetón, de dos antagónicos en este presente incierto.
Es un contrapunto de ironía, fracaso y esperanza, inspirado en Marx, Bakunin y en dos actores que enfrentan graves crisis. Un juego poético y emocional que cuestiona la tendencia a endiosar o demonizar a estos míticos personajes, y nos lleva a reconocernos mientras lo hacemos. Iván Darío Álvarez, del grupo La Libélula Dorada, y yo, César Badillo, de La Candelaria, nos hallábamos en una encrucijada de pérdidas, duelos y crisis con las ideas. Él lloraba la muerte de su hermano, con quien fundó de La Libélula; y yo me despedía con angustia y dolor de La Candelaria, después de 45 años de pertenecer al grupo.
El vacío nos rodeaba y la incertidumbre abría un hueco sin fondo. Para no hundirnos, decidimos crear: escribir algo que transformara el dolor en impulso, y la perplejidad en acto poético compartido. Cada uno había tenido su relación con Marx y Bakunin: historias rivales, él anarquista y yo marxista, perspectivas diferentes y conflictivas.
Ambos conocíamos Marx en Sojo, de Howard Zinn; lo leímos y decidimos no hacerlo literalmente, sino usarlo como semilla para inventar algo distinto, más nuestro y contemporáneo. Al ir escribiendo nos preguntamos cómo procesar poéticamente a estos personajes: descifrar la belleza de dos humanos que entregaron la vida a proyectos de cambio social, en tiempos crueles para los trabajadores.
Impulsados por nuestros duelos, comenzamos a urdir en la historia de dos actores, que somos nosotros mismos, y que se enfrentan al cuestionar su vida, sus ideas, y muchas otras cosas que no revelaré para no despojar la obra de su misterio. Pero con dos personajes de tanto peso como Marx y Bakunin, y con nuestros propios padecimientos, no queríamos caer en la solemnidad trascendental. Preferimos probar el lenguaje del cómic y la caricatura, como espejo deformante. No se trataba de un lamento, ni de un ego inflado: qué pereza, ¿a quién le importan nuestras vidas? Todos cargamos dramas. La intención era otra: El teatro no como confesionario, sino como laboratorio de lenguaje e ideas. No espejo complaciente, sino riesgo compartido.
El dolor no para erigir monumentos de nosotros mismos, sino para disolverlo en lo colectivo, en la ironía y la poesía. Lo íntimo se transmuta en forma, gesto y acto, donde la vulnerabilidad se vuelve lenguaje. Buscando curar nuestro espíritu convulso, evocamos las pasiones y fracasos que llevaron a Marx y Bakunin, dos enemigos irreconciliables, a entregar la vida por transformar el mundo, los revisitamos no para convencer a nadie, sino para confrontar sus ideas con humor, teatro e ironía.
En la obra 12 títeres acompañan a los actores, que unidos por oficio y creatividad, encarnan la divertida y vibrante trama que palpita en un escenario de vacilaciones, humor y rebeldía. Nos definimos por presente y futuro, pero también por el pasado inevitable que nos sustenta. Esta obra le habla, a quienes aman u odian a Marx y Bakunin, a quienes les son indiferentes o no los conocen, a quienes quieran reírse de ellos, o de dos actores en crisis. Les habla a todos los niños de 14 a 100 años que quieran divertirse.
* Últimas funciones de este año: Alianza Colombo francesa, 3, 4 y 11 y, Teatrova 17,18, 19 de septiembre.