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“Somos también lo que recordamos”: Spidermarx y el ratón Bakunin

César Badillo, del Teatro la Candelaria e Iván Álvarez, de la Libélula Dorada, tuvieron gran éxito en la presentación de su obra Spidermarx, que estuvo en el auditorio del Teatro Julio Mario Santo Domingo hace unas semanas. El primero cuenta por qué se trató de “transformar el dolor en impulso, y la perplejidad en acto poético compartido” e invita a las próximas funciones.

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César Badillo * / Especial para El Espectador
01 de septiembre de 2026 - 03:00 p. m.
En el Congreso Marxiano Internacional Contemporáneo (COMIC) de Bacatá, dos enemigos irreconciliables, SpiderMarx y el ratón Bakunin, deben resolver por qué  sus ideas de rebeldía entraron en crisis.
En el Congreso Marxiano Internacional Contemporáneo (COMIC) de Bacatá, dos enemigos irreconciliables, SpiderMarx y el ratón Bakunin, deben resolver por qué  sus ideas de rebeldía entraron en crisis.
Foto: Cortesía Teatro Mayor
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Siempre definimos nuestros días en razón al futuro: Voy a hacer esto, aquello o lo otro. Pero no siempre somos conscientes de que también somos lo que recordamos y resolvemos mirar de nuestro propio pasado. Spidermarx y el ratón Miguel en el último comic, explora, el encuentro ficticio y juguetón, de dos antagónicos en este presente incierto.

Es un contrapunto de ironía, fracaso y esperanza, inspirado en Marx, Bakunin y en dos actores que enfrentan graves crisis. Un juego poético y emocional que cuestiona la tendencia a endiosar o demonizar a estos míticos personajes, y nos lleva a reconocernos mientras lo hacemos. Iván Darío Álvarez, del grupo La Libélula Dorada, y yo, César Badillo, de La Candelaria, nos hallábamos en una encrucijada de pérdidas, duelos y crisis con las ideas. Él lloraba la muerte de su hermano, con quien fundó de La Libélula; y yo me despedía con angustia y dolor de La Candelaria, después de 45 años de pertenecer al grupo.

El vacío nos rodeaba y la incertidumbre abría un hueco sin fondo. Para no hundirnos, decidimos crear: escribir algo que transformara el dolor en impulso, y la perplejidad en acto poético compartido. Cada uno había tenido su relación con Marx y Bakunin: historias rivales, él anarquista y yo marxista, perspectivas diferentes y conflictivas.

Ambos conocíamos Marx en Sojo, de Howard Zinn; lo leímos y decidimos no hacerlo literalmente, sino usarlo como semilla para inventar algo distinto, más nuestro y contemporáneo. Al ir escribiendo nos preguntamos cómo procesar poéticamente a estos personajes: descifrar la belleza de dos humanos que entregaron la vida a proyectos de cambio social, en tiempos crueles para los trabajadores.

Impulsados por nuestros duelos, comenzamos a urdir en la historia de dos actores, que somos nosotros mismos, y que se enfrentan al cuestionar su vida, sus ideas, y muchas otras cosas que no revelaré para no despojar la obra de su misterio. Pero con dos personajes de tanto peso como Marx y Bakunin, y con nuestros propios padecimientos, no queríamos caer en la solemnidad trascendental. Preferimos probar el lenguaje del cómic y la caricatura, como espejo deformante. No se trataba de un lamento, ni de un ego inflado: qué pereza, ¿a quién le importan nuestras vidas? Todos cargamos dramas. La intención era otra: El teatro no como confesionario, sino como laboratorio de lenguaje e ideas. No espejo complaciente, sino riesgo compartido.

El dolor no para erigir monumentos de nosotros mismos, sino para disolverlo en lo colectivo, en la ironía y la poesía. Lo íntimo se transmuta en forma, gesto y acto, donde la vulnerabilidad se vuelve lenguaje. Buscando curar nuestro espíritu convulso, evocamos las pasiones y fracasos que llevaron a Marx y Bakunin, dos enemigos irreconciliables, a entregar la vida por transformar el mundo, los revisitamos no para convencer a nadie, sino para confrontar sus ideas con humor, teatro e ironía.

En la obra 12 títeres acompañan a los actores, que unidos por oficio y creatividad, encarnan la divertida y vibrante trama que palpita en un escenario de vacilaciones, humor y rebeldía. Nos definimos por presente y futuro, pero también por el pasado inevitable que nos sustenta. Esta obra le habla, a quienes aman u odian a Marx y Bakunin, a quienes les son indiferentes o no los conocen, a quienes quieran reírse de ellos, o de dos actores en crisis. Les habla a todos los niños de 14 a 100 años que quieran divertirse.

* Últimas funciones de este año: Alianza Colombo francesa, 3, 4 y 11 y, Teatrova 17,18, 19 de septiembre.

Por César Badillo * / Especial para El Espectador

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