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“No es un silencio, son los gritos del silencio. Hay una musicalidad incluso en el silencio. La poesía del gesto crea una musicalidad en el alma del público”, respondió el reconocido mimo francés Marcel Marceau cuando le preguntaron cómo se escucharía su silencio en medio de los ruidos del mundo. Este genio de la pantomima creía que la mentira no tenía cabida donde no había palabras y que el mimo debía ser claro y legible. Sin trampas.
En la obra 8 y ¼, corre Sarita, corre, de la compañía de teatro Velatropa, de Bogotá, las palabras también son reemplazadas por la fuerza del gesto y la expresión corporal. Aunque su trabajo está influenciado por la escuela de mimos europeos que abogaban por la autosuficiencia de los movimientos del artista para contar historias, este grupo de profesionales colombianos se nutre de distintas disciplinas para conseguir sus propios y particulares resultados.
“Hace 10 años Velatropa nació como un colectivo interdisciplinario que se fijó el objetivo de encontrar nuevos órdenes de un teatro del cuerpo y de la imagen. Hacemos acciones performáticas y actos públicos, sacando al teatro de sus lugares comunes”, dice Paula Sinisterra, directora del colectivo.
“En 8 y ¼ partimos de un lenguaje gestual, cercano a las técnicas del mimo corporal dramático, del teatro físico, del clown, de un teatro silencioso inspirado en el cine mudo”. La estética de la comedia de Charles Chaplin y el humor visual del Gordo y el Flaco sirvieron como inspiración para esta obra que cuenta la historia desde un lenguaje cinematográfico. Las aventuras de Sarita, una niña vendedora de dulces que tiene que atravesar la caótica ciudad de Bogotá para llevar unos zapatos rojos a una obra de teatro antes de las 8:15, están contadas a partir de encuadres, como sucede en el cine.
“La escenografía es una pantalla gigante y todo lo que ocurre se ve como tomas cinematográficas. El televisor tiene unas ventanitas para hacer close-ups. Hay primeros planos de las caras de los personajes y otras escenas donde sólo se ven los pies”, explica Sinisterra.
Para guiar al espectador acostumbrado a escuchar las voces de los artistas, la obra utiliza imágenes, objetos y letreros que permiten seguir el argumento. La música, que se escucha de principio a fin, no se reduce a un acompañamiento de fondo. Las melodías y efectos sonoros, creados por los músicos de la compañía, le dan vida a los objetos, animan cada uno de los movimientos corporales y retratan las distintas emociones de la trama.
Velatropa rebasa la idea más tradicional y comercial del teatro de sala y propone una nueva experiencia artística. “Esta obra es un homenaje a todos esos personajes de la ciudad que tratan de sobrevivir y se han hecho especialistas en el oficio del rebusque”, comenta su creadora.
- Temporada hasta el 30 de junio, en la fundación Teatro Nacional, calle 71 Nº 10-25. Boletas en www.tuboleta.com