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Tejer la memoria con una cámara

Esta productora colombiana ha buscado darles voz, desde las películas en las que ha trabajado, a aquellos que han sido muchas veces silenciados.

El Espectador

01 de diciembre de 2018 - 09:00 p. m.
Wajib, la primera película colombo-palestina, es la más reciente obra producida por Cristina Gallego. / Natalia Pedraza
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Natural, modesta y precisa. No existen alardes en su vocabulario ni elementos que sobren en su vestuario. El oxímoron de lo complejo que resulta ser una persona sencilla. Un metro con sesenta centímetros aproximadamente de estatura, cabello negro corto y una actitud sobria que demuestra cordialidad, pero firmeza en sus posturas frente al modo en que estamos entendiendo el mundo a través del arte y sus historias.

Como cineasta se ha encargado de poner el arte al servicio de los menos escuchados, de los menos observados. Su creatividad y su mirada han enriquecido el cine colombiano. Su trabajo como productora es el resultado de una serie de factores que le apasionan. El cuidado de los montajes, de la calidad del sonido y los pequeños detalles que entrelazan una trama requieren disciplina, inquietud, inmiscuirse en varios escenarios que van dando sentido y forma al cine.

Todas esas tareas de producción, que están tan cercanas a las labores de dirección de una película, las asumió Cristina Gallego desde que entró a la Universidad Nacional a estudiar cine y televisión a finales de la década de 1990. Su paso por la Facultad de Publicidad y Mercadeo del Politécnico Grancolombiano también le ayudó a potenciar su creatividad, esa misma que florecía con los colores de la primavera desde que era pequeña y sostenía una cámara.

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La mochila que carga en el hombro no solo nos sugiere su cariño con la cultura wayuu, esa misma comunidad indígena que retrató junto con Ciro Guerra, su esposo y compañero de trabajo, en Pájaros de verano, la película que visibiliza la bonanza marimbera en la Costa Atlántica y el poder quimérico del narcotráfico para permear hasta aquellos lugares en los que los sueños y los relatos de una cultura ya nos hablaban de un realismo mágico.

Gallego teje sus películas con el cuidado y el respeto que se le guarda a lo artesanal, visto como lo sagrado, como aquello que nos mantiene arraigados a unas costumbres, a unas raíces que se van alimentando con la atención que se le debe brindar a aquello que nos representa y que nos define. Va por el mundo observando, descubriendo, convencida de que la historia de su siguiente película puede estar a la vuelta de una esquina o en el personaje que llega tarde a la terminal de transportes y se sube al primer bus que sale.

De una u otra manera, ella es La sombra del caminante, el título de su primera película, el primer amor de su vida fílmica. La sombra de un caminante, de todos los caminantes, que son vida, son personajes, son trama, son principio y final, la posibilidad de ser ellos en un guion, o de robarles un poco el alma para ponerlos en una película. Luego vienen las investigaciones, los proyectos, conseguir patrocinios, locaciones, castings, la idea que va caminando, que es el caminante, y si acaso, el filme con todas sus posibilidades.

“Todo esto que termina esta semana comenzó en septiembre de 2015 -escribió para El Espectador en marzo de 2016-. Primero debíamos lograr que la Academia Colombiana escogiera El abrazo de la serpiente como candidata por Colombia. Luego conseguir los fondos para hacer la campaña. Logramos reunir entre Caracol, Proimágenes, Ciudad Lunar y el distribuidor en EE. UU., en esta primera instancia, una tercera parte de lo que harían otras películas en la misma categoría. Esta es básicamente una campaña política en la que se busca sensibilizar y llegar a la mayor cantidad de miembros votantes, a través de prensa, proyecciones, charlas, simposios”.

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Y al final, volver a empezar. Huirles a los círculos de vanidosos para buscar de nuevo, para descubrir, para encontrar y hacer su obra. Este año fue Pájaros de verano, un suceso, una historia, la memoria de los que no tuvieron voz. Mañana será otra película, con otros personajes y otros estilo. Otra memoria.

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