30 Apr 2021 - 2:00 a. m.

“Territorios Barichara”: dependiendo de los ojos, cambia el paisaje

Esta exposición se inaugurará el sábado 1° de mayo en la Fundación Escuela Taller de Barichara. Los artistas que serán parte de la muestra profundizarán sobre las distintas formas en las que se concibe el paisaje a partir de nuestras individualidades.

Para Julia, la neblina rozando los cerros era un acontecimiento. Esa imagen la conmovía. Era capaz de devolverle la esperanza en los momentos más hondos de tristeza: durante algunos días de la semana abría los ojos y solo quería cerrarlos. Se obligaba a dormir más tiempo para no tener que enfrentarse. Cuando lo lograba, se levantaba, se preparaba un café y se sentaba en su balcón a mirar hacia los cerros. Cuando la neblina los rozaba, ella también sentía que la tocaban, y entonces suspiraba y se aferraba a la belleza de ese momento para vivir un día más. Para Gloria, muy por el contrario, la neblina era una pesadilla que se acercaba en forma de fantasma, de maldición: uno de los días en los que vivió en una zona rural muy cercana de un páramo colombiano, extrañó a su hermano, que no sintió llegar la noche anterior. Cuando se despertó y no lo vio en su cama, salió a buscarlo. El viento gélido le enrojeció las mejillas, y la neblina, durante algunos minutos, ocultó el cuerpo muerto de Javier, que yacía en un pedazo de tierra ya muy lleno de sangre. Le habían pegado tres tiros: uno en la frente, otro a la altura del corazón y otro en la rodilla. Después de gritar sobre él, se devolvió como pudo hasta su casa para llamar a alguien: no podía respirar ni levantar a su hermano sola. Corrió, de nuevo, en medio de la neblina, algo que para ella fue una burla: ocultó la tragedia que se le avecinaba y le retrasó el paso de regreso a casa. Para Julia, entonces, la neblina era vida, pero para Gloria era muerte y rencor y tristeza.

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