Éste no es un enfrentamiento musical. En un país con las características de Colombia se tienen ya bastantes disputas como para crear otra desde el arte.
Aquí lo más conveniente es hablar de encuentro, que es, al fin y al cabo, lo que va a suceder el 20 de Julio con el Gran Concierto Nacional-Música para la Convivencia, una iniciativa del Ministerio de Cultura con la coordinación artística de Iván Benavides.
Los invitados a este encuentro (jam) son Jorge Celedón, figura prominente del vallenato, y Andrés Cepeda, quien fusiona el rock con estilos románticos.
Andrés Cepeda (A.C.)– El primer recuerdo que tengo de Jorgito es, tal vez, el mismo que tienen todos los colombianos, y es cuando tenía once años y cantaba ‘Oye mamá, en la puerta hay un señor que dice que es mi papá y que quiere hablar contigo’. Claro que después estuvimos juntos en un concierto que hicimos en el estadio El Campín y ahí hicimos un dúo interesante porque cantó una canción de Soda Stereo.
Jorge Celedón (J.C.)– Claro que lo recuerdo porque a mí lo que más me gusta de tu estilo es que haces música con pies, porque eres versátil, cantas boleros, aunque también se te escuchan bien los temas rockeros, como ese de Soda Stereo.
A.C.– Hablando de conciertos... lo que va a pasar el 20 de Julio va a ser muy grande. A mí me invitó Iván Benavides, un gran amigo que me encontré a lo largo de esta carrera musical.
J.C.– El concierto para la convivencia me parece muy interesante y lo que más me emociona es que nos hemos vinculado artistas de todos lados para mostrar la cara linda de Colombia.
A.C.– Desde hace mucho tiempo existe esta idea de reunir a representantes de la música nacional, y a mí me pareció muy bueno porque es una manera hermosa de hacerle un homenaje a la fecha, es una manera de sentirnos colombianos; para mí es un honor hacer parte de este Gran Concierto.
J.C.– Para mí también es todo un orgullo. Yo, por ejemplo, voy a estar en la Casa Blanca, pero igual al que le toca en Leticia
tiene la misión de hacer sonar su tierra.
A.C.– Además de estar los dos invitados al Gran Concierto del 20 de Julio y de haber cantado una canción del rock en español, nosotros tenemos en común que hicimos parte de grupos reconocidos. ¿No?
J.C.– Claro... yo duré con el Binomio de Oro de América tres años, en los que me pareció fascinante conocer la industria de la música vallenata.
A.C.– Para mí salir de una banda como Polygamia para llegar a asumir mi propia carrera como solista fue difícil, aunque lo hice, creo, en un orden bastante lógico. En el grupo todos éramos muy jóvenes y experimentamos cosas por primera vez en cuanto a grabaciones y conciertos, y eso me preparó para lo que vino después.
J.C.– A mí también. Hice parte del Binomio de Oro de América, y tanto en ese entonces como ahora hago lo que me gusta. Ahora miro las cosas de diferente manera. Ese era el grupo número uno y lo sigue siendo, y para mí era una gran responsabilidad. Lo que más aprendí de allá fue a armar muy buenos equipos. Esa mecánica la sigo asumiendo hasta hoy.
A.C.– Tanto en Polygamia como ahora creo que se siente mucho que me formé en la ciudad. Por eso me gusta que mi música refleje nuestro entorno. Es muy complicado sustraerse de la realidad para componer y cantar en un país tan particular como Colombia. Creo que cuando alguien escucha lo que canto se nota que me crié en una ciudad convulsionada como Bogotá.
J.C.– Yo, en cambio, crecí con el vallenato, aunque también escuché un poco de ranchera por el entorno. Yo soy de Villanueva y naciendo ahí era fácil que mi vida estuviera ligada al vallenato porque de ahí es Egidio Cuadrado, Israel Romero y los hermanos Zuleta. A mí, en mi tierra, me tocó ver triunfar a tanta gente.
A.C.– A mí, por ejemplo, siempre me ha interesado saber de dónde vengo musicalmente para mezclarme bien y lograr una fusión limpia.
J.C.– A mí me gusta que la música tenga raíces, pero quiero que también tenga pies para que se mueva.
A.C.– Eso fue más o menos lo que hiciste con la canción Qué bonita es esta vida.
J.C.– Claro... esa canción es un guapango mexicano muy próximo al merengue, y creo que la logré vestir con el traje vallenato.
A.C.– Así es... nuestra esencia como colombianos es la diversidad y el mestizaje que nos ha caracterizado sigue ahí. Son muy pocas las personas que se han dedicado a hacer folclor puro porque lo viven como una herencia ancestral y así se lo muestran al mundo. Por ejemplo los Gaiteros de San Jacinto son muy puros en lo que hacen y siempre respetan su raíz.
J.C.– Nuestro pueblo tiene distintas formas de hablar. Está la comunidad que se expresa con el vallenato, está también el grupo que logra comunicarse con el bambuco y cada cual conserva sus raíces.
A.C.– A mí me parece que siguen existiendo y siguen siendo importantes aquellas manifestaciones campesinas que nos dieron origen. Yo soy de la ciudad, mis papás también, pero mis abuelos son de las zonas rurales y eso alcanza a influir.
J.C.– A mí, por ejemplo, me gusta cantar vallenato y no creo que lo deje de hacer nunca. Pero sí pienso que nuestra música en el exterior sigue amarrada a la cumbia, y de ahí el éxito de Shaggy en el que incluye La cumbia cienaguera.
A.C.– Esa es una circunstancia que ha pesado, y es que los sonidos del Caribe siempre han estado más vulnerables a lo que viene de afuera y también han tenido los puertos a su disposición para escucharse en el exterior. Pero creo que los exponentes de otros géneros hemos aprendido también a hacernos escuchar por fuera; un ejemplo claro es el grupo Chocquibtown.
J.C.– Por eso me siento muy orgulloso de ser colombiano. Me encanta nuestro café, admiro las mujeres que nacen en esta tierra y me creo todo el cuento que dicen de lo hermoso que tiene Colombia. Y ese orgullo se incrementa cuando escucho la variedad de sonidos que tiene mi tierra, porque también somos ricos en sonidos.
A.C.– Así es... nuestro folclor es tan variado y tan rico que tenemos mucho de dónde escoger.