A quién se le ocurre que uno pueda frenar el tiempo usando una bicicleta. Claro, se te metió en la cabeza la idea de que si una persona viaja a una velocidad mayor constante el tiempo pasa de manera diferente, más lento. ¿No? ¿Es eso lo que dice ese otro genio como tú, Einstein? Tan inteligente tú: veías aterrizar los aviones en Cúcuta, cuando te escondías de los guardas para entrar a Colombia desde Venezuela; se te ocurrió entonces que hay maneras comunes de aplicar esa teoría. Me decías: “En el aterrizaje los pilotos controlan la velocidad de los aviones por unos segundos, van a una velocidad más rápida y constante que los que estamos en tierra. Por consiguiente, el tiempo pasa más lento para los pasajeros y eso se puede observar desde lejos. El efecto en los pasajeros, en los relojes de los pasajeros, es de una fracción de segundo porque todo dura poco tiempo. Nadie se da cuenta”.
Pero si intentas reproducirlo en bicicleta entran otros factores. No sé cuáles. Yo sólo soy un mensajero en bicicleta de un sistema de delivery online. Así me gano la vida. Pero claro, tú que además de mensajera eres física teórica. La última física teórica graduada de la Universidad Libre de Caracas; un genio, con algún problema, porque si hubieras hecho bien los cálculos que se deben hacer cuando se juega con el espacio y el tiempo, no estaríamos acá colgados, sin que pase el tiempo, sin que le hagamos falta a nadie, sin que nadie note que no estamos. Aunque para nosotros sí pasa el tiempo o parezca que pasa y estamos juntos en el mismo lugar. Uno, o hace bien los cálculos o no los hace y cumple su trabajo. Se esfuerza y cumple, como dice el eslogan de la aplicación de mensajería de la que vivimos… vivíamos… estábamos viviendo. No sé. No quiero saber.
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Estoy de acuerdo con que yo soy responsable. Responsable de ser tan irresponsable de escuchar tus delirios en las mañanas lluviosas cuando nadie hace pedidos y pasa el tiempo. Mejor decir: pasaba. Ahora que ya no estamos en ese tiempo que pasaba, sino en este otro que no pasa.
Como veíamos los aviones que van a aterrizar desde la mampara que nos protegía de la lluvia, a ti te dio cada mañana por elaborar la teoría de que un mensajero en bicicleta podría acelerar el tiempo para entregar los pedidos más rápido. En esos días, uno se pone a conversar y a coquetear. Empieza a creerle cualquier cosa que diga a la compañera de trabajo buena persona, que enamora y que habla bien. Estudiada, adorable.
El mes pasado empezaste a resolver el asunto y se nos ha convertido en un problema. Con la balanza y el columpio, colgando la bicicleta en la cuerda que tendimos en el caño, detrás del supermercado donde nos dejan esperar a los mensajeros para que no incomodemos, lograste lo que al principio parecía una maravilla. Recibíamos el pedido, cambiábamos la lógica del tiempo, y ya, listo. El pedido llegaba muy a tiempo. Batíamos los récords en la aplicación. Entregábamos rapidísimo.
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Dijiste que a lo mejor habría un problema y lo hubo. Los hay. En ese momento debíamos haber parado todo: el coqueteo y los experimentos. Era evidente que nos íbamos a meter en problemas. No sé por qué te hice caso. En parte para resolver el problema del tiempo perdido en los deliverys, pero sobre todo porque me gustas... No sé qué ni cuándo ni dónde siento lo que siento por ti, ni lo bueno, ni lo malo.
Para que los lectores no se confundan, explico: Jenny, que así se llama la genio, inventó un balancín —conténtense con esa descripción— por donde nos descolgábamos, desacelerábamos a velocidad constante y el tiempo pasaba más rápido para nosotros. Gracias a eso podíamos entregar el pedido un segundo después de que quien pedía el domicilio hiciera la comanda en su teléfono. Nadie se daba cuenta de que había algo raro. No, simplemente rompimos los tiempos de entrega de la aplicación. Nos premiaron y todo.
Solo tuve un problema. Un día me entretuve devolviendo un WhatsApp a los del equipo de microfútbol mientras me desaceleraba en el balancín, como tú dices, el tiempo pasó más rápido y timbré en la puerta antes de que la señora de la casa de la calle 107 hiciera el pedido. Lo recibió y como no le gustaron los huevos que yo había llevado, hizo el pedido con otros huevos y después dijo que yo le había llevado lo que no era. Si con las entregas a tiempo son abusivos, imagínense si reciben el pedido antes.
Ese día, devolviendo los huevos que me había pedido la señora —porque los de la aplicación te ponen en eso: a devolver los huevos que no son y a traer los huevos precisos que pide la cliente de la 107—la genio pensó. En ese ir y venir, acelerando el tiempo para cumplir ese y otros pedidos que se me habían acumulado por lo de la desacelerada de más, tú me ayudaste. Al terminar el día, quedamos agotados y nos besamos por primera vez. Pero a tí se te disparó la imaginación y te quedaste con la idea de que era posible detener el tiempo.
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Querías tener un sistema de suspensión del tiempo para descansar más tiempo durante el día. No sólo entregaríamos más rápido, como ya lo estábamos haciendo, sino que pasaríamos el mediodía más despacio, a otro ritmo. Podríamos dormir siesta, chatear y hasta hacer el amor escondidos detrás del tiempo que nos pasa a nosotros, pero que no les pasa a los demás. Querernos a destiempo. Lo que no podemos hacer cuando el tiempo es común y corriente. Porque la aplicación no pierde una y hay que estar muy atentos y cumplir. No da tiempo. Tu propuesta sonaba bien: cumplir las primeras tareas de la mañana acelerando el tiempo, descansar a medio día deteniéndolo, comiendo, hablando, riéndonos de estar juntos y retomar la tarde acelerando el tiempo, cumpliendo casi tres o cuatro jornadas en una. Buenísimo.
Y lo lograste. Detuviste el tiempo y ahora no sabes cómo ponerlo en marcha de nuevo. “Porque para que el tiempo pase necesitamos acelerarlo y no podemos acelerarlo porque el tiempo no pasa, porque la fórmula de la aceleración es una derivada del tiempo y lugar. Y no estamos en ninguna parte y el tiempo no pasa”, dices. Yo soy un delivery domiciliario, no entiendo nada. Sólo sé que estamos acá matando el tiempo que no pasa, juntos y solos.
Me voy a calmar y te voy a hacer la pregunta que te quiero hacer desde hace un tiempo, un no tiempo: mi amor, mi corazón, mi adorada física cuántica chiflada, ¿de verdad no sabes cómo volver a poner el tiempo en marcha? ¿Es verdad, o me estás engañando? Es que ayer me dio la sensación de que estás feliz —yo también contigo, esa parte no es lo que me preocupa— y de que te quieres quedar conmigo en este no lugar, donde no pasa el tiempo.