8 Dec 2020 - 12:29 a. m.

Tomás González: “La fugacidad del tiempo hace que el universo tenga belleza”

En “El fin del océano Pacífico” (Seix Barral), el escritor colombiano narra dos elementos que han hecho parte de su narrativa y que han marcado el pasado y presente en su vida: el mar y la finitud de la condición humana.
Andrés Osorio Guillott

Andrés Osorio Guillott

Periodista Deportes
El escritor Tomás González, quien acaba de lanzar su más reciente libro, "El fin del Océano Pacífico".
El escritor Tomás González, quien acaba de lanzar su más reciente libro, "El fin del Océano Pacífico".
Foto: Óscar Pérez

“En 1956, cuando tenía seis años, mi papá compró una casita frente al mar. A partir de ese año y hasta que tuve más o menos 15, cada año pasábamos entre dos y tres meses en esa casita en las afueras del Tolú de antes, a pocos metros del agua. Teníamos canoa. Es de no poder imaginar, por lo mucho que ha cambiado, la hermosura que era Tolú en aquellos días. Y aquí me fallan y faltan las palabras y me veo obligado a usar las de siempre: paraíso, esplendor. Todo aquello se me quedó en el corazón, por supuesto, tanto que vuelvo al mar cada vez que puedo y su presencia se hace sentir casi siempre en lo que escribo”, dijo Tomás González, develando un rincón de su memoria que se ha desmoronado en su literatura, que nos lleva a Primero estaba el mar, una de sus novelas, o que se describe ahora en El fin del océano Pacífico describiendo el apocalipsis al que lo inducimos, pero también hablando de esa eterna escala de grises que se posa en la región que se menciona en el título del libro: “…El mar se había llevado la basura, y las playas estaban en el pleno esplendor de su gris luminoso. Me gustaba cada vez más esta región. No me importaría morir aquí”.

“Es raro y desesperante que los seres humanos vivamos un manojo de años, vislumbremos la infinitud de este asunto, conozcamos dos o tres cosas, la ley de la gravedad, la existencia de los neutrinos, y pum, se nos apague el mundo”, dice Ignacio, el personaje principal de una novela que explora en esos instantes en los que el mundo nos define también lo que somos, que nos define el presente, pero más que eso, que ahonda en las proximidades del fin y nos obliga a cuestionarnos sobre la finitud que reafirma la naturaleza humana.

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