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Tragedias en el fútbol (II) (Fútbol paradójico)

¿Qué nos queda de la tragedia griega? Nada, ese concepto está vacío del contenido primigenio y nos ha quedado la palabra y los seres humanos la hemos llenado de lágrimas, dolor y muerte. En nuestros anfiteatros (estadios) ya no hay máscaras ni fiestas de fertilidad: nos quedaron el hambre y el miedo, es decir, la tragedia de la cotidianidad.

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Juan Carlos Rodas Montoya
26 de mayo de 2023 - 01:39 a. m.
Los enfrentamientos entre la barra de Nacional y la policía.
Los enfrentamientos entre la barra de Nacional y la policía.
Foto: Twitter
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Aquí era donde quería llegar para compartir esta hipótesis: los seres humanos necesitamos de la risa para atenuar el dolor de la existencia, es decir, la vida de todos los días es, por naturaleza, trágica y de esa tragedia es de lo que nos tenemos que reír. Las tragedias clásicas se caracterizan, según Aristóteles, por permitir una catarsis en el espectador. Necesitamos hacer catarsis para soportar una dura existencia y por eso hacemos nuestros mejores chistes allí donde hay más dolor. Es urgente que emerja la risa porque nos calma, nos ayuda a soportarnos. (Por esta misma razón vamos al estadio).

La telenovela más vista en todo el mundo es Betty la fea. Ella encarna esa condición que acompleja a medio mundo porque la fealdad es un valor de nulo reconocimiento. La belleza es una virtud en el mercado del capitalismo. ¿La tragedia hoy? La pérdida de sentido. No hallamos sentido, pero tenemos historias de campos de concentración, videos snuff y dictaduras, estadios repletos de hinchas que agreden a los jugadores con argumentos insulsos. Nuestra tragicomedia es que no hay sentido porque hay desencanto entre nuestros jóvenes estudiantes y por eso necesitamos apostar por una pedagogía de la risa para que le hagamos catarsis a tanto dolor en la historia. No pierdan la risa porque ella nos ha salvado de múltiples adversidades. Y si la risa no es catártica, entonces nos queda el silencio y si tampoco encontramos sosiego, solo nos queda la escritura, escribir sí salva, aunque sea un eterno padecimiento. Nacional jugó su partido en un estadio ajeno, además tuvo que aplazar partidos y jugar a puerta cerrada por estas mismas condiciones en las que no se puede garantizar el espectáculo deportivo.

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Que haya calma, diálogo y que entre todos volvamos a la época en la que ir al estadio era celebrar la vida como si se tratara de un ritual colectivo, habitado sin odios y con pasos firmes hacia la alegría, aunque nuestro equipo perdiera. Lo acontecido en Argentina en el clásico también nos pone de frente a una realidad concreta que produce más silencios. Jugadores de uno y otro equipo brindaron una pelea de boxeo propia de las mejores jornadas de Alí, pero era boxeo y no fútbol.

Estas imágenes que le dieron la vuelta al mundo sirven para seguir expresando nuestra preocupación por lo que le está pasando al fútbol. Para concluir, una cita de Kafka: “Pero las sirenas tienen un arma más terrible aún que el canto: su silencio”.

La risa, ella sola, ha cavado más túneles útiles, que todas las lágrimas sobre la tierra.

Julio Cortázar.

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Por Juan Carlos Rodas Montoya

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