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Hace poco escribí dos columnas sobre lo que acontece con el fútbol colombiano, pero que se sale del estadio y se inyecta en la vida de los colombianos, incluso de aquellos a los que el fútbol los tiene sin cuidado: violación a niños y niñas, feminicidios, violencia intrafamiliar, secuestros, extorsiones y explotación sexual. Esta canción, repito, me recuerda a Evita Perón en 1946 porque en su discurso completo le hace un homenaje a una patria que acaba de ganar su tercer Mundial de fútbol, pero que vaticinaba un futuro incierto, precisamente, porque hoy vive en condiciones de violencia, tragedia y asombro. Argentina lleva a la cancha lo que le está pasando en las afueras, en sus márgenes, allí donde no llega la mano estatal para hacer más equitativa la existencia.
Hoy Argentina llora, tal vez como llora todo el continente americano por sus condiciones de inopia para un gran porcentaje de la población. El fútbol hace ver más candente este fuego que ebulle a altos grados de temperatura. River-Boca, Boca-River, el clásico de clásicos terminó en una bronca que todavía resuena en el mundo entero porque es un punto de partida, o de llegada, para que paralicemos el mundo, como decía Eduardo Galeano, y que se haga ya, definitivamente, un análisis de las causas por las que el fútbol ha desembocado en tantas tragedias humanas.
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No hay otro deporte que apasione tanto y, por ende, requiere de una revisión interna en cada una de las personas que tiene manos en este deporte universal. Hay que hacer un ejercicio catártico, barajar de nuevo, conjuntar los espíritus y hacer mejores y mayores compromisos antes de que el fútbol se salga de cauce y tengamos que lamentar hechos y sucesos que ya son y fueron suficientemente ilustrados. El fútbol, como espectáculo vital, necesita una revolución inmediata, antes de que los bufones de turno, como diría mi colega y amigo, Guillermo Echeverri Jiménez, sigan con sus andanzas en cada medio de comunicación que se encuentran para echarle más candela a esta olla que arde con los colores de América Latina.
Ojalá no tengamos que llorar más por ningún país porque las lágrimas de Eva Perón son las lágrimas de los despojados de tierras, casas y balones. No llores por mí, América Latina, porque el fútbol nos ha salvado de peores catástrofes.
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No llores por mí, Argentina, mi alma está contigo, mi vida entera te la dedico. No te alejes, te necesito. ¿Qué más podré decir para convencerte de mi verdad? Si aún queréis dudar, mirad mis ojos para ver cómo lloran de amor. No llores por mí, Argentina.
Letra: Tim Rice