30 Mar 2019 - 8:17 p. m.

Tras las huellas del “R”

Una casa en el barrio Quinta Camacho en Bogotá fue la encargada de acoger a una compañía de teatro que al igual que el inmueble, salvaguarda el patrimonio cultural de la ciudad.

Carolina Guatava R- teatroenbogota@gmail.com

Sala renovada del Teatro R101 / Cortesía
Sala renovada del Teatro R101 / Cortesía

Volver atrás en la historia de una compañía de teatro con más de veinte años de trayectoria y recorrer los espacios de una casa que recibió el presupuesto a través de la ley de espectáculo público del Ministerio de Cultura para su renovación, es contar una historia dentro de otra. El lugar donde ahora se encuentra el teatro R101 es una casa tradicional del barrio Quinta Camacho, que acogió un grupo de creadores que se instaló en el lugar con el propósito de hacerlo propio y convertirse en guardianes del bien cultural.

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“Son casas que deben adaptarse. Cuando las estructuras sociales dejan de ser vigentes, el espacio debe transformarse. Es cuestión de escuchar la casa, saber qué quiere y resaltar el valor de la huella arquitectónica. Esto hace que las personas vivan una experiencia diferente cuando vienen a teatro, ya el acto en sí es un ritual, así que dejar que la casa cuente su propia historia es hacer de ese momento algo más íntimo”, dijo  Harold Raymond, arquitecto encargado de la renovación y amigo de la casa del R desde hace varios años.

Los pisos en madera, las escaleras, la fachada y las gradas de la entrada fueron renovados por completo. La idea era liberar las áreas que habían sido ocupadas o adaptadas de forma inusual y sin ningún respeto por el estado original de la construcción. Con los cambios se le devolvieron casi 60 metros cuadrados a la casa. Junto con Héctor Calderón Bozzi, el trabajo de Raymond se basó en pensar cuáles eran las necesidades que debía suplir el lugar para recibir a un grupo de teatro contemporáneo. El hecho de que la casa, que fue declarada bien cultural, fuera utilizada por una compañía de teatro que trabaja por el fomento de la cultura, influyó para que el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural diera el aval para la intervención.    

La sala cuenta con un aforo de sesenta personas y su arquitecto contó que “se construyó por completo. A pesar de ser una sala pequeña, debía suplir todas las necesidades de un teatro cualquiera, así que se trabajó a escala con todos los requerimientos técnicos y de seguridad. Siempre hubo ese respeto por la casa y el lugar que ocupa dentro del barrio, empezando con la fachada que ahora se resalta con la recuperación del ante jardín, espacios tradicionales de la época. Cuando se avanza en el recorrido, se encuentran lugares más contemporáneos, que aunque austeros en materiales, cumplen los requerimientos”.

El dialogo entre Parra y Raymond refleja la construcción de un sueño, de una historia que se cuenta sola. Una aseveración que en boca de Hernando Parra, director artístico del R, resume el objetivo del nuevo espacio renovado: “la gente está”. El diseño fue pensado para que se lograra un intimismo que involucrara al espectador en el montaje que se planeó. “Las personas se involucran porque se conectan con el lugar. Se buscó que la relación de empatía sensorial y emocional fuera exaltada, no solo en el diseño de la sala, si no con el trabajo de escenografía de cada obra”.

La historia de un salón que acogió a un grupo de estudiantes, fue el comienzo del teatro y la compañía R101. El nombre: corto, conciso y de fácil recordación, ahora adaptado y reducido por los espectadores a “el R”. Luego de un peregrinaje, como lo describe Hernando, por más de diez espacios diferentes, abre nuevamente las puertas de su casa, de su teatro, con la obra Un hombre diferente, del dramaturgo Felipe Botero. Ya cuentan con una programación permanente para todo el año.

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Desde su fundación, el grupo ha hecho un trabajo constante por hacer sostenible un proyecto con principios estéticos, políticos y éticos; un ejercicio que busca dignificar el oficio y el trabajo de quienes lo realizan. Veinticuatro años de trayectoria que se devolvieron en el tiempo para renovar y adaptar los espacios de su nuevo hogar contemporáneo. Nueve años de renovación, un recorrido para entregarle y devolverle algo al público, contar historias desde las paredes que albergan los montajes que se presentan en la sala. Un paso a paso que se refleja en cada lugar de la casa y demuestra lo que han cultivado, pues su trabajo busca crear una institución que trascienda.

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