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Tres poemas: Colombia y la pandemia (Diarios de pandemia)

“Diarios de pandemia” es una iniciativa de la Universidad Nacional de Colombia, en alianza con El Espectador, un proyecto de acogida de toda suerte de relatos acerca de las experiencias del encierro en Colombia. Empezamos a publicar obras que dan cuenta de las diversas experiencias del confinamiento, con el fin de darle visibilidad a la vida privada y social que late en la pandemia.

Juan Pablo Rico
05 de abril de 2022 - 08:30 p. m.
"¡Ay, qué solos estuvieron!
Y qué solos estarán…
los que nunca se preguntan:
¡¿Por qué esta Soledad?!"
"¡Ay, qué solos estuvieron! Y qué solos estarán… los que nunca se preguntan: ¡¿Por qué esta Soledad?!"
Foto: El Espectador

DISOLUCIÓN (distanciamiento)

Escuché una lejana canción, el cadáver suyo, que cobró la vida al llegar la noche, encontrándome sólo, en nuestra última morada, jamás por estas almas abandonada, porque a pesar de los muros vivos y muertos cruzamos caminos en este mismo limbo

que al transitar

compartimos.

Pero tú estabas ahí en más de una forma, incluso estando sin estar, porque tuve que morir, por un instante también, para los demonios sufrir, y aprender a escucharlos, para sus lágrimas llorar y su impotencia su maldito lamento el grito mudo y condenado

de una tumba

en tus ojos vomitar.

Te presentí entre el rumor nocturno en la soledad del cuarto en la intimidad de la penumbra en la nebulosa luz que a mi costado se extendía

Y mientras más me veías, mientras más me leías, podía sentirte viéndome cómo te veía.

De qué manera me tratarían si en su cara les dijera “que apenas eras una cortina”.

Qué equivocado estaría aquel que llanamente me crea, incapaz de ser tentado a una paralela ciudad de sombras dejarse conducir, donde apenas unos instantes bastarían para atestiguar entre sus rituales y sus trajes, su juego caprichoso, los impunes ojos de la muerte

que detrás de una máscara

siguen a los nuestros.

¡Pero pará lo que hacés! ¡Maldición! quitémonos estas máscaras descubrámonos las caras de estos estúpidos atuendos despojémonos por una vez ¡por una maldita vez!

¡Y rebelaos! ante esta banal simulación ¡Rebelaos! ante este secuestro de la vida ¡Rebelaos! ante el alma famélica que nos han cultivado.

Aquel blanco ruido, aquella higiénica obsesión, aquel puro y técnico mandato, éticamente desalmado, vil pretexto del monopolio del olvido que nos dirige como personajes de su absurda tragedia:

Disolución

Y la muerte en este terruño cuánto ha de enseñarnos, cuánto debemos aprenderle, para que el lamento no sea en vano, y los buenos muertos de nuestro lado arrebatados sean en verdad recordados por ayudarnos a guiar, como los vientos al velero, los rumbos de nuestros días, y cual estrellas al navegante, indicarnos el lugar que en el oceánico laberinto de estas calles y estas casas, de estos valles y montañas, de estos campos y estos ríos, que llevan nuestras caras, habitamos.

AGLOMERACIONES

El tapabocas, en sus fibras un abismo.

El cuarto oscuro, deshojado continuismo.

¡El alma en vano cotizando amargura!

¡No habrá promesa que responda a esta locura!

Lejos, en tu cara se te nota la cordura desechada, la conciencia trasnochada,

el temblor entre tus huesos, la insensatez de tu mirada, la falsedad de tu sonrisa, niñez triste y desolada:

que aquí mismito… marcada la tendré…

Y soñando seguiremos eludiendo las raíces, aplicando ecuaciones de las cosas que nos viven.

Y soñando seguiremos conversando en monitores, censurando las pasiones en rutinarios simbolismos.

Ojalá, por obra y gracia de esta masiva salvación, volver a verte pueda yo

y en tus párpados poder, por fin, besar todos los años que en un octubre me extraviaron.

Poder, al menos, decirte: Adiós… Amor mío… Amor ido

Mas, al contrario, unas cuantas fotos, destellos fugaces de esa antigua vida, y la ira que late decidida al contemplar el horizonte son lo único que en verdad permanece.

Y en el ultraje progresivo de los años seguiré, aún, buscando la forma de a la muerte poder disputarle el despojo absoluto de mis preciados amores.

¿Habrá lugar para esconderse de esta cruel normalidad? donde el silencio inocente de nuestros cuerpos pastoreados cómplice se vuelve de los voraces apetitos de tan altruistas genocidas que jamás habían existido.

Hasta los más dulces besos, las más tiernas miradas, las más bellas caricias, serán prestados;

mientras seguimos resignados esperando entre picos y valles, y nuestra redención en unos tubos de ensayo, la vida atesorada que por los siglos de los siglos nos han postergado.

SOLEDAD (Canto a Tasajeras)

“Pero la más hermosa de todas las dudas es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza y dejan de creer en la fuerza de sus opresores.” -Bertolt Brecht

Soledad que a plena luz del día se paseaba escondía por la arena’ e Puebloviejo…

Soledad, en tu silenciosa danza, sin poder verte a la cara, te sintieron en el aire, Soledad.

¡Ay, Soledad! ¡Emisaria de la muerte! Vas impune entre la gente, carroñera inclemente ¿Por qué no te marchas? Soledad…

¡Ay, qué solos estuvieron! Y qué solos estarán… los que nunca se preguntan: ¡¿Por qué esta Soledad?!

Y en carne viva ardió, en carne viva y hambrienta, el sueño de unos hermanos que la soledad robó…

Y gritaron esos hombres, con la piel despellejada, implorando el auxilio del humano espectador.

Pero no fue suficiente y al cabo de unos meses la ciénaga desolada en sus aguas continúa recibiendo el lamento, lágrimas de agua salada…

¡Ay, qué solos estuvieron! Y qué solos estarán… los que nunca se preguntan: ¡¿Por qué esta Soledad?!

Por Juan Pablo Rico

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