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Truman: una muerte sencilla pero dolorosa

Considerada como la película española del año, esta comedia dramática se aproxima a la muerte de una forma sencilla: la amistad. Hablamos con Cesc Gay, director de la cinta.

REDACCIÓN CULTURA

27 de diciembre de 2015 - 07:48 p. m.
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Truman, el perro, no se llamaba Truman. Su verdadero nombre era Troilo. Murió dos meses después de la grabación de la película que llevaba su cara en el póster, junto a la de Ricardo Darín. Una historia que cuenta cómo se prepara alguien para la muerte. Julián (Darín) recibe a su amigo Tomás (Javier Cámara), que llega de Canadá a visitarlo durante cuatro días. Ambos saben que será la última vez que se van a ver.

Sin grandes saltos en la historia, Cesc Gay usa como herramienta la amistad del protagonista y su perro: el apego, el amor, el miedo disfrazado de valentía, para narrar de manera continua el drama de llevar a cuestas una enfermedad terminal.

Darín y Cámara comparten todas las escenas con diálogos cortos, sin grandilocuencias pero conservando el estilo de cada uno: Darín individualista, inseguro, obseso; Cámara silencioso, abstraído, tranquilo.

La base de la historia es entregar al otro lo que se ama, aunque eso, casi siempre, cueste un dolor inimaginable. La idea de soltar y dejar ir: en un avión, en un carro o en un ataúd, vuelve a la película común y sencilla, tal vez a eso deba su éxito. Porque a pesar de que Hollywood inunde las salas de cine con héroes increíbles (en el verdadero sentido de la palabra), en su discurso propagandístico y en sus diálogos vacíos, las personas –cada vez más– prefieren las historias con las que se puedan identificar.

¿El personaje de Julián fue escrito pensando en Ricardo Darín o el actor se adaptó a la historia?

Ricardo se adaptó a la historia. Cuando escribo intento no pensar en ningún actor. Creo que es mejor y ayuda a que los personajes estén mejor construidos.

 

Hay muchas películas sobre la muerte. ¿Qué lo inspiró a que el tema no sólo girara en torno a los amigos y la familia, sino también a lo que pasa con las mascotas cuando alguien muere?

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Me pareció que el perro era un reflejo de la soledad del personaje de Ricardo y, a la vez, era interesante que en su situación lo que más le preocupara fuera lo que iba a hacer con él. Le aportaba un tono de comedia, que era lo que necesitábamos.

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¿Cómo fue trabajar con Ricardo Darín y Javier Cámara?

Inspirador, divertido, intenso, agotador...

Ambos actores parecen tener mucha química.

¿Qué tanto se aferraron al guión? ¿Hubo improvisaciones que salieron en la película?

Lo de improvisar en el cine está sobrevalorado. Es casi imposible, a no ser que todo se prepare para ello. Ensayamos y trabajamos mucho antes del rodaje. Fue en esas sesiones, comidas, paseos, etcétera donde Ricardo y Javier aportaron sus ideas y comentarios.

 

Hay escenas muy emotivas, como el abrazo entre padre e hijo: sin decirse nada, parecen decirlo todo. ¿Algunas partes son basadas en experiencias personales?

Algunas sí.

 

¿Cómo fue trabajar con un animal en el set?

Lento y pesado. Es verdad que con los animales y los niños hay que tener muuucha paciencia.

 

¿Cuáles son sus próximos proyectos? ¿Quisiera trabajar con un actor o actriz en específico?

Estoy preparando una serie de televisión. Un nuevo reto que veremos cómo termina porque apenas ando arrancando.

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Por REDACCIÓN CULTURA

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