Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Trump, Orwell y los soldaditos de plomo (Sobrepensadores)

En esta nueva entrega, Roberto Palacio realiza un examen filosófico de las fuentes del poder del mandatario estadounidense.

Roberto Palacio

11 de enero de 2026 - 05:30 p. m.
Sé que una porción de la sociedad americana lo apoya; su índice de aprobación desde hace meses ronda por el 34-39%, uno de cada tres americanos para hacer un estimado burdo. ¿Cómo es posible que esta enorme cantidad de personas aún apoyen a Trump?
Foto: EFE - WILL OLIVER / POOL
PUBLICIDAD

La ignorancia no es un estado de vacío. Es en cierta medida lo contrario: creer que se sabe sin haber examinado las propias creencias. Esta concepción de la ignorancia fue la que enseñó Sócrates. Su ejercicio filosófico en Atenas fue mostrar que los que más decían saber no tenían una idea clara de aquello en lo que se declaraban expertos: el general no sabía qué era la valentía en la batalla, el médico no sabía qué era la salud. El ignorante es un indigestado. Donald Trump es un ejemplo patente de ignorancia socrática.

Se ha declarado experto en —la lista es larga—: la Constitución, ganar, enfermedades infecciosas, contratar a los mejores, la Biblia, las vacunas, el Lysol, el Clorox, las luces ultravioleta, las llamadas telefónicas, las corazonadas, los milagros, tirar de la cadena del inodoro, la superioridad aérea del ejército de los EE. UU., un plan de atención médica más barato, las leyes, el cierre del gobierno, el clima, la trayectoria de vuelo de los huracanes, los muros fronterizos impenetrables, las guerras comerciales, la lucha contra el fuego, el béisbol, el baloncesto, el fútbol, los molinos de viento (que en su opinión matan ballenas), las amas de casa de los suburbios… y, por último, en el contexto de un plan para los parques de Washington, declaró: “Sé más de pasto que cualquier otro ser humano”.

No valdría la pena tomarse en serio a alguien cuya ignorancia ha tocado una cima patológica, solo que da la casualidad que es la persona a cargo del ejército más poderoso que haya conocido la humanidad. Tenemos entonces ignorancia y poder aunados: ¿es posible un cóctel más peligroso? Martín Caparrós se preguntaba en El País: ¿cómo diablos el mundo le dio a este lisiado mental la capacidad de destruirnos? ¿Cómo pueden tantas personas pensar que ser bruto es ser decente? En efecto, hoy el que sabe está contaminado; el ignorante es puro de corazón.

No sé si haya sido el mundo el que empoderó a Trump. Sé que una porción de la sociedad americana lo apoya; su índice de aprobación desde hace meses ronda por el 34-39%, uno de cada tres americanos para hacer un estimado burdo. ¿Cómo es posible que esta enorme cantidad de personas aún apoyen a Trump?

Read more!

En 1940, George Orwell escribió una reseña de la edición inglesa de Mein Kampf de Hitler que hizo la editorial Hurst & Blackett. No le dedicó más de cuatro páginas a la obra que describe como un texto torpemente escrito. Pero se hacía una pregunta que es en el fondo la misma que Caparrós: ¿cómo pudo Hitler, habiendo creado un horrendo imperio descerebrado, haber llevado a millones de sus conciudadanos a la muerte en la guerra a través del incesante engendramiento de nueva carne de cañón? La respuesta para Orwell era muy clara: a diferencia del movimiento “progresista” de su tiempo que pensaba que las personas solo querían comodidad, paz, sentido común y ausencia de dolor, Hitler comprendió que los seres humanos querían ante todo lucha, abnegación y los tambores de la guerra aunados a las banderas. Hitler les ofreció peligro y muerte. Y como resultado toda una nación se rindió a sus pies. Orwell veía en ello un rasgo profundamente enraizado en la naturaleza humana: un niño preferirá jugar con soldaditos de plomo antes que con pacifistas de plomo.

Read more!

¿Dónde cae Trump? Trump les ha ofrecido a sus adeptos el odio nacionalista, ciertamente excluyendo los ideales que Orwell llama propios del “progresismo”: el sentido común, los planes de salud, la seguridad. Sin embargo, no les ha ofrecido —exceptuando unos pocos— glamorosas vidas secretas de espías y aventura en el frente… o no directamente. Pero sí la guerra, contra personas en EE. UU. (ICE) y en el exterior, televisada, llevada a casa como un “reality”. Nos podemos sentir empoderados como la gente en tiempos de Orwell, solo que ellos debían encarar el sufrimiento y la muerte en cuerpo propio.

Hoy en política elegimos a quien quisiéramos que fuera el protagonista de nuestra biografía, y Trump se ha salido con la suya en aventuras que desafían el peligro, la seguridad y la prudencia, que muchos americanos que lo siguen quisieran haber protagonizado y de las cuales haberse liberado impunes, entre las que hay que contar —para 2023—: 91 cargos penales, 26 acusaciones de agresión sexual, 6 quiebras, 5 aplazamientos del servicio militar, 4 acusaciones formales, 2 juicios políticos, 1 empresa condenada, 1 cierre de una universidad falsa, 1 cierre de una organización benéfica falsa, acuerdo por fraude de $25 millones, veredicto por abuso sexual de $5 millones, sentencia por abuso de organizaciones benéficas de $2 millones.

¿Qué otro objetivo puede tener la política actual que vitorear desde la seguridad de mi “living room” a alguien que haga estas cosas? Se trata de un caso de proyección freudiana, un mecanismo de defensa inconsciente donde una persona atribuye a otro sus propios sentimientos, pensamientos o deseos que le resultan inaceptables o generan ansiedad, externalizándolos para no tener que reconocerlos como propios o actuar sobre ellos. Y todo bajo la apariencia de la ligereza de quien no tiene ideales románticos, sino que se suscribe al pragmatismo del dinero. Quien abogue por un ideal político —el que los niños no mueran de hambre, demos por caso— es un comunista; el que recuerde que la nación americana la hicieron inmigrantes simplemente no quiere ver quiénes son los verdaderos americanos. Asistimos a lo que Slavoj Žižek ha denominado la desublimación represiva de la política; no hay contención y la actividad pública consistirá en gritar lo que queremos a viva voz: ¡menos impuestos para los dueños de las corporaciones!; ¿qué diablos me impide matar animales protegidos si yo pagué?; Drill, Baby, drill!

Nietzsche, al final de Así habló Zaratustra, cuenta cómo cuando Zaratustra regresa a su cueva, encuentra a los últimos hombres —no al superhombre—, entre los que se destaca un papa jubilado, un mendigo voluntario, el viajero y su sombra, aquellos que lo quieren todo fácil, adorando a un burro. Ellos ríen a carcajadas, extasiados, y el burro rebuzna. A sus oídos emite sentencias inapelables: ¡I-A! Al preguntarles Zaratustra qué diablos hacen, le responden: “¡Tú nos aconsejaste ser ligeros y libres… por eso adoramos a un burro!”. Vaya profecía política sobre la nación americana. El papa jubilado, quien ha perdido toda fe, pero quiere creer, va un paso más allá al decir: “¡Es preferible adorar a Dios bajo esta forma que bajo ninguna!”.

Por Roberto Palacio

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.